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Full text of "La locura en la Argentina : locura y brujeria en la sociedad colonial, los antiguos "loqueros" de Buenos Aires, los alienados durante la revolucion, los alienados en la epoca de Rosas, los estudios psiquiatricos en la Argentina, los modernos asilos para alienados, censo aproximativo de alienados"

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Lñ LOCüRñ EN LR ñRQEHTINR 



Libros publicados por la Cooperaüva Eiorial "Bnenos Aires" 



'^■1 



Crítica 

M. A. Barrenechea. — Historia 
estética de la música. 

Alejandro CastiñEiras. — Máxi- 
mo Gorki (su vida y sus obras). 

Atilio Chiappoki. — La bellesa 
invisible, 

Armando Donoso. — La senda 
clara. 

CARLOS Ibargurem. — De nuestra 
tierra. 

Carlos Ibarguren. — La litera- 
tura y la Gran Guerra. 

Alvaro Melián Lafinur. — Lite- 
ratura contemporánea. !^ 

José León Pagano. — El santo, 
el filósofo y el artista. 

Cuestiones sociales 
y políticas 

Juan Alvarez. — Buenos Aires. 
(Su problema en la República 
Argentina). 

Marco M. Avellaneda. — Del ca- 
mino andado. (Economía Social 
argentina) . 

Augusto Bunce. — Polémicas. 

M. de Vedia y Mitre. — El go- 
bierno del Uruguay. 

Historia 

José Ingenieros. — La locura en 
la Argentina. 

Novelas y cuentos 

CARLOS Correa Luna. — Don Bal- 
tasar de Arandia (a» edición) . 

Manuel Gálvez. — La sombra 
del convento. 

Benito Lynch. — Raqueta. 

Luisa Israel de Pórtela. — Vi- 
das tristes (a* edición) . 

Horacio Quiroga. — Cuentos de 
amor, de locura y de muerte 
(2» edición). 

Horacio Quiroga. — Cuentos de 
¡a selva (para los niños). 

Horacio Quiroga. — El Salvaje. 

Vicente A. Salavsrxi. — El co- 
rogón de María. 



Poesía 

Mario Bravo. — Canciones y Poe- 
mas^ 

Delfina Bunce de GAlvez. — La 
nouvelle moisson. 

Arturo Capdevila. — Melpóme- 
ne (2» edición) . 

Arturo Capdevila, — El libro de 
la noche. 

Fernández MorEno. — Ciudad 
(agotado) . 

Juana de Ibarbourou. — Las len- 
guas de diamante (agotado).. 

Ricardo Jaimes Freyrb. — Los 
sueños son vida. 

Pedro Miguel Obligado. — Gris 
(agotado) . 

Alfonsina Storni. — El dulce 
daño. (2' edición). 

Alfonsina Storni. — Irremedia 
blemente (agotado). 

Pablo Suero. — Los cilicios. 



Teatro 



La sulami 



Arturo Capdevila. 

ta (agotado). 
Arturo Capdevila. — El amor d,- 
Schahrasada. 

Temas varios 

Martín Gil. — Modos de ver 

(3» edición). 
Alberto Nin Frías. — Un huerto 

de manzanas. 

Traducciones 

Carlos Muzio Sáenz-Peña. — 
La cosecha de la fruta, de Ra 
bindranath Tagore (2» edición). 

Viajes 

Ernesto Mario Barreda. — Las 
rosas del mantón. (España).. 

Vida de nuestras ciudades 

Juan CArlos DAvalos. — Salta. 
Roberto Gachb. — Glosario de I» 
farsa urbana (agotado). 



JOSÉ •INGENIEROS 



; i 



LA LOCURA 

EN LA ARGENTINA n 



LOCURA Y brujería EN LA SOCIEDAD COLONIAL 

LOS ANTIGUOS "LOQUEROS" DE BUENOS AIRES 

LOS ALIENADOS DURANTE LA REVOLUCIÓN 

LOS ALIENADOS EN LA ÉPOCA DE ROSAS 

LOS ESTUDIOS PSIQUIÁTRICOS EN LA ARGENTINA 

LOS MODERNOS ASILOS PARA ALIENADOS 

CENSO APROXIMATIVO DE ALIENADOS 



1920 
"BUENOS AIRES" 1 AGENCIA GENERAL DE 

^ .. . . , , . LIBRERÍA Y PUBLICACIONES 
CoopvsbTa Sditenal Limitada j Riyadavim u;. 



Í.IOI 




/ 



EDICIONES DE ALGUNAS OBRAS DEL AUTOR 



ion en la lucha por la vida (i2» edición revi- 
sada por el autor), i vol. de 230 páginas. 

Simulación de la locura (8* edición, revisada por el au- 
tor). I vol. de 400 páginas. 

La psicopaiología en el arte (2* edición, muy aumentada). 
I vol. de 300 páginas. 

Histeria y Sugestión (5» edición, revisada por el autor). 
I vol. de 300 páginas. 

Sociología Argentina (7* edición, corregida y muy aumen- 
tada). I vol. de 470 páginas. 

Crónicas de Viaje (1905-1906). (6* edición, revisada por 
el autor). 1 vol. de 300 páginas. 

Principios de Psicología (6* edición, corregida), i volu- 
men de 400 páginas. 

Criminología (7' edición, corregida). 1 vol. de 400 pá- 
ginas. 

Las doctrinas de Ameghino : La Tierra, la Vida y el 
Hombre, i vol. de 222 páginas. 

El Hombre Mediocre (s* edición: 30° a 40° millar). 

Hacia una moral sin dogmas, (2* edición: 6' a 11" millar), 
I vol. de 210 páginas. 

La Evolución de las Ideas Argentinas. 

— Vol. I. — La Revolución, i vol. de 560 páginas, 
agotado. 

Proposiciones, relativas al porvenir de la filosofía, (2* 
edición revisada por el autor : 5° a 9° millar) . — 1 
volumen de 160 páginas. 



EN PRENSA 

La Evolución de las Ideas Argentinas. 
— Vol. II. — La Restauración. 



0CT23 18BB f 




ADVERTENCIA 



Apoco de iniciar estudios de medicina dos libros 
decidieron mi vocación por la patología mental: 
el Elogio de la Locura, de Erasmo, y el Quijote, 
de Cervantes. Algunas obras de Charcot, de 
Maudsley y de Lombroso, me entreabrieron sus se- 
cretos; pero fué decisiva para mi educación psiquiá- 
trica la magnífica Semiología de las Enfermedades 
Mentales del ilustre maestro Enrique Morselli, a 
quien rindo gustoso el homenaje de esta declara- 
ción. Antes de terminar mi carrera me honraron 
con su amistad los profesores José M. Ramos Me- 
jía y Francisco de Veyga, que después fueron para 
mi un padre y un hermano, respectivamente. 

Han pasado veinte años. Desde entonces he re- 
unido cuantos datos y publicaciones llegaron a mis 
manos acerca de locos, alienistas y asilos de la 
Argentina; constituyen una verdadera historia de 
la psiquiatría en el país. Pensando que con mi 
muerte se perderían, sin la seguridad de que otro 
pueda reunirías por segunda ves, me he decidido 



6 JOSÉ INGÍNIEK08 

O ordenarlos en esta monografía, capitulo para la 
historia de la Ciencia Nacional. 

De lo que podrá interesar a algún alienista del 
porvenir, poco falta; con seguridad, nada esencial. 
Sólo he omitido lo que se refiere a mi persona 
y a mis obras, laguna voluntaria que no advertirán 
mis contemporáneos. 

J. L 

Buenos Aires, Diciembre de 1919. 



LOCURA Y brujería EN LA SOCIEDAD 
COLONIAL 

I. La superstición medioeval y la locura. — II. Locos y 
brujos en las razas indígenas. — III. Locos y brujos 
en la raza negra. — IV. Primitiva asistencia de los 
alienados. — V. Locura y responsabilidad penal. » 

I.— LA SUPERSTICIÓN MEDIOEVAL Y LA LOCURA 

LOS que hemos estudiado patología mental en' los 
comienzos del siglo XX, auxiliados por la his- 
tología para comprender los procesos fisiopatológi- 
cos y por la bioquímica para analizar los elementos 
causales, difícilmente comprendemos el concepto 
que hasta hace un siglo se tenía de la locura y 
los procedimientos terapéuticos que se usaban con 
la intención de curarla. Las intoxicaciones inter- 
nas y externas, las aplasias y degeneraciones de 
tejidos cerebrales, les lesiones anatomopatológicas, 
las astenias y disociaciones funcionales, en nada se 
parecen a los castigos divinos, posesiones diabóli- 
cas, hechizos, encantamientos, brujerías y otros ma- 
leficios que se tenían por causas suficientes de la 
alienación mental. Ni hay parentesco alguno entre 



8 JOSé INGSNIBROS 

la clinoterapia, la desintoxicación, el trabajo o la 
psicoterapia, usadas actualmente, y las cárceles, 
desencantamientos, palizas o sangrías, que eran pre- 
feridas en épocas no muy lejanas, y que son toda- 
vía practicadas por los pueblos e individuos de cul- 
tura inferior. 

La evolución de la psiquiatría ha pasado, en 
general, por las mismas etapas que la historia de la 
medicina. Primitivamente, el hombre relacionaba 
las enfermedades con influencias sobrenaturales, no 
vacilando en atribuirlas a la maldad de seres invisi- 
bles o a castijjos de dioses vengativos; estas expli- 
caciones ilegítimas, lo mismo que las demás creen- 
cia-i supersticiosas, persistieron en las clases igno- 
rantes mucho después de iniciarse una medicina me- 
nos absurda, pues el concepto que el vulgo tenía de 
la enfermedad no podía emanciparse de los erro- 
res que aceptaba respecto de la vida misma. 

En vano los hombres de más vasta experiencia 
intentan acercarse a explicaciones naturales; las 
viejas quimeras de lo misterioso y lo sobrenatural 
persisten en las múltiples formas de la intuición 
vulgar. Cuando los hombres menos ignorantes se 
desprenden de la inicial mentalidad mística, obser- 
van, expenmentan. oponen la crítica al dogma, el 
juicio propio a 1n rutina ; hs ciencias se van for- 
mando como resultados rectificables y perfectibles; 
pero este cambio radical de la mentalidad sólo se 
observa como variación de una minoría ilustrada, 
persistiendo en las masas como herencia las creen- 
cias ancestrales, alimentadas por hábiles sofistas 



tA WCtJRA ex LA ARGENTINA » 

que viven de mantenerlas en la ignorancia y la 
superstición. 

En la ciencia antigua el concepto de la locura al- 
canzó a salir del período místico y teúrgico, desde 
Hipócrates, Dioclides y Asclepiades hasta Celso, 
Galeno, Areteo de Capadocia y Celio Aureliano; 
durante el desenvolvimiento de la medicina natu- 
ralista se había alcanzado la noción clarísima de 
que las enfermedades mentales tenían por causa al- 
teraciones del organismo y podían curarse obran- 
do sobre el cuerpo. Las escuelas médicas del mun- 
do greco-latino habían renunciado a la psiquiatría 
mitológica descrita en los cantos homéricos, repe- 
tida en los trágicos griegos e imitada por muchos 
poetas latinos. 



4c 



El renacimiento místico que acompañó a la ex- 
tensión del cristianismo detuvo por muchos siglos 
el progreso de la sabiduría griega, que era, a la 
vez, ciencia y filosofía. A medida que el primiti- 
vo cristianismo se organizó en iglesia dogmática, 
fué apagándose el espíritu de libre investigación, 
hasta que la teología se constituyó como único siste- 
ma de creencias permitido en el mundo católico, con 
variantes que no afectaran lo esencial de los dog- 
mas. 

Uno de éstos, indispensable para el sistema, fué 
el dogma de la existencia de un alma racional, in- 
material e inmortal, ajena al cuerpo que la hospe- 



10 JOSÉ INGENltSOS 

daba y encargada de presidir todas las funciones 
mentales, reunidas bajo el vago nombre de espíritu. 
P*ué lógico, pues, que las enfermedades mentales 
se interpretasen como afecciones del espíritu; la 
locura, como en la mitología homérica, volvió a ser 
la obra de entes sobrenaturales — dioses o demonios 
— que se introducían en el cuerpo del hombre pa- 
ra perturbar el alma racional. 

En la medicina entera se operó esa regresión del 
naturalismo al misticismo, aunque menos acentua- 
da que en la patología mental. Poco importaba, en 
efecto, para las creencias dogmáticas, la noción 
que se tuviera de la pulmonía o del linfatismo; 
eran, en cambio, peligrosas, y por consiguiente he- 
réticas, las opiniones que se refirieran a la natu- 
raleza de las funciones del espíritu. 

La medicina quedó comprendida en el monopolio 
de todos los conocimientos, realizado por la Igle- 
sia; los monjes fueron los únicos que pudieron es- 
tudiarla y con el tiempo se constituyeron Ordenes 
religiosas especializadas en el ejercicio del arte de 
curar. Fué ello singularmente nocivo para la asis- 
tencia de los alienados; desde que el alma racional 
era el soplo divino con que Dios había animado el 
barro en que plasmara al primer hombre, era le- 
gítimo que los monjes alienistas miraran las pérdi- 
das de la razón como castigos sobrenaturales y 
que las especulaciones teológicas primasen sobre 
el buen sentido naturalista. 

En la sociedad feudal los alienados pasaron por 
victimas del diablo, poseídos, hechizados, endemo- 



LA LOCURA EN LA ARGENTINA 



11 



niados o embrujados, con excepción de aquellos 
cuya locura se ajustaba al ambiente místico y a los 
dogmas imperantes, en cuyo caso corrían el en- 
vidiable albur de ser beatificados, canonizados o 
santificados. Los demás, reos de herejía, sufrie- 
ron penas cada vez más severas. 

Cuanto mayor era la superstición, más tentadora 
tornábase la herejía para los desequilibrados, his- 
téricos y locos; y cuando Lutero puso en peligro 
la política de la Iglesia Romana, lanzando el grito 
de la Reforma, recrudeció la intolerancia, aumenta- 
ron los herejes y endemoniados, y millares de lo- 
cos ardieron vivos en las hogueras (i) junto con 
los cristianos que preferían el Evangelio a la Igle- 



(i) "Sería interminable — dice el Dr. Giné — la enume- 
ración de los casos en que las llamas pusieron término a 
la vida de los enfermos de la mente acusados de brujería 
o hechizo; las monjas del convento de Kendorp, en Ale- 
mania, fueron poseídas del demonio; atribuyóse el hechizo 
a la cocinera, y ésta, con su madre, fueron quemadas vi- 
vas. Hubo un juez en la Pequeña Lorena que se gloriaba 
de haber hecho quemar, en diez y seis años, más de 800 
brujas; en Genova solamente, en diez y seis meses, fueron 
condenadas a ese suplicio más de 500 mujeres; en 1435 
Juana de Arco subió a la hoguera, y entonces gran nú- 
mero de visionarios creyeron oír la voz del Demonio, que 
mandaba devorar las criaturas no bautizadas, no extin- 
guiéndose el furor epidémico hasta que ha sido asolado 
un extenso territorio; en 1554 hubo en Roma 84 endemo- 
niados, y atribuido el maleficio a los judíos, para librarse 
de la pena capital tuvieron éstos que pagar una fuerte 
multa". 



12 JOSÉ INGENIEROS 

sia, la enseñanza moral de Cristo a la autoridad 
temporal del Papa. 

El renacimiento — estimulado en las bellas ar- 
tes y tolerado en las letras — fué una constante 
batalla en las ciencias y en las filosofías; la perse- 
cución dogmática, severa para las ciencias físico- 
naturales, fué despiadada para las disciplinas psi- 
cológicas, por ser éstas las más peligrosas para las 
supercherías reinantes. La patología mental no tuvo 
renacimiento hasta la Revolución Francesa; a tra- 
vés de Locke y Condillac se llegó a la psicología 
naturalista de los Ideólogos, de cuya escuela for- 
maron parte Pinel y Esquirol, revolucionadores 
de la patología mental. 

En este largo paréntesis que interrumpió el pro- 
greso de las ciencias médicas, la psiquiatría fué más 
dañada que las otras. Con relación al concepto y 
el tratamiento de la locura, el renacimiento místico 
de la Edad Media representó una regresión atá- 
vica a las brujerías de los pueblos primitivos, con 
sus creencias absurdas y sus mismas prácticas dis- 
paratadas. La Europa entera, obsesionada por el 
terror religioso, vivió en una atmósfera de hechi- 
cería y demonofobia, doblemente usufructuada en 
lo alto por los frailes y en lo bajo por los brujos, 
sin que la docta ignorancia de los primeros tuviera 
más valor psiquiátrico que la ingenua superstición 
de los segundos. 



U^ WCURA EN LA ARGENTINA 13 

* * 

En España, durante los siglos de la conquista 
y del coloniaje americano, reinaban oficialmente 
las ideas medioevales sobre la locura y su repre- 
sión; es justo recordar — el genio es siempre ex- 
cepcional — que Cervantes tuvo un concepto natu- 
ralista de la locura y que en repetidas ocasiones ex- 
plica la de Don Quijote por habérsele a éste en- 
fermado el celebro. Mas no era el admirable man- 
co el encargado de curar a los que perdían la ra- 
zón, sino los religiosos y los curanderos, aquéllos 
entre la gente de pro y éstos en las masas incultas, 
además de los barberos y herradores, incipientes 
clínicos que aplicaban sanguijuelas, sangraban o po- 
nían lavativas, y de los componedores de huesos, 
incipientes cirujanos. Algunos, más pretensiosos, 
se llamaban algebristas, sugiriendo que no eran le- 
gos en matemáticas, tal como los reputados físicos 
de las escuelas árabes. 

A medida que se establecieron estudios serios 
de medicina para laicos, quitando el monopolio a 
las Ordenes religiosas, muchos pobres inteligentes 
se dedicaron a esta profesión, ya que el arte de 
curar era mal mirado por los caballeros, como todo 
lo que significaba trabajar para vivir; el escrúpulo 
era más explicable en España, pues allí la medici- 
na había sido cultivada con empeño por árabes y 
judíos, sobresalientes en este arte. 

Cuando hubo físicos profesionales, autorizados 



14 JOSÉ INGENIEROS 

para curar después de estudios metódicos, no varió 
la situación de los alienados. Estos médicos no 
sabían ni querían entender de locura y de locos, 
pues como físicos no gustaban de entremeterse en 
afecciones del espíritu, fronterizas de la herejía 
y reservadas a la competencia de los frailes. 

Tales eran las ideas corrientes en España acer- 
ca de los alienados y del arte de curarlos, durante 
los tres siglos del coloniaje americano. Y no pue- 
de sorprender que en las colonias menos incultas 
— Méjico, Perú, Nueva Granada — la situación 
de los españoles alienados fuera la misma que en 
la metrópoli. 

* 
* * 

No basta conocer las costumbres y las creen- 
cias reinantes en España acerca de la locura para 
formar juicio de la situación en que estuvieron los 
alienados en las colonias americanas ; limitándonos, 
en particular, al territorio que constituye actual- 
mente la República Argentina, forzoso es conside- 
rar otros elementos étnicos cuya importancia es 
apenas concebible en nuestros días. 

En la formación de las sociedades coloniales 
pre-argentinas se mezclaron tres tipos raciales he- 
terogéneos, resultando de ello la paulatina orga- 
nización de dos sociedades distintas: la Tucumana 
y la Ríoplatense. En la primera formaban los indí- 
genas la casi totalidad de la población, hallándo- 
se los blancos europeos en proporción centesimal; 



LA tOCÜHA EN LA ARGENTINA 1$ 

en la segunda fué más escaso el elemento indígena 
y muy abundante la proporción de negros africa- 
nos, a punto de que a fines del siglo XVIII los 
blancos y criollos constituían un tercio de la po- 
blación avecindada en pueblos, contándose por dos 
tercios los negros y mulatos. En Córdoba, límite 
natural de am.bas sociedades, la mestización africa- 
na predominaba en la ciudad y la indígena en la 
campaña adyacente. 

II.— LOCOS Y BRUJOS EN LAS RAZAS INDÍGENAS , 

En el territorio que constituye hoy la República 
Argentina, vivían antes de la inmigración española 
tres grandes grupos de razas indígenas: el del Nor- 
deste (guaranítico), el del Noroeste (quichua) y 
del Sudoeste (araucano). Los estudios de folk-lore 
comparado, tienden a demostrar cierta analogía en 
sus ideas médicas, comunes a casi todos los pueblos 
primitivos; lo que más variaba en los indígenas 
americanos era la farmacopea, de acuerdo con la 
heterogeneidad de la flora y de la fauna. En cuan- 
to a la locura y su tratamiento, la analogía entre 
quichuas, guaraníticos y araucanos, fué muy acen- 
tuada; en los tres grupos era atribuida a causas 
sobrenaturales y curada mediante prácticas de he- 
chicería. 

Por ser más importante, además de existir co- 
piosa información, conviene detenerse en particu- 
lar sobre el grupo quichua, que formó casi total- 
mente, la sociedad colonial tucuraana. ¿Cuál era 



16 JOSÉ INGENIEROS 

el concepto de la locura y de su tratamiento entre 
los indígenas del Noroeste argentino? Los datos 
que poseemos se deben a cronistas coloniales del 
Perú, ampliados y corregidos por modernos alie- 
nistas limeños; el grupo indígena quichu-argentino, 
era, en efecto, una variedad de las razas peruanas. 
El vocabulario quichua posee numerosos términos 
que denominan las diversas formas de locura, dis- 
tinguiendo perfectamente la susceptible de la ex- 
pansiva, la melancólica de la furiosa, la espantadiza 
de la impulsiva, la embriaguez alcohólica, el des- 
mayo, el delirio, la disparatería. Con palabras es- 
peciales se designan al demente, al bobo, al estú- 
pido, al fatuo, al idiota, al insano, al loco, al luná- 
tico, al mentecato, al necio, al tonto, al torpe, al 
trastornado y al zonzo. En el Ollanta, drama pseu- 
do-incásico, el protagonista da muestras de deli- 
rio o locura, que un siervo suyo interpreta como he- 
chizamiento del demonio; análoga explicación de 
la locura ofrecen muchas supersticiones y leyendas, 
bastante parecidas a las de los pueblos guaraníti- 
cos, así como la letra de muchos yaravís y algunas 
piezas de cerámica (2) . 

En todos los pueblos del grupo quichua persis- 
ten hasta nuestros días las supersticiones relativas 
a las yaguas o enfermedades congénitas atribuidas 
a influjos de la madre sobre el feto, reveladas por 
semejanzas licantrópicas y curadas mediante sor- 
tilegios. El uso de la chicha producía entre los in- 



(2) Ver Hermiuo Valdizán: La alienación mental en- 
tre los primitivos peruanos, Lima, 1905. 



LA LOCURA EN LA ARGENTINA 17 

dios las diversas formas de locura alcohólica. No 
eran desconocidas la histeria y la epilepsia, relacio- 
nadas generalmente con las prácticas de adivina- 
ción y brujería. Las afecciones mentales solían cu- 
rarse bailatido al enfermo, ceremonia colectiva en 
que el paciente tomaba parte cuando su estado lo 
permitía; esta práctica era común en la Europa 
medioeval y la conocieron también los indígenas 
guaraníticos y araucanos, lo mismo que los negros 
importados de África. Muchas veces estas cere- 
monias producían epidemias coreográficas o salta- 
torias, en cuyo tratamiento intervenían los indios' 
brujos con variadísimas hechicerías de carácter ne- 
tamente religioso. Eran conocidos los delirios fe- 
briles, cuya asistencia compartían los brujos con los 
simples curanderos, siendo característico que estos 
últimos, casi siempre herbolarios, no usaran las 
artes sobrenaturales, reservadas a los primeros. La 
coca, la belladona y el chamico, muy usados, pro- 
ducían con frecuencia trastornos mentales de ori- 
gen tóxico. No eran desconocidas las consecuen- 
cias de la avariosis ni las psicopatías sexuales. 

Los hechiceros tenían un carácter marcadamente 
sacerdotal, correspondiente al concepto que de la 
leligión se forman los pueblos primitivos. En todo 
grupo de indios existía algún brujo, mezcla de adi- 
vino y santón, una de cuyas funciones principales 
consistía en curar los padecimientos psíquicos, cau- 
sados por sortilegios o por fuerzas sobrenaturales. 
Entre los pueblos de origen quichua formaban una 
casta o gremio especial: las facultades se transmi- 



18 JOSÉ INGENIEROS 

tían de padres a hijos, pero solían admitirse al mis- 
terioso ministerio ciertos indios nacidos en circuns- 
tancias extraordinarias. Entre éstos eran preferi- 
dos los hijos del trueno, ya fuese que sus madres 
hubieren sido fecundadas por el trueno mismo o 
que el alumbramiento se efectuara en momentos 
de fuerte tronar. Para entrar en éxtasis durante 
las ceremonias usaban la belladona y el chamico 
(u otra Datura), junto con otras yerbas que hacían 
soñar agradablemente o delirar (3). En estas cos- 
tumbres se encuentra la explicación psicológica de 
ciertas leyendas que hasta nuestros días persisten 
en las poblaciones indígenas del Noroeste argen- 
tino. 

Muchos mentecatos eran conducidos a la corte 
de los Incas, donde servían de bufones. Los locos 
furiosos eran fuertemente amarrados y se les so- 
metía a copiosas sudaciones, para expulsar los ma- 



(3) "La circunstancia de las pretendidas migraciones 
aéreas de los brujos peruanos, el hecho de asegurarse 
que ellos tomaban la forma que les venía en gana y reali- 
zaban viajes a distancias inverosímiles, hace sospechar que 
los brujos peruanos emplearon la belladona en la confec- 
ción de las unturas misteriosas de que se hallaban reple- 
tas las "ollas" que poseían. Si las migraciones de los bru- 
jos peruanos fueron efectivamente leyenda entre los anti- 
guos habitantes del Perú, si dichas migraciones no entra- 
ron a formar parte de la leyenda popular a la llegada de 
los españoles al Perú, es de creerse que los brujos perua- 
nos emplearon, como los brujos de todos los países, esa 
misma atropa belladona que emplearon los sirios para di- 
sipar sus penas y para evitar la impresión dolorosa de los 
sueños tristes". ValdizAn, obra citada. 



I^ LOCURA EN LA ARGENTINA 19 

los humores, al mismo tiempo que con bailes, exor- 
cismos y conjuros se expulsaban los malos espí- 
ritus. Para algunos delirios febriles se usaban ba- 
ños, entendiéndose que el agua ayudaba a las ora- 
ciones. Había talismanes de piedra y de metal, 
pájaros con virtudes sobrenaturales y plantas pre- 
feridas para los altares de los hechiceros; ese arse- 
nal servía a los brujos para el tratamiento de los 
que se creían víctimas de daños o maleficios. Los 
retardados mentales eran abandonados, si no ser- 
vían para el servicio doméstico; en ciertas re- 
giones abundaban (4) . t 

Merece CvSpecial mención la frecuencia y la ana- 
logía de los delirios licantrópicos en los pueblos 
indígenas que habitaron esta parte de América (Utu- 
runcos, Capiangos, Yaguareté-abá, formas todas 
del indio-tigre) ; están reflejados abundantemen- 
te en las leyendas quichuas, guaraníticas y arauca- 
nas (5). 

El contacto con los españoles no suprimió la bru- 
jería entre los indígenas. En vano lucharon contra 
ella los obispos y gobernadores, muchas veces con 



(4) En la actualidad no son raros entre la población 
sin mestizar del extremo Norte argentino. 

(5) Las que aun persisten están corrompidas por la in- 
filtración de elementos cristianos y africanos; la mestiza- 
ción espiritual fué tan copiosa como la física. — Ver : Pedro 
Lautaro FerrER : Historia General de la Medicina en Chile, 
Talca, 1904; Adán Quiroga: Calchaquí, Lib. II; Mansi- 
LLa: Una excursión a los indios Ranqueles; Ambrosetti: 
Supersticiones y Leyendas; etc. 



20 JOSÉ INGENIEROS 

severidad sobrada (6) ; lo único que ocurrió fué la 
desfiguración de las supersticiones indígenas por 
la nomenclatura del santoral católico, llegando con 
frecuencia a contagiarse de ellas no pocos españo- 
les. 

Justo es advertir que en los últimos restos de las 
razas indígenas, progresivamente desplazadas por- 
la sociedad euro-argentina, persisten leyendas y 



(6) "La religiosidad del gobernador, que lo llevó a esti- 
mular por todos los medios el aumento de clérigos y de 
frailes y el progreso de las iglesias y de conventos, lo im- 
pulsó además contra la idolatría de los judíos y sus prác- 
ticas supersticiosas y bárbaras. Los últimos años del siglo 
XVI vieron en Tucumán el espantoso espectáculo de los 
autos de fe, desconocidos en esta parte de América. 

"No los precedieron los sombríos y tortuosos trámites 
de la inquisición ; ni hubo calesa verde, ni sambenito, ni 
coraza llameante. Ramírez de Velasco se limitó a hacer 
prender a los brujos y hechiceros que infectaban los pue- 
blos de indios y a quemarlos públicamente. En una carta 
que dirigió al rey en 1586, y que he visto original en el 
Archivo de Indias, se dice con la mayor simplicidad que 
envió a un juez para que se informara sobre el asunto y 
le trajese a los culpables. Llegaron más de cuarenta, con- 
fesaron sus crímenes y sus malas artes y los hizo quemar 
vivos. "Ha sido justicia muy acertada, añade, porque es- 
carmentaron los que quedaban encubiertos." 

"Las víctimas del horrible castigo eran ancianos de 
más de sesenta años. Uno de ellos pasaba de ochenta. 

"Por lo demás no era la hoguera un suplicio raro para 
el tremendo gobernador. Lo aplicó también sistemática- 
mente a los españoles y a los indios convictos del delito 
nefando." — Ricardo Jaimes Freiré : Bl Tucumán del 
Siglo XVI, pág. 74 y sig. 



LA LOCURA EX LA ARGENTINA 



21 



supersticiones que fueron corrientes en las cam- 
pañas, durante la época colonial. 

Los calchaquíes atribuyen las más de las enfer- 
medades a movimientos del padrejón (en el hom- 
bre) y de la madre (en la mujer) ; uno y otra son 
órganos que creen llevar suspendidos en el interior 
del cuerpo, entre el pecho y el vientre. Todas las 
perturbaciones mentales las atribuyen a que el pa- 
drejón o la madre se han subido a la cabeza. 

Su natural desconfiado los aparta de tomar me- 
dicinas; prefieren llamar a sus brujas curanderas, 
que llaman médicas. La superstición más curiosa 
es la que se refiere a las causas y tratamientos de 
la locura. 

Cuando un indio se halla en estado de agitación, 
de confusión mental, o de coma, a causa de abu- 
sos alcohólicos, la médica diagnostica que al enfer- 
mo se le ha ido el Esperito (espíritu), suposición 
que suele generalizarse a todo síntoma psicopático. 

Creen en la existencia de un espíritu o alma, que 
en circunstancias especiales tiene la facultad de des- 
prenderse del cuerpo. Suponen que esa facultad 
está más desarrollada en los niños, lo que origina 
prácticas singularísimas. Muchas madres, para evi- 
tar que los niños pierdan el espíritu, los fumigan 
quemando las basuras que recogen en los cuatro 
ángulos de su habitación, rezando antes un Credo; 
otras, más previsoras, hacen recorrer todas las tar- 
des por otras chinas, los lugares por donde han pa- 
sado sus hijos, con el objeto de llamar a gritos 
los respectivos espíritus, por el nombre de sus 



22 JOSÉ INGENIEROS 

dueños, con lo que creen posible reconducir al redil 
algún espíritu andariego o rezagado. Las personas 
de cierta edad, cuando duermen sin soñar, suelen 
creer que se les ha alejado el espíritu. 

Cuando un enfermo presenta perturbaciones 
mentales, se encarga a una médica el cuidado de en- 
contrar el espíritu que se le ha extraviado. 

La ceremonia, muy interesante, ha de efectuar- 
se de noche o al oscurecer; empieza la médica 
por averiguar el lugar por donde el enfermo ha 
andado, que ha de ser, sin duda, un cerro, pues 
en éste debe hallarse lo que le ha asustado (la vi- 
sión de la Pacha Mama, por ejemplo) . 

En seguida, y antes de dirigirse al punto indica- 
do, pone una vela encendida debajo de un virque 
o tinajón de barro, en la puerta de la habitación del 
enfermo, y lleva, si este es hombre, su faja, y si 
es mujer un rebozo. Luego, y acompañada de dos 
hombres, contratados para el caso, que por sus mis- 
mas funciones tienen el nombre de gritadores y lle- 
van hachones encendidos o tizones ardiendo, marcha 
la médica hacia el lugar donde presume encontrar 
el espíritu calavera. 

A él llegada, liba en honor de la Pacha Mama 
y entierra chicha, comida, coca y Ilicta, pronuncian- 
do una oración indio-cristiana para pedir a la Pa- 
cha-Mama que libre el espíritu retenido por ella. 

Después, revoleando sus tizones en el aire, los 
gritadores llaman al espíritu, pronunciando a gran- 
des voces el nombre del enfermo, al mismo tiempo 
que, dándose vuelta todos, acompañan, sin mirar 



LA LOCURA EN LA ARGENTINA 23 

hacia atrás, a la médica que arrastra por el suelo 
la faja o el rebozo hasta llegar a la casa del enfer- 
mo en cuya habitación penetran. Retira la médica 
la vela del tinajón y con ella en la mano, después 
de haber colocado debajo de la cama del enfermo 
la prenda arrastrada, da vueltas alrededor de aquél, 
rezando un número conveniente de Credos. Coloca 
asimismo debajo de la almohada la vela apagada 
y se retiran los presentes de la habitación dejan- 
do solo al paciente hasta el día inmediato, para 
que pueda, sin ser molestado, retomar el espíritu 
a su cuerpo. ' 

En tal superstición los calchaquíes no identifican 
el espíritu con el alma, puesto que puede alejarse 
continuando vivo en el individuo; para su modo 
de pensar es una segunda alma, un doble (7) . 

Entre las leyendas que aún persisten en la re- 
gión guaranítica, merece mencionarse la del fabu- 
loso Curupí, ser fálico que suele producir la lo- 
cura en las mujeres que lo miran. 

"El Curupí es un personaje de cara overa, forta- 
cho y para algunos petizo. Anda por el monte, 
casi siempre a la hora de la siesta; según otros, 
camina en cuatro pies y se caracteriza por el exa- 
gerado desarrollo de su órgano viril, que le permi- 
te enlazar con él a las personas que quiere llevar 
consigo; cortándole el miembro, el Curupí se vuel- 
ve inofensivo y se salva la persona enlazada. Per- 
sigue generalmente a las mujeres que a esas horas 



(7) Ambeosetti: Ob. cit.j 153 y siguientes. 



24 JOSÉ INGEKIEROS 

van al monte a buscar leña, y que a su sola vista 
se vuelven locas" (8) . 

Una de las más difundidas supersticiones gau- 
chas se refiere al Basilisco, causante de maleficios, 
daños y pérdidas de la razón, atribuidas a ese ani- 
mal, que suponen nacido de huevos hueros, pues- 
tos por gallinas viejas. 

Le atribuyen la forma de una pequeña víbora, 
con un solo ojo en la frente, cuya mirada produce 
encantamiento de las personas; creen que al salir 
del huevo trata de penetrar en los ranchos, para 
ocultarse en las paredes o en el techo, ejerciendo 
desde allí su misteriosa fascinación. 

"Al basilisco se le inculpa la producción del da- 
ño; esta enfermedad, bastante común en las muje- 
res, no es sino una forma de histeria, a veces com- 
plicada con epilepsia". 

El procedimiento curativo del daño causado por 
el famoso basilisco, es el siguiente: 

"La enferma, ya diagnosticada la dolencia por 
alguna comadre o médica rural, manda comprobar, 
si, (cosa imposible en una mujer), no tiene un es- 
pejo, con el cual se coloca de espaldas a la nidada, 
presunta cuna del basilisco y se queda durante un 
par de horas diarias mirándola por el espejo. Tra- 
tamiento que se continúa por el espacio de los días 
necesarios para la curación. La razón de mirar la 
nidada, es la de romper la presión de la mirada del 
basilisco, que es posible aún esté allí. 



(8) Ambrosetti: Ob. cit., pág. 99. 



LA LOCURA EN- LA ARGENTINA 35 

"He dicho antes que' hasta se curan, y ello ocu- 
rre en muchos casos, porque las dos horas diarias 
de sesión proporcionan a la paciente, sin que lo 
aperciba, un tratamiento auto-hipnótico que, uni- 
do a la fe en el remedio, da una suma importante 
de factores de curación" (9) . 

* 

Testimonio de esa promiscuación indo-católica 
de supersticiones, nos ofrece un proceso por bru- 
jerí-í., sustanciado en la ciudad de Tucumán, en el 
siglo XVII. lleno de curiosas particularidades so- 
bre encantamientos y desencantamientos (10). En 
1688, la nueva Tucumán comenzaba a formarse; 
aunque habían transcurrido cuatro años de su tras- 
lado, la vieja población no había desaparecido. Ce- 
loso el Cabildo de realizar algunas obras de utili- 
dad común, compelió por auto a los vecinos del 
pueblo viejo, para que ayudaran a los del nuevo ; 
entre aquellos se contaba el encomendero capitán 
don Diego Bazán, quien no pudo continuar sus tra- 
bajos por padecer una extraña enfermedad, atri- 
buida a encantamiento, que, entre otros síntomas, se 
manifestaba por hinchazón del muslo izquierdo. 
Vióse precisado don Diego a regresar a su encomien- 



(9) AmbrosETTi: Ob. cit. 

(10) Julio López Mañán: Justicia criminal tucumana 
en el siglo xvii ; suplicio de una bruja, en Archivos de Psi- 
quiatría y Criminología. Año III, pág. 602 (1904). 



26 JOSÉ INGENIEROS 

da y allí quedó postrado casi dos años, observán- 
dose que los remedios sólo contribuían a agravar 
su enfermedad; pronto en la ciudad vieja comenzó 
a formarse opinión de que el capitán no padecía 
enfermedad natural, sino hechizamiento, señalándo- 
se como autora del encanto a Luisa González, in- 
dia, que tenía fama de bruja. 

Al fin, acordaron los españoles enviar emisarios 
al pueblo de Aconquija, morada de un indio Pablo, 
adivino famoso en toda la región, quien vino a con- 
firmar las sospechas. Con esta autorizada prueba 
la población entró en gran alboroto. La india bru- 
ja fué presa y amenazada; el Dr. Pedro Martínez 
de la Serna, Provisor y Vicario General del Obis- 
pado, personaje de campanillas para el lugar, fué 
suplicado para que deshiciera el hechizo, consintien- 
do de inmediato a efectuarlo, exorcizando al en- 
fermo . 

Por ignorarse la naturaleza del encanto no tu- 
vieron resultado alguno los exorcismos del supers- 
ticioso clérigo; y como se prolongase la enferme- 
dad, la madre de la víctima se decidió a querellar- 
se criminalmente contra la india bruja, a fin de 
que se descubriera y desatase el encanto que en tan 
mal punto tenía al capitán. Expresaba que la india 
"con poco temor de Dios y de su santa ley — como 
bárbara y maldita... ha hechizado a mi hijo... 
por ser famosa en el arte de enhechizar, que esta 
Voz es común y notoria en todos estos distritos" ; 
agregaba que el mal era "un prodigio tan grande, 
y todos concuerdan en que es cosa de naturaleza 



LA LOCURA EN LA ARGENTINA 



27 



maleficiosa", pidiendo el condigno castigo contra 
la bruja "que de esa manera declarará la fuerza del 
encanto y con que se pueda desatar, para que quede 
libre de tan peligroso trance como el de la muerte 
de un hijo". 

El juez eclesiástico practicó las urgentes dili- 
gencias del caso, disponiendo presentase testigos la 
querellante, pero al mismo tiempo decretó que el 
indio Pablo no saliese del lugar, bajo pena de cien 
azotes, entregándolo a la custodia del sargento ma- 
yor Francisco de la Rocha, a quien responsabilizó 
bajo pena de excomunión mayor y multa de cien 
pesos. 

El testigo Pedro de la Rocha declaró que, ha- 
biendo llegado al pueblo de Escaba, con el francis- 
cano Tomás de Lizondo, el día en que se festejaba 
a Santa Rosa, llamaron al citado Padre, del pueblo 
de Eldete, porque estaba muy enferma una india, 
cuyo nombre no recuerda; "y que iendo el padre, 
le contó la enferma, que Luisa González la avía 
enhechizado con un poco de vino que le avía dado 
en una tasa, y que dentro del vino avía un torrolito 
de hilo; y que queriéndolo sacar la india, le dixo 
Luisa González que no lo sacase, y volviéndolo la 
india empezó a desatinar, dando voces", etc. ; ade- 
más, estando el declarante con el franciscano, lle- 
gó el vecino Pedro de Canda, "y le mostró al pa- 
dre unas iervas, las que le dijo Pedro de Canda, le 
avía dado a vever a la India y que con ella avía 
echado un sapo" . . . 

El testimonio pareció probante. El juez aciesias- 



28 JOSÉ INGItXIKROS 

tico expidió de inmediato un auto al sargento ma- 
yor Nicolás Marcial de Olea, para que prendiera 
a la bruja y la asegurase en la cárcel pública, bajo 
pena de excomunión mayor; el sargento mayor 
cumplió lo ordenado e hizo poner un par de gri- 
llos a la india, dejándola en casa del capitán Ur- 
quiola, por ser insegura la cárcel y correr gran ries- 
go de que fugase. 

El Provisor del Obispado hizo comparecer al 
adivino Pablo, cuyo dictamen auténtico se espera- 
ba con ansiedad. El brujo — que en este caso ser- 
via de "contrabrujo" — hizo algunas declaraciones 
interesantes. "Respondió que es adivino, y que sue- 
le saver de las cosas ocultas, y que las cosas que 
se pierden o hurtan las suele saver hallar con su 
saver, y que suele conocer cuando alguna persona 
está enhechizada". Preguntado sobre el origen de 
su arte: "Respondió, que ninguna persona le a en- 
señado y que desde muy niño ha tenido esta sien- 
sia, y que entiende que nació desde el vientre de 
su madre con esta gracia, y que oió decir a los 
suios, que antes de nacer habló en el vientre de su 
madre ; y por esto le desían que era adivino, y que 
en su pueblo y nación (siendo muchacho este decla- 
rante), le preguntaban sus casiques por los hechi- 
ceros que avía, y este claramente los conocía y de- 
claraba, y que los casiques ajusticiaban a los he- 
chiceros, y que esto es público entre los suios". 
Preguntando en qué indicios o señas conocía a los 
hechiceros o hechizados, contestó "que en el tacto 
de las manos, y que reconoce el intento de ellos, 



LA LOCURA EX LA ARGENTINA 29 

y no supo contestar formalmente los indicios o se- 
ñas en que conoce lo sobre dicho". Agregó que aun 
sin verles las manos, conocía desde lejos a los he- 
chiceros ausentes ; que en su pueblo todos conocían 
sus aptitudes "y que saben que no ubo otro en su 
nación que reciviese esta siensia"; que teme a los 
hechiceros, pues en una ocasión fué hechizado, 
curándose a sí mismo; que cura con raíces y otras 
cosas, que con instinto reconoce que son provecho- 
sas para los hechizos. Y, para terminar, afirmó 
saber que Luisa González había muerto a varios 
con sus hechizos y que era la autora del hechiza- 
miento de don Diego Bazán, agregando que le bas- 
taría ir a casa de la india para conocer y descubrir 
el hechizo y encanto de que era víctima el capitán. 
El mismo Provisor, atento a las últimas declara- 
ciones, se dispuso a participar en el descubrimiento. 
Salió una comitiva para Aconquija y "llegados a un 
arrollo, el adivino mandó al primero que se adelan- 
tase y echase toda la gente que avía en el rancho 
de la hechicera Luisa González ; que llegando los 
demás el adivino entró en el rancho y comenzó a 
buscar el encanto, dando golpes con una caña a la 
tierra, y "que dentro del espacio de un credo, poco 
más o menos, sonó güeco", debajo de la cama de 
la india, y entonces dijo el adivino : "aquí está ; bus- 
quen un trapo con que cogerlo", y que "en pre- 
sencia y a vista de los declarantes, clavó la tierra 
y dentro de ella sacó un sapo, que estaba atado 
en el muzlo, y lo metió dentro de una guaica o bolsa, 
que hallaron en la puerta del rancho, la cual cogió 



so JOSÉ INGENIEROS 

Antonio Godoy y la trajo a este sitio viejo, hasta 
que se descubrió y sacó el sapo en presencia de su 
merced el señor Provisor". Trasladada la causa al 
pueblo nuevo, el indio adivino Pablo, después de 
referir lo ocurrido, "en presencia de mucha gente, 
así españoles como indios, desató la talega y echó 
en tierra el sapo atado, y que aviéndole preguntado 
el señor Provisor que se aria con aquel sapo para 
desencantar a don Diego Bazán y que no peligrase, 
respondió que se desatase el sapo i se quemasen los 
hilos con que estaba atado, y que en la corriente 
del rio echasen el sapo, y que con eso mejoraría 
el doliente, y que el señor Provisor le mandó des- 
atar a este declarante el sapo, para lo cual pidió 
unas tijeras y con trabajo le cortó las liaduras y 
se ejecutó en la forma referida. Y desde enton- 
ces reconoció mejoría el doliente, y que esto se 
prueba con berlo, que está sano y bueno, sin otro 
medicamento, como es público i notorio". 

Ante semejantes sucesos, la causa quedó en esta- 
do de sustanciar y fallar. El alcalde mandó traer 
la bruja a la nueva ciudad, con las mayores pre- 
cauciones, sujeta con grillos y pesadas cadenas. Al 
cogérsele confesión, la acusada expresó que el adi- 
vino Pablo le había levantado falso testimonio. Le 
preguntaron "si alguna bes a hablado con el dia- 
blo", y respondió que no, pues "continuamente a 
serbido al Santo San Juan". Explicó la repentina 
curación de don Diego, porque "Dios le habrá da- 
do salud por los ruegos que a la birguen santísima 
a hecho en el tiempo que a estado presa"; y en 



LA LOCURA fiN LA ARGENTINA 



31 



cuanto al descubrimiento del sapo por el adivino, 
"dijo que el indio Pablo dio a entender que lo sa- 
caba de su casa, y que lo llevaría consigo en la gua- 
yaca, para hacer la apariencia de que se hallase 
culpada" . 

Tan justas y cristianas explicaciones no aplaca- 
ron el afán de castigo, aumentando en la querellan- 
te por la circunstancia de que don Diego, repenti- 
namente, se halló "sano, robusto y colorado", co- 
mo no se consiguiera en dos años de variadas me- 
dicinas. Se le acusó de ser "echicera y por arte 
diabólica matadora de gentes", recordando que 
cuando dio vino a la india de Eldete, ésta "empezó 
a rabiar y a aserse pedazos las carnes a mordisco- 
nes", y que don Diego curó a raíz de haberse arro- 
jado en al corriente el sapo que le tenía encantado; 
luego se halló libre de los dolores y en particular 
del muslo donde estaba atado el sapo y en el mis- 
mo lado del doliente, causa suficiente porque debe 
ser castigada según derecho, condenándola a muer- 
te y fuego, como persona que tiene pacto con eí 
demonio". 

Su defensor de oficio, el capitán Salas, argüyó 
que "es constante no aver adivino, ni se deve creer 
tal cosa", y que en cuanto a la mejoría de don Die- 
go: "es constante que aprensión causa efecto, que 
al mal que le es debido el agua sirve de medicina ; 
pudo aver mexorado por aber echo aprensión de 
que estaba encantado y al ver aquella demostración 
que el indio tenido por adivino hizo con el sapo, 
quitándoles las liaduras". Con estas y otras razo- 



82 10SÉ INGENIEROS 

nes parecía el Alcalde dispuesto a absolver a la 
hechicera y ordenó que ella se ratificase en su con- 
fesión. Pero los padecimientos sufridos habían he- 
cho flaquear su fe en la verdad, sugiriéndole la idea 
de mentir de acuerdo con la superstición reinan- 
te; dijo, en efecto, que otro indio había efectuado 
los encantamientos y había colocado los hechizos, 
en su casa, por venganza . 

Antes este embrollo inesperado el alcalde se de- 
cidió a darle "los tormentos que el derecho dispo- 
ne", para saber la verdad. La hizo comparecer y 
"puesto el burro en que se le han de dar los tor- 
mentos", la conminó a que confesara el delito, "y 
que no permita ser descoyuntada en el potro". La 
mujer negó. Le dijo el Alcalde que "corriese por 
su cuenta cualquier quebradura de guesos o otro 
cualquier daño que le sobrevenga". Nueva nega- 
tiva. "E visto por mi el Alcalde su rebeldía la man- 
dé desnudar y tender en el potro, y aviendo tem- 
plado los cordeles la bolví a requerir que confesase 
la berdad, y dijo que no savia nada". Mandó "dar 
la primera vuelta al potro y repitió la intimación ; 
negativa. Mandó dar la segunda vuelta; y la ter- 
cera; la cuarta. Negativa. "Y en este estado, por 
aver reconocido estar los cordeles podridos y no 
azer efecto, mandé suspender las demás bueltas 
por dárselas el día y ora que combenga y que reser- 
vo en mí". Un recurso del defensor obtuvo esa 
suspensión del procedimiento, que se renovó algu- 
nos días después, esperando que confesase. Se dio 
al potro la quinta vuelta, sin resultado ; "mándele 



tA LOCURA EN LA ARGENTINA 33 

dar otra buelta y abiéndole preguntado lo antese- 
dente por su intérprete, dijo que todo lo que an 
acumulado es mentira y que si muere en los tor- 
mentos morirá inosente. Mándele dar otra vuelta 
y le pregunté cómo avía enhechizado a Diego Ba- 
zán y a la india María, y por qué causa; dijo que 
no era hechizera ni abía encantado a ndie, y que 
su casa la había dejado limpia. Y visto por mi el 
Alcalde su confesión, la mandé soltar del potro". 

Difícil es comprender quiénes eran más supersti- 
ciosos, si los indios o los españoles. 

Lo que pasaba en Tucumán con los quichuas, re- 
petíase en las Misiones con los guaranís y en las 
Pampas con los araucanos, habiendo persistido has- 
ta hace poco tiempo las mismas leyendas y supersti- 
ciones. 

III.— LOCOS Y BRUJOS EN LA RAZA NEGRA 

Si en el Tucumán predominó en la población 
el elemento indígena quichua, en Buenos Aires (ii) 

(i i) En 1770, sobre 22.000 habitantes, había aproxima- 
damente : 

Blancos españoles 1.500 

Blancos extranjeros 500 2.000 

Criollos mestizos 7 . 000 7 . 000 

Negros 5 .000 

Mulatos y cuarterones 8.000 13.000 

Total 22.000 

Se llega a ese promedio, comparando varios datos y cen- 
sos del siglo xviu. (Ver Ingenieros, Sociología Argentina, 
pá«. 463). 



§4 José INGg^fmRO§ 

y Córdoba (12) fué marcado el predominio del 
elemento africano, hasta que las guerras de la In- 
dependencia y civiles, lo agotaron, o poco menos 
(13). Al revés de las regiones mineras y agríco- 
las, en que los negros eran inhumanamente trata- 
dos por los explotadores españoles, los negros de 
Buenos Aires y demás núcleos urbanos del Río de 
la Plata, soportaban una benévola esclavitud, y con 
el tiempo los más pasaron de hecho a la vida libre. 
Eran ocupados en el servicio doméstico y partici- 
paban de la vida sencilla de las contadas familias 



(12) En 1770, el censo de Córdoba da las siguientes ci- 
fras. (Ver F. Garzón Maceda, La medicina en Córdoba, 
vol. II, pág. 200), sobre 7.261 habitantes que formaban la 
doctoral ciudad : 

Blancos españoles (y criollos) . 2.334 

Blancos religiosos 285 

Blancos colegiales 63 2.682 

Mestizos 522 522 

Negros esclavos 2.077 

Negros y mulatos libres 1.980 4-057 



Total 7.261 

(13) En los ejércitos de la Independencia y de las gue- 
rras civiles, la "tropa" era casi toda de color o mestiza ; los 
blancos formaban la oficialidad. Fué esta la causa prin- 
cipal de la enorme disminución de los negros varones en 
las primeras décadas del siglo xix, lo que favoreció la 
mestización de las negras con blancos, aumentando des- 
pués relativamente el número de mulatos y cuarterones 
cada vez más "ablancados". 



tA LOCURA EN tA ARGENTINA 85 

decentes, que en 1770 no llegarían a 300. Como los 
negros se reproducían más de lo necesario para las 
ocupaciones domésticas, sus amos los fueron ocu- 
pando en tareas afines, formándose clientelas fue- 
ra de la casa patronal, libres y con hogar propio. 
Quinteros, cocheros, mandaderos, albañiles, panade- 
ros, carniceros, peones, lavanderas, dulceras, amas 
de cría, eran negros libres de hecho, aunque hijos 
de esclavos y más o menos clientes de los amos de 
sus abuelos. 

Muchos funcionarios españoles, y de los que por 
más distinguidos se tenían, no desdeñaban poner 
pulperías y otros comercios bajos, haciéndolos aten- 
der por sus esclavos; causa fué ello de varios ban- 
dos del Cabildo (1642), encaminados a suprimir 
esta desleal competencia. Más común era dejar que 
los esclavos se conchabasen donde pudieran, sin 
otra obligación que la de entregar a su dueño una 
suma fija por semana; los más hábiles en algún ar- 
te u oficio, conseguían reunir el total de su propio 
precio y compraban la libertad. 

Aunque obligados a practicar la religión católi- 
ca en reemplazo de sus idolatrías africanas, nunca 
abandonaron totalmente sus ritos y supersticiones 
originarias. Cada convento tenía para su servicio 
interno una ranchería con 50 o icx) esclavos y una 
cofradía especial, de que formaban parte los ne- 
gros esclavos y libres de la ciudad. En las ranche- 
rías y cofradías, el culto católico estaba corrompi- 
do por remembranzas africanas; pero, hecho más 
significativo, los negros fueron agrupándose en 



36 JOSÉ INGENIEROS 

naciones, para celebrar clandestinamente ciertas 
prácticas y fiestas religiosas que la Iglesia perse- 
guía. 

Por la tolerancia creciente de sus amos, llegaron 
a "formar rancho aparte" en la ciudad, no sólo indi- 
vidual, sino colectivamente; los mulatos — despre- 
ciados por los blancos y los criollos — convivían 
con ellos, mientras su grado de "blanqueo" no les 
permitía disimular la originaria color, y es sabido 
que algunos criollos se plegaban a sus costumbres, 
se "anegraban", como solía decirse, generalmente 
atraídos por la picante voluptuosidad de las jóvenes 
mulatas. t: i 

Esta masa de la población tenía muy poca con- 
ñanza en la medicina de los frailes, siendo al fio 
oroverbial su desafección a los Padres Barbones 
como se llamaba a los Betlemitas; es notorio que 
estos sentimientos hostiles fueron oportunamente 
estimulados por los Franciscanos y por otras órde- 
nes religiosas, que trataban a los Betlemitas como 
aliados de los Jesuítas, y temían perder prestigio si 
los Barbones se tornaban médicos de sus "cofra- 
días". De tal manera, mientras cada español o crio- 
llo se hacía curar por el fraile de su convento pre- 
dilecto, los negros constituían la clientela de los 
hechiceros de cada "nación", que conservaban cier- 
to carácter sacerdotal, aunque sus creencias origi- 
narias estaban ya corrompidas por la adición de 
imágenes, dogmas y prácticas católicas. Estos he- 
chiceros, en rigor, eran verdaderos "brujos", pues 
reunían funciones de sacerdotes, curanderos, adivi- 



tA LOCX.TKA EX LA ARGENTINA 37 

nos, encantadores, y desencantadores. Aunque las 
autoridades civiles y religiosas estaban alerta, era 
imposible desterrar las reuniones de brujería, dado 
su crecidísimo número, el espíritu de cuerpo que 
los hacía defenderse de los blancos, las venganzas 
inexorables contra los delatores y alguna protección 
que siempre conseguían en la menuda politiquería 
municipal, más acentuada cuando se formaron ba- 
tallones de negros y mulatos, a principios del si- 
glo XIX. 

Barrios enteros estaban poblados de gente de co- 
lor, conservando sus denominaciones, sus ritos, sus 
costumbres y sus lenguas africanas (14). 

En cada grupo o "nación", habían uno o más 
brujos, médicos exclusivos de sus "connacionales". 
Es de observar que este ambiente de superstición 
africana nunca se tomó criminal contra los blan- 
cos, como ocurre hasta nuestros días en el Brasil y 
Cuba, donde llegan los brujos a exigir la sangre de 
los niños blancos para curar daños que suponen he- 
chos a los negros; debe ello atribuirse, como lo he- 
mos dicho, a que los negros ríoplatenses vivieron 
vinculados a los hogares de los blancos, no siendo 
utilizados en explotaciones industriales, agrícolas o 
mineras, como en otros puntos del continente. 



(14) A fines de la época de Rosas, la gente "decente" 
y los extranjeros vivían entre las actuales calles de Inde- 
pendencia, Tacuarí, Suipacha y Lavalle. Al sur de San Tel- 
mo, al oeste de la Concepción, Monserrat y La Piedad, y 
al norte de San Nicolás y las Catalinas, casi toda la pobla- 
ción suburbana era de negros y mulatos. 



88 JOSÉ INGENIEROS 

Es importante detenemos en esta categoría de la 
primitiva población. No sólo daba ella los "alie- 
nistas" para su raza, sino que sus mismas costum- 
bres y prácticas rituales contribuían a producir la 
locura y crisis histero-epileptiformes. Solían re- 
unirse, en efecto, a "bailar el santo", ceremonia 
místico-brujeril que precedía a las invocaciones, 
profecías o curaciones. Al son de tamboriles y otros 
instrumentos africanos se hacían ofrendas en es- 
pecies ante un altar afro-católico, en que se mez- 
claban estampas, santos, útiles de cocina, sartas 
de cuentas de vidrio, caracoles, comestibles, bebi- 
das, armas, patas de gallo, cuernos de animales, 
plumas, etc. ; el sacerdote o brujo hacía invocacio- 
nes en su lengua africana, que, a veces, eran repe- 
tidas o coreadas por la concurrencia, hasta que al- 
guna de las negras presentes se ponía a bailar, agi- 
tándose cada vez más, hasta caer presa de un 
ataque histero-epileptiforme, seguido de un sopor 
cataleptoideo, que, según la protagonista, duraba 
pocos minutos o varias horas. Ya el "santo" (nom- 
bre colectivo del altar o particular de alguna ima- 
gen), estaba "bailado"; entonces el brujo operaba 
con palabras y con las manos sobre el enfermo, si 
estaba allí, o le enviaba algún talismán o amuleto, 
por medio de sus parientes, si su enfermedad impe- 
día traerlo. 

Las mujeres que "bailaban el santo" solían enlo- 
quecerse, si ya no lo estaban a medias; eran, por lo 
general, las más ardorosas de temperamento y li- 
vianas de costumbres, siendo creencia general entre 



LA WCUiA EN LA AiGENTlKA 39 

los negros que "tenían 'gancho" para hacerse desear 
de los blancos, según podía inferirse del hecho que 
solían tener hijos blanqueados. En Méjico, Lima y 
íS'ueva Granada hubo muchos procesos de la Inqui- 
sición por brujería; en Brasil y Cuba todavía hav 
algunos, pues esas prácticas persistieron junto con 
la esclavitud hasta hace pocos años. En Buenos 
Aires alcanzaron los negros su mayor auge durante 
la tiranía de Rosas, quien los protegía para usarlos 
en el espionaje de los blancos; después han desapa- 
recido esas ceremonias, junto con los negros, sien- 
do tal vez uno de los últimos "bailes del santo" el 
que hemos presenciado en la adolescencia, por el 
año 1893 (15)- 

Aunque los negros brujos tenían una clientela 
distinta de los religiosos católicos, solía perseguír- 
seles, porque no faltaban damas adineradas que 

(15) Debimos este favor a una cocinera negra que sir- 
vió algunos años en nuestra casa, "ablancándose" mucho 
sus ideas por hallarse entre personas exentas de toda su- 
perstición religiosa. Poco antes de la revolución de 1893, 
nos ofreció llevarnos a ver algo que "no había visto nin- 
gún blanco". Fuimos a un edificio bajo que aun existe 
(Avenida Alvear esquina...), donde solían reunirse ne- 
gros a bailar, y nos encerró desde la tarde en una habita- 
ción contigua a la que sirvió por la noche para "bailar el 
santo". Desde alli oímos todo y vimos algo de la ceremo- 
nia que hemos descripto, la que tenía por objeto curar a 
un negro loco, "perseguido por los mandingas". Poste- 
riormente nos refirió que al enfermo lo habían llevado a la 
Convalescencia. pues "El Tata" no lo había curado, agre- 
gando despectivamente que los bailes del santo eran "cosas 
de negros", 



40 JOSÉ INGENIEROS 

creían en vsus artes, prefiriendo el brujo de color, al 
sacerdote de sus creencias. Habia así una sorda 
rivalidad, complicada al aparecer curanderos portu- 
gueses, antes del virreynato, y que sólo disminuyó 
cuando la medicina oficial del Estado sustituyó a 
los frailes, para seguir luchando inútilmente contra 
el curanderismo. 

La mestización espiritual afro-católica fué mu- 
cho más intensa que la hispano-indígena ; dioses y 
diablos, ángeles y vírgenes, se anegraron al vivir 
entre negros ; y demostraron buen tacto las auto- 
ridades eclesiásticas al inventar algunos santos ne- 
gros, estimulando así el celo de las cofradías. "En 
su traslación a América, junto con las demás per- 
sonalidades del culto católico. Satanás sufrió cam- 
bios notables y una evidente degeneración física y 
moral. El contacto del Diablo europeo con los feti- 
ches indios y negros, produjo los resultados de toda 
mezcla con razas inferiores : la descendencia raquí- 
tica, simiesca, con todos los defectos de la raza 
noble, acentuados por la sangre villana. Nadie re- 
conocería en Mandinga, Cozorizo o Moncarrón, al 
formidable enemigo de Dios, el clásico espíritu que 
niega" (i6). 

Contra todo este asunto de diablos, encantamien- 
tos, hechizos y brujerías, estaba siempre en activi- 
dad la autoridad eclesiástica, apoyada por la seglar. 



(i6) Juan A. García: Memorias de un sacristán, pa- 
labras liminares. 



ía locura en la argentina 



41 



De sus procedimientos dan expresiva idea numero- 
sas crónicas coloniales (17). 

No se han hecho en el país estudios especiales 
sobre la locura y la brujería entre los negros, por- 
que ellos ralearon mucho antes de que hubiera alie- 
nistas (18) ; quedan, sin embargo, datos valiosos 
sobre su importancia en la sociedad colonial ríopla- 
tense (19). 

rV.— PRIMITIVA ASISTENCIA DE LOS ALIENADOS 

En la historia de las grandes ciudades coloniales 
— Méjico, Lima — existe un verdadero anecdotario 
psiquiátrico. En las más viejas "crónicas" y en las 
más recientes "tradiciones" aparece con frecuencia 
algún loco de pro, conquistador, fraile, dama, virrey 
u obispo; todas las historias de la Inquisición en 
América contienen procesos por hechicería, pose- 



(17) Ver: AnasIasio Alfaeo: Arqueología Criminal 
Americana; etc. 

(18) En el Brasil se han hecho estudios de mérito, es- 
pecialmente por Nina Rodríguez, de Bahía. En Cuba, el li- 
bro de Fernando Ortiz : Los negros brujos, La Habana, 
1916, e Israel Castellanos : La brujería y el ñañiguismo 
desde el punto de vista médico legal, Habana, 1916. 

(19) Sobre la vida y costumbres de los negros, desde 
la época colonial hasta la de Rosas, ver: Rafael Trelles : 
Obras varias; José A. Wilde: Buenos Aires, desde seten- 
ta años atrás; V. F. López: Historia Argentina; Juan A. 
García : Obras varias; Manuel Bilbao : Buenos Aires; 
José M, Ramos Mejía: Rosas y su tiempo; etc. 



<t2 JOSÉ INGENIEROS 

sión diabólica, daños, encantamientos, maleficios, 
demonolatría, iniciados los más con el tormento y 
no pocos resueltos en la hoguera (20). 

Algo de ello se conoció en el Tucumán; nada en 
el Río de la Plata, sin que esto pueda atribuirse 
más que a la insignificancia de sus aldeas. 

La población "decente" de las ciudades colonia- 
les — pequeña minoría de españoles y criollos — es- 
taba distribuida en varias "clientelas" de monaste- 



(20) Comentando muchos casos curiosos referidos por 
Ricardo Palma, dice Ermuio Valdizán, en Locos de la 
Colonia, pág. 118: "se asiste al pintoresco desfile de los 
más variados personajes con los cuales hubo de hacer el 
temido Tribunal del Santo Oficio. Hay entre las víctimas 
de la Inquisición un buen número de charlatanes, que de- 
cían haber celebrado pacto con el demonio y que hacían 
pública exposición de los más extraños prodigios, solamen- 
te con objeto de explotar la credulidad de las muchedum- 
bres, cuya ignorancia las llevaba a no poner en tela de jui- 
cio nada que tuviera sabor de misterio o de sobrenatural. 
Sujetos que se habían especializado en sacar el demonio de 
los cuerpos de las mujeres, para dar mayor sello de ver- 
dad a sus pretendidas relaciones con el espíritu de las ti- 
nieblas, debían poner término a sus maniobras de charla- 
tanes con la prohibición de visita de lugares sagrados que 
aseguraba la participación demoníaca en la curación prac- 
ticada. Mujeres que tenían en la venta de sus caricias la 
única renta de su vida, sabían que aumentaba el número de 
los admiradores en sabiéndose que ellas habían recibido 
del Enemigo unas hierbas para ser de todos amadas y 
muy ciegamente. La ignorancia era fiel compañera de la 
curiosidad y entre ambas daban cómo vivir a los explota- 
dores de la pública candorosidad. A este mismo grupo per- 



LA LOCURA EN LA ARGENTINA 



43 



rios, que se las disputaban unos a otros, sin disimu- 
lo ; en algunas ciudades americanas hubo escándalos 
y revueltas, en que frailes de algunos conventos 
salieron a pelear cuchillo en mano contra los de 
otros, seguidos en la vía pública por sus cofradías 
respectivas. 

Cada Orden administraba con sus consejos los 
bienes morales y materiales de sus clientes; para 
que nada escapara a su contralor, casi todos tenían 



tenecen aquellos brujos que daban hierbas para el amor, 
de los cuales nos hemos ocupado en anterior capítulo. 

"Otros sujetos declararon en tormento sus relaciones con 
el demonio y no necesitamos mucho para demostrar el nin- 
gún valor de tales declaraciones. Fueron de naturaleza tal 
las torturas de la Inquisición que es de sorprender no ha- 
yan sido delatados bajo la acción de la tortura más tor- 
pes delitos que aquellos que fueron declarados. Muchos 
de los torturados esperaban los primeros intensos dolores 
para hacer sus declaraciones ; muchos por el contrario, no 
llegaban a esperar aquellas rudezas de dolor y declaraban 
cuanto los torturadores pretendían que ellos declarasen. Y 
fueron pocos los que, por serenidad de espíritu o por en- 
fermedad que les había disminuido su sensibilidad, nega- 
ron los delitos de que venían acusados. 

"Y era tanto el temor de las denuncias y tanto el de las 
torturas, que sujetos hubo que se anticiparon a la male- 
volencia de sus enemigos y se denunciaron a sí mismos: 
tomóles declaraciones el Tribunal y castigóles sin hacerles 
merced alguna. Y muchos de estos sujetos que se acusa- 
ban a sí mismos como grandísimos pecadores, o como hom- 
bres de natural malísimo, sólo fueron desventurados deli- 
rantes, verdaderos enfermos a quienes en nuestros tiem- 
pos se llevaría a un manicomio y no, como entonces se hi- 
zo, a un hoguera." 



44 JOSÉ INGÍNIC80S 

uno o más Padres curanderos, que eran los únicos 
admitidos a dar drogas a los enfermos, mientras 
otros se ocupaban de atender a las donaciones y 
testamentos. Todo estp.ba muy bien organizado, 
hasta que se presentaron las órdenes hospitalarias; 
cuando lograron establecer c. f''Ic pudieron curar 
a indigentes, lo que aumentó sus virtuosos mereci- 
mientos. 

En la primera época la asistencia de los alienados 
blancos se efectuaba en las celdas de los conven- 
tos ; los indios y negros que se enloquecían eran se- 
cuestrados en las cárceles de los Cabildos, si antes 
no los ejecutaba la Inquisición. Sólo en época pos- 
terior se formaron loqueros en los hospitales, sien- 
do muy raro que en ellos se recluyesen españo- 
les (21). La relativa escasez de población de los 
núcleos urbanos hacía innecesaria la fundación de 
Casas de Orates ; durante la época colonial no sabe- 
mos que hubiera ninguna en toda América. 



(21) Refiere el Padre Meléndez que en Lima "cayó 
malo Juan de Villa, y se entendió que le habían hecho mal, 
porque perdió totalmente el juicio y dio en furioso, tanto 
que no pudiendo tenerle en su casa doña Agustina de Cór- 
doba, que le había criado, le llevó a la loquería del Hospi- 
tal de San Andrés para que allí le curasen". La enferme- 
dad de Villa duró siete meses y cada día lejos de mejorar 
empeoraba "con que era necesario tenerle en un cepo y 
atadas las manos, porque hacía pedazos los vestidos". "Era 
tal la agitación del infeliz que sólo su esposa cuidaba de él, 
dábale de comer y limpiábale, para todo lo cual habíanle 
dado a ella las llaves de la celda en que su marido se ha- 
llaba encerrado." 



I^ MCXJRA EX LA ARGENTINA 45 

No existiendo hospicios, ¿qué destino tenían los 
alienados ? 

Si bien se observa, pueden dividirse en tres gru- 
pos : los furiosos, los deprimidos y los tranquilos. 
Esa era, prácticamente, la clasificación que hacían 
los frailes y los cabildantes, a los fines de la asis- 
tencia. 

Los varones furiosos, previa consulta al Padre, 
si eran blancos, y al Hechicero, si eran negros, eran 
conducidos a la cárcel, donde se les retenía por 
simple disposición municipal, "amansándolos" con 
ayunos, palos y duchas; se les tenía en calabozos 
abiertos, con rejas, en vez de puertas y ventanas ; 
se les ponía cepos; y si aun así no se lograba 
"amansarlos", eran atados con una cadena no más 
larga de una vara, fija en lo bajo de la pared y 
cuyo extremo se sujetaba en el cepo doble o en un 
solo pie. Este temperamento adoptábase con todos 
los furiosos de cualquier condición social, pues no 
había otro. En general, pasado el período de agita- 
ción, que duraría una semana o un mes, las familias 
los llevaban a su domicilio, para seguir la cura con 
el Padre o con el Brujo. Si la agitación se prolon- 
gaba, el loco seguía encadenado hasta "amansarse" 
o morir; algunos pasaron años encadenados en los 
calabozos. Tenemos noticia de que ciertas personas 
adineradas hacían construir calabozos — hemos visto 
uno en San Isidro, cien años después — para el loco 
furioso en los fondos de la casa o en alguna quinta 
de los alrededores de la ciudad, donde no incomo- 
daran ni fueran vistos. 



46 José iNGEÍÍIÉROg 

Las mujeres furiosas, si eran blancas, eran re- 
cluidas en los conventos de que eran clientes; si 
eran negras o mulatas, rara vez lograban tal favor, 
pasando al calabozo de la policia, donde recibían el 
mismo trato que los hombres. En ciertos conventos 
de monjas había calabozos para mujeres agitadas, 
análogos a los del Cabildo; los hubo, como vere- 
mos, hasta muy entrado el siglo XIX, y en ellos 
se encerraba también a alguna monja que se enlo- 
quecía. 

En todos los calabozos para agitados — conven- 
tuales, policiales o privados — el trato era el mismo. 
A través de una reja se les daba comida y a veces 
se extraían los excrementos, tal como se hace aho- 
ra con las fieras en los jardines zoológicos, aunque 
con menos higiene y confort. 

IvOs deprimidos, varones o mujeres, eran asisti- 
dos en su domicilio, por un Padre o por un Brujo, 
según fuese su color. Ciertos conventos tenían al- 
guna habitación habilitada como enfermería gene- 
ral, ocurriendo lo mismo en los de monjas. Cuando 
la enfermedad se hacía crónica y el enfermo pasa- 
ba al estado demencial, su familia lo asilaba en una 
habitación separada de las otras o lo enviaba a una 
quinta; tratándose de personas ricas, era de prác- 
tica que tuviese como enfermero un fraile o monja 
de edad avanzada, elegido entre los menos útiles en 
los conventos. Las familias ponían mucho empeño 
en ocultar a sus relaciones la existencia de un "bo- 
bo", "opa", "mentecato", y cuando les era forzoso 
referirse a él, le llamaban "el mudo", "el tullido", 



LA tOCURA EN tA ARGENTINA 4? 

etc. ; la ocultación era a veces tan perfecta que sólo 
en caso de dividir herencias venía a descubrirse que 
existían más herederos que los conocidos. 

Los tranquilos, representaban tres grupos igual- 
mente inofensivos : los "maniáticos", los "zonzos" 
y los "graciosos". Los primeros eran delirantes 
parciales, que acababan por vivir bien adaptados a 
un medio sencillo y tolerante; los segundos hacían 
vida familiar. Los "graciosos" alegraban la vida 
urbana y se les trataba en todas partes con simpa- 
tía ; los Incas habían tenido bufones y siguieron te- 
niéndolos los virreyes, gobernadores y obispos, y 
más tarde los mandones de toda América. En al- 
gunas familias adineradas se acostumbraba tener 
uno o dos locos parlanchines, para alegrar la mesa, 
divertir a las relaciones y entretener a los niños. 

Esta situación no se modificó mucho con el esta- 
blecimiento de los primeros hospitales. Pasaron 
muchos, muchísimos años, antes de establecerse la 
costumbre de hospitalizar a los alienados. En Bue- 
nos Aires, durante el virreynato, se formaron lo- 
queros en los hospitales generales, donde se recluían 
juntos algunos de los "crónicos, locos, inválidos y 
mendigos", que de tiempo en tiempo mandaban 
recoger las autoridades municipales. 

V.— LOCURA Y RESPONSABILIDAD PENAL 

No poseemos dato alguno de que en territorio 
argentino, durante la época colonial, se hicieran pe- 
ritajes médico-legales, para determinar la responsa- 



48 JOSÉ INGENIEROS 

bilidad de los alienados ante la justicia. A fines 
del siglo XVIII, en la misma Europa, el hecho era 
excepcional. Hubo, sin embargo, en América algún 
caso de peritaje psiquiátrico, y merece consignarse, 
por sus conclusiones, uno de los más famosos (22). 

El año de 1778 se cometió un crimen en San 
Juan del Murciélago, distante como cinco kilóme- 
tros de la actual ciudad de San José de Costa Rica; 
don Felipe Fernández dio muerte a su mujer, con 
instrumento cortante, el día 4 de Septiembre, al 
finalizar las bodas de sus tres hijas, que se casaron 
simultáneamente y con el consentimiento de sus pa- 
dres, en cuya casa se hicieron todos los festejos. 
Del proceso aparece que el uxoricida, ya sesentón, 
había padecido de demencia hacía 8 años y que le 
daban accesos lunáticos, llegando a veces hasta el 
extremo de celar a su mujer con sus propios hijos, 
después de treinta años de matrimonio. 

El procesado no da los motivos que causaron su 
determinación; antes bien, el victimario se dolía de 
lo ocurrido y entregó sus armas a uno de sus yer- 
nos y a otro amigo, para que del producto de la 
venta se dijesen algunas misas a su finada esposa; 
por otra parte, su principal anhelo, después del he- 
cho, era confesarse, para lo cual iba en camino de 
Cartago. Hubo la feliz idea de nombrar por defen- 
sor del reo, a un médico residente en la dicha ciu- 
dad, donde había de seguirse la tramitación de la 



(22) Proceso publicado por Anastasio Alfaro, en Ar- 
■ chivos de Psiquiatría y Criminología, Buenos Aires, 1902 
(vol. I, página 718). 



LA LOCLTIA EN I.A ARGENTINA 49 

causa, pues los letrados de entonces no le hallaban 
atadero, porque el detenido pasaba, generalmente, 
por hombre cuerdo, activo y de negocios. 

El médico comienza la defensa de su cliente ha- 
ciendo constar, por las declaraciones de testigos 
que, lejos de huir de la justicia, se encaminó a Car- 
tago para entregarse: "Viniendo como venía a 
pie, como lo vieron varias personas en una choza 
del camino, de rodillas, rezando, y con otras demos- 
traciones de quietud y sosiego, donde lo halló en el 
camino la dicha Real Justicia, y lo prendió, bien 
ageno de la depravada malicia que se le arguye, 
pues si la hubiera tenido, hubiera tirado pronta- 
mente a pasar la jurisdicción, caminando de noche 
y ocultándose de día, como hacen los delincuentes 
prófugos que cometen su culpa, de lo que se saca 
por consecuencia, que fué, sin duda, el hecho mo- 
vido de algún violento impulso, fuera de tino, el 
que le acometió, y ageno totalmente de sus sentidos 
cometió este error, sin saber lo que hacía ; y en ha- 
berse apartado de su casa y andarse al redor de ella 
no arguye malicia, pues vemos esto mismo aún en 
los locos furiosos, que hacen un daño y corren y 
huyen de allí; todo lo antedicho se comprueba con 
no haber tenido mi parte contra su esposa antes del 
hecho, la más leve riña ni disgusto, ni motivo al- 
guno que manifestara encono, o malicia en manera 
alguna; antes sí portándose con ella con los extre- 
mados amores que acostumbraba, pues estaban en 
el casamiento y bodas de tres hijas que casaron 
aquel día con todo gusto de sus padres, y todo era 



50 JOSÉ INGENIEROS 

regocijo y festín que duró hasta el siguiente día, y 
en la misma paz y unión de su consorte, se senta- 
ron juntos a tomar chocolate, despedida que fue 
toda la gente, a donde evidentemente fué arrebata- 
do de aquel vapor hipocóndrico, que treinta años 
ha padece, y ejecutó impensadamente y de impro- 
viso aquel hecho diabólico como un violento acto 
primo, el que después de recapacitado, arrepentido 
y pesaroso, llora continuamente en aquella prisión 
en que se halla, incesante, amarguísimas lágrimas. 
"Y porque dije arriba que fué arrebatado de 
aquel vapor hipocondríaco, que treinta años ha que 
padece, y este es el asunto que movió esta desgra- 
cia, capaz de mover este accidente otras semejantes 
y aun peores cada día, como lo estamos mirando, 
aquel pernicioso accidente que padece continuamen- 
te, que en España llaman Padrejón, en la Nueva 
España le dicen Tilte, y en todo este reino es Cua- 
jar, mal cuasi incurable, al que llama el doctor Bal- 
cáser "azote de médicos", porque mientras más lo 
curan, peores están, que en los hombres es Cuajar 
y en las mujeres sofocación uterina {Histérica pa- 
sio) que pone a los que lo padecen en tales apreta- 
dos lances que muchos se han quitado a sí mismos 
la vida; pruébolo con lo que en esta misma ciudad 
ha sucedido, ahora reciente, que no ha mucho tiem- 
po, con dos señoras que padecían de él, que la una 
amaneció ahorcada en su cama y la otra se degolló 
con un cuchillo toda la garganta, y como sucedió 
con Nicolás Monge, vecino de esta antedicha ciu- 
dad, que fué el que padecía gravemente este acci- 



LA LOCURA EN LA ARGENTINA 51 

dente, que lo ponía en términos de rabiar, y una 
noche le cogió con tal violencia, que a la madruga- 
da se levantó del lado de su mujer, salió a su huer- 
ta, se echó un lazo al pescuezo y lo hallaron a la 
mañana siguiente ahorcado de un guayabo; Caye- 
tano Corrillo acabó sus días dando vueltas a su casa 
de noche y de día en paños menores y destocado, 
y todos estos sujetos juntos, con otro caballero de 
la villa de Nicaragua, con el mismo accidente que 
padecía en gran manera, al que varias veces cogie- 
ron de noche con un tizón en la mano dando fuego 
a las casas de paja cercanas a la suya; éste repartió 
todo su caudal entre sus parientes, y después, para 
recuperarlo, le costó un triunfo volverlo a recoger; 
y ninguno de ellos era loco de atar, ni tiraban pie- 
dras, arremetían ni disparaban como se ve en los 
orates rematados; todos éstos han hecho estas co- 
sas, cuasi en su juicio y al parecer como racionales, 
recibiendo con cortesía sus visistas y parlando con 
ellas sin hacer daño a nadie, ni despedazarse, por 
lo cual hay mucha diferencia entre la locura y este 
accidente, pues en éste, como tiene su origen en los 
hipocondrios a impulsos ya de la melancolía natu- 
ral, ya del atrabilis de que se ceba o fomenta, en 
levantándose estas flatulencias hipocondríacas a 
ocupar el corazón, cerebro y cabeza, aquí quisieran 
estos enfermos no haber nacido por no padecer la 
violenta furia de accidentes que se fraguan cuando 
suben a estas partes dejándolos privados de todo 
racional discurso y ágenos cuasi de los sentidos que 
les mueven con violencia a ejecutar los ante dichos 



52 JOSÉ INGENIEROS 

errores que han cometido. Dejando aparte infinitos 
que lo padecen, que se hacen encerrar por tres, seis 
y ocho días para que no los visiten, manteniéndose 
en aquella modorra insufrible, teniéndola por alivio 
de sus males, pues toman tedio y hasta aborreci- 
miento a las gentes, de cuya comunicación se apar- 
tan, sin comer ni dormir y a estos tales les dan 
nombre de locos sin serlo, también les llaman luná- 
ticos ; en estando con este accidente dicen que es- 
tán con luna, y los que no lo padecen huyen de ellos 
diciendo que tienen mal genio y que son insufri- 
bles. Y sin embargo de todo lo dicho, tuvo también 
gran parte en este exceso cometido por mi parte el 
extremado amor que a su esposa tuvo, pues no que- 
da duda de que en treinta años de casado se hallaba 
siempre como el primer día, como dicen allá, todo 
extremo es locura ; y aunque parece cosa incompa- 
tible u opuesta que del mencionado amor resulte 
tan grave daño, todavía parece que las experiencias 
nos lo dan a conocer en algunos sujetos, pues vide 
en una ocasión, visitando a don Antonio Marín, un 
extremo de amor local, pues había criado como 
hombre de gusto una cotorra para su diversión, la 
que quería como a cosa de mucha importancia, y 
como el anímale jo comenzaba a pronunciar aquel 
día, lo nombró por su nombre y de esto tuvo tan 
lepentino regocijo que la besaba y abrazaba y tira- 
ba por alto, de que cayó en el suelo, y cayó sobre 
ella y la reventó a patadas. También en esta ciu- 
dad, no hace muchos días visitando un amigo a otro 
le cayó en gracia un cristal que sobre su mesa tenía, 



LA LOCURA EN LA ARGENTlKA 53 

en el que gustaba de beber y tratándoselo de com- 
prar lo ajustaron en cuatro pesos, sacólos pronta- 
mente el amigo y lo pagó, y ahí no más reventó el 
vaso contra el suelo, haciéndolo mil pedazos; todo 
esto prueba en bastante forma que pudo tener gran 
parte en esta desgracia tan inmoderado extremo, y 
más en estos sujetos que frecuentemente padecen 
las flatulencias hipocondríacas, como dije arriba, 
pues tanta dificultad hay para vivir en un almacén 
de pólvora, que en la mayor seguridad revienta. Y 
porque ya he traído por ejemplar, como tan expe- 
rimentado de este accidente, todas las ruinas que 
ha causado y causa cada día, ¿qué admiración cau- 
sa que mi parte, ageno de sus facultades, hubiera 
ejecutado esta desgracia? ofuscado de las malas no- 
ches, ruidos de zarabandas, muchas luces, gran con- 
curso, repetidos tragos de aguardiente y mistelas 
que lo alteran más, que se hallaría arrebatado y 
fuera de tino, y confuso, de manera que él mismo 
se hubiera quitado la vida, como sucedió a los ante 
dichos, por lo cual no se debe atribuir a mal genio 
iracundo y soberbio, como asienta el Fiscal en su 
citado escrito, lo que es accidente inculpable, pues 
ninguno lo quisiera padecer y Su Divina Magestad 
lo da a quien es servido ; y sólo Dios que lo da y el 
que lo padece pueden juzgar la gravedad de sus 
perniciosos efectos. Y a que los doctos médicos no 
aciertan a desterrarlo de los pobres enfermos, por 
cuyo todo y más favorable que hacer pueda a bene- 
ficio de mi parte, pido a Usía rendidamente y al 
señor Licenciado, en cuyo parecer se haya de sen- 



54 JOSÉ INGENIEROS 

tenciar esta causa, se compadezcan de este infeliz, 
libertándole la vida, y dándole en pena de su des- 
gracia un destierro perpetuo a un hospital, donde 
le curen por Dios tan grave accidente, a donde aca- 
be sus días sirviendo a Dios y a sus pobres, res- 
pecto a ser mayor de sesenta años, y que ya en esta 
ciudad no tiene cosa que le tire, pues acabó en un 
día con toda su familia, casando tres hijas y matan- 
do a su mujer, pues es cierto que el corazón con- 
trito y humillado no lo desprecia Dios ; cuyo todo 
es de hacer, aplicándole como lo pido, ruego y su- 
plico, con piedad y misericordia, según el piadoso, 
católico y noble corazón de V. S. ; que en ello será 
Dios Nuestro Señor satisfecho, y el Rey Nuestro 
Señor servido y obedecido, pues hombre muerto no 
le sirve; y escarmentada la vindicta pública, para 
la enmienda en lo sucesivo. Por todo lo que a Usía 
pido y suplico me haya por respondido al traslado 
proveído, y mande hacer como pido. Juro en for- 
ma no proceder de malicia y lo necesario, etc. — 
Félix Joaquín Metieses. — Cartago y Septiembre 
dos de mil setecientos setenta y nueve". 

Las autoridades condenaron al anciano a sufrir 
deportación de seis años en el Castillo de San Juan 
de Nicaragua ; la Real Audiencia de Guatemala 
conmutó esa pena en reclusión, por igual tiempo, 
en el Hospital de San Juan de Dios, de Granada, 
donde seguramente pasó el procesado los últimos 
días de su vida. 

Habría ligereza en deducir, de este caso aislado, 
que la locura tuvo alguna significación legal en los 



LA LOCURA EX LA ARGENTINA 55 

tiempos coloniales; sólo por tratarse de un español, 
y hombre de negocios, se comprende que la Real 
Audiencia sustituyera la prisión en Castillo por la 
internación en un Hospital. Los más de los aliena- 
dos delincuentes tenían que vérselas con el Santo 
Oficio en las grandes ciudades y daban en las cár- 
celes de los Cabildos en las aldeas; a nadie se le 
ocurría pensar que la locura fuera eximente de pe- 
na, siendo análogo el régimen de reclusión a que 
estaban sometidos el loco y el cuerdo. 



LOS ANTIGUOS "LOQUEROS" DE 
BUENOS AIRES ' 

Primitiva ubicación del Hospital en la fundación de 
Juan de Garay. — II. El Hospital San Martín, o de 
Santa Catalina, o de los Betlemitas, y su "Loquero". 
— III. El Protomedicato. — IV. El Hospital General 
de Hombres y su "Cuadro de Dementes". — V. El 
Hospital General de Mujeres y su "Patio de Demen- 
tes". — VI. Alienadas en la Casa de Corrección y en 
la Cárcel de Mujeres. — VII. Conjeturas estadísticas 
sobre los alienados de Buenos Aires en 1810. — VIII. 
Datos del Interior. 



I.— PRIMITIVA UBICACIÓN DEL HOSPITAL EN LA 
FUNDACIÓN DE GARAY 

CON excepción de pocas ciudades, cuya población 
española fué de alguna consideración, en los 
demás villorrios y aldeas de América fué puramente 
nominal la existencia de Hospitales durante el si- 
glo XVI. Era de práctica, en toda fundación, des- 
tinar un sitio de la planta urbana, contiguo a un 
convento, para levantar una casa destinada a la 
asistencia de enfermos indigentes ; así lo disponían 
reales órdenes y S. M. había destinado "un noveno 
y medio" de los diezmos para sostenimiento de hos- 
pitales. 



LA LOCURA EN LA ARGENTINA 



57 



Los cincuenta o cien vecinos de cada "ciudad" 
nueva se apresuraban a fundar un Hospital en el 
sitio indicado, el cual consistía en una habitación o 
enfermería, de paja y barro, contigua a una Her- 
mita o Capilla ; para su cuidado cada Cabildo nom- 
braba un vecino-mayordomo, que vivía en el Hos- 
pital y de parte de sus rentas, consumiéndose las 
demás en algunas limosnas y en costear la cera y 
adornos de la Capilla. 

De estos "hospitales" — sin médico, botica ni en- 
fermos — hubo muchos en el territorio argenti- 
no (i); el objeto efectivo de su fundación era 
agregar un empleo más a los poquísimos de que 
podían beneficiarse los vecinos. El fin piadoso o 
curativo era puramente nominal; no había pobla- 
ción suficiente para que el hospital fuese necesario, 
ni querían los pobres — indios, negros, mestizos o 
mulatos — meterse en el rancho custodiado por un 
vecino español que jamás había sangrado ni puesto 
sanguijuelas. 

Estas circunstancias deben tenerse presentes pa- 
ra interpretar los datos relativos a la fundación del 
primer Hospital de Buenos Aires ; durante más de 
un siglo sólo se trata nominalmente de la asistencia 
de enfermos, pues en realidad todo se refiere al 
manejo de un bien raíz y a la administración de las 
rentas destinadas a sostenerlo. Eso mismo explica 



(i) En el siglo xvi hubo "Hospital" en Salta, Santiago 
del Estero, Tucumán, Córdoba, Santa Fe, Corrientes, Bue- 
nos Aires y acaso en otras aldeas. Todos, más o menos, 
eran semejantes. 



58 JOSÉ INGENIEROS 

algunas disputas entre los Cabildos y las autorida- 
des eclesiásticas, así como la resistencia de los man- 
datarios reales a entregar esos bienes y rentas a las 
órdenes hospitalarias que se ofrecían a apoderarse 
de ellos, con la subrepticia intención de fundar con- 
ventos. 

En la Introducción de los "Acuerdos del Cabildo 
de Buenos Aires" se enuncia la siguiente congetura 
legítima, seguida por datos vagamente imprecisos: 
"Don Juan de Garay, según lo demostrarían proba- 
blemente algunas de las primeras actas perdidas, 
había arreglado con el Cabildo la fundación de un 
Hospital y Hermita de San Martín; obra que no 
pudo llevarse a efecto hasta 1611, y que se esta- 
bleció en donde hoy se prolonga la calle de la De- 
fensa, y en el lugar inmediato a la Iglesia de la Re- 
sidencia, que ha ocupado hasta ahora diez años. 
Fué su primer mayordomo como galardón de honra 
el mismo lugarteniente Capitán Alanuel de Frías" 
(2). Esta somera noticia acerca del primer hospi- 
tal de Buenos Aires merece ampliarse, ya que al- 
gún desorden se nota igualmente en los datos re- 
unidos por otros autores (3). Los Acuerdos del 



(2) Acuerdos del Extinguido Cabildo de Buenos Ai- 
res. — Introducción, XXVII. — Todas las cifras interca- 
ladas entre paréntesis en el texto de este subtítulo, se re- 
fieren a tomo y página de estos Acuerdos. 

(3) Nicanor Albarelws : Apuntes históricos, en Re- 
vista Farmacéutica, Buenos Aires, 1863. — Vicente G. 
Quesada : Fundación del Hospital en Buenos Aires, en Re- 
vista de Buenos Aires, 1863. — M. Navarro Viola: Foj- 



LA LOCrKA EX LA ARGENTINA 59 

Cabildo, los Documentos del Archivo de Indias y 
otras publicaciones que mencionaremos, 'permiten 
reordenar su historia de un modo menos imper- 
fecto. 

En 1580, al fundar Garay la ciudad de Buenos 
Aires, destinó la manzana z^ a Hospital; de acuer- 
do con la Ley 2, Tít. IV, Lib. I, de la Recopilación 
de Indias (1575), debía ser ubicado en la proximi- 
dad de una Iglesia (4). Fué puesto bajo la advo- 
cación de San Martín; su patronato y administra- 
ción correspondía al "Cabildo, Justicia y Regimiento 
de la Ciudad", que designaba anualmente al efecto 
dos regidores diputados. En 1605 se acordó formar 
el Hospital, con el nombre de "Hospital de San 
Martín"; era su principal destino la asistencia de 
los militares del presidio, pudiendo recibir acceso- 
riamente a algunos pobres de la población. 



tos de la América Española, en Revista de Buenos Aires, 
1863. — Juan M. Gutiérrez: Origen y desarrollo de la, 
Enseñanza Superior, Buenos Aires, 1877. — Vicente Fi- 
del López : Historia Argentina, passim. — Pedro Mallo : 
Páginas de Historia de la Medicina en el Río de la Piala 
desde sus orígenes hasta 1822, Buenos Aires, 1897. — Er- 
nesto Quesada: La vida colonial bonaerense y la prácti- 
ca de la Medicina, en Mercurio de América, 1899. — En- 
rique Peña: Documentos del Archivo General de Indias, 
vol. II, Buenos Aires, 1910. — José Penna: La Adminis- 
tración Sanitaria y Asistencia Ptíblica de la Ciudad de 
Buenos Aires, II tomos, Buenos Aires, 1910. — Juan E. 
MiLiCH : Medicina Argentina, Tesis, 191 1. 

(4) Actual manzana limitada por Sarmiento, Corrien- 
tes, Reconquista y 25 de Mayo, inmediata a la del monas- 
terio de la Merced. 



fiO JOSÉ INGÍNIÍRO» 






¿Se construyó ese hospital? ¿Fué habilitado? 
¿ Dónde ? 

En el acuerdo del 6 de Junio de 1605, se dice: 
"En lo que toca a Ruy Gómez de Avila, haga el 
Espital, mandaron que, conforme a la escritura de 
obligación, se despache el recado que convenga pa- 
ra la execución dello" (I, 142) ; el 20 de Junio de 
1605 se apremia al constructor Avila (I, 143) y el 
3 de Enero de 1607 se nombra Mayordomo de San 
Martín y del Hospital a Domingo Gribeo (I, 302). 

Nos parece indudable que el vecino Gribeo fué 
nombrado mayordomo de "algo" situado en la man- 
zana asignada por Garay al hospital. Si no era el 
Hospital mismo, debió ser, por lo menos, la "Her- 
mita del Señor San Martín", o sea la capilla del 
hospital. 

Así se infiere del "Rumbo y mensura del egido", 
efectuado el 16 de Diciembre de 1608 (11, 116) y 
de la "Mensura y amojonamiento" que la comple- 
ta (H, 117). En el rumbo al Norte de Plaza Prin- 
cipal, se menciona "la primera punta que hace la 
barranca del río de la Plata, yendo hacia el río de 
las Conchas . . . , y vino a caer el moxón nuevo en 
la Cruz Grande de la hermita del Señor San Mar- 
tín, que es un poco más adelante de dicha punta". 
La mensura complementaria se refiere al rumbo 
Sur, hacia el Riachuelo. Parece, pues, que en 1608 
la Hermita de San Martín estaba edificada en el 



tA tOCURA EX LA ARGENTINA 61 

Norte de la ciudad (5), es decir, donde ubicó Garay 
el hospital. 

En el acuerdo de 7 de Febrero de 161 1, se lee, sin 
embargo, que en el sitio designado por Garay, no 
se ha edificado el hospital, aunque existia ya la 
ermita, cuya Cruz Grande había servido en 1608 
como punto de referencia para el amojonamiento. 

Se resolvió edificarlo "en la dicha quadra", y se 
nombró para correr con ello al capitán Manuel de 
Frías ; al mismo tiempo se nombró diputados para 
el hospital, a los dos alcaldes ordinarios, encargán- 
doles de tomar cuenta "a los Mayordomos que an 
sido del Ospital y de San Martín" (II, 326), es de- 
cir, Gribeo y algún sucesor suyo. 

Esta resolución de construir el hospital (comple- 
tando la ermita) en la manzana fijada por Garay, 
fué pronto revocada. 



II.— EL HOSPITAL SAN MARTIN, O DE SANTA CATALINA, 
O DE LOS BETLEMISTAS, Y SU "LOQUERO" 

En el acuerdo de 7 de Marzo de 161 1, se expu- 
sieron las dificultades que presentaba la anterior 
ubicación para el hospital, y se resolvió construirlo 
"en el camino que va al Riachuelo", a mano izquier- 



(5) El sitio edificado debió estar próximo a la actual 
esquina de las calles Corrientes y 25 de Mayo, que corres- 
pondía a la primera pequeña punta de la barranca. En la 
punta grande estuvo la ermita de San Sebastián, más tar- 
de la quinta del gobernador Robles, después cuartel del 
Retiro y actualmente el Museo de Bellas Artes. 



62 JOSÉ INGENIEROS 

da (6) ; la razón principal fué que el barrio Sur 
era el único poblado, por estar esa parte más pró- 
xima al Riachuelo, que, siendo puerto, daba el 
único movimiento a la aldea. 

La modestísima construcción, compuesta de una 
capilla y un rancho de barro para enfermos, fué 
rápida; el 9 de Enero de 161 1 se nombró mayordo- 
mo del Hospital San Martín, al sargento mayor 
Sebastián de Orduña (II, 414). No hay noticia de 
que el hospital se usara en esa época, pues carecía 
de médicos y de remedios, siendo sus escasísimas 
rentas insuficientes para costear la cera y las flores 
de papel que consumía la capilla. Los vecinos, aun 
los más miserables, preferían asistirse én sus casas; 
los soldados, en el presidio. 

La asistencia médica de los vecinos se hacía en 
los domicilios, mediante las purgas, sudaciones y 
paños calientes que los mismos enfermos se receta- 
rían, reservándose los clásicos "candeales y caldos 
de gallina" para fortalecer a los convalecientes. Por 
natural superstición ,tenían mucho favor las oracio- 
nes y votos ; si no curaban, entretenían los espíritus 
con benéficas esperanzas, hasta que la fuerza medi- 
catriz de la naturaleza resolvía el pleito sin apela- 
ción. 



(6) Acuerdos, II, 343. — Solares pertenecientes a Fer- 
nández Barrios, Francisco Muñoz, Antón Iguera y Pedro 
Izarra. Actual manzana de las calles Méjico, Chile, Defen- 
sa y Balcarce; y más precisamente en el lote que actual- 
mente ocupa la Casa de Moneda. Allí terminaba el primer 
alto; a partir de la esquina Méjico, la calle Defensa des- 
ciende bruscamente. 



LA LOCURA EN LA ARGENTINA 63 

Algún médico o cirujano de verdad llegaba de 
tiempo en tiempo, cuando en el puerto aparecía un 
buque de registro o arribaba un navio con tropas, lo 
que fué raro durante más de medio siglo; solía ro- 
gársele que asistiera en la aldea a algún enfermo 
de calidad, durante el breve tiempo de su perma- 
nencia. Dejó buen recuerdo, en 1610, don Juan Es- 
calera. 

* ♦ 

En Enero de 1605, se presentó al Cabildo el su- 
jeto Manuel Alvarez "Médico Zurujano esamyna- 
do", ofreciendo sus servicios por un salario anual 
que pagarían a escote los vecinos ; el Cabildo cerró 
con él formal contrato el 7 de Marzo, obligándose 
Alvarez a servir "en esta ciudad a toda ella, a los 
vezinos y moradores y yndios y esclavos dellos, en 
todas sus enfermedades que tubiesen de qualquier 
género que fuesen y sangrarlos y ventosearlos, pa- 
gándole el estipendio que buenamente fuesen para 
su sustento", aparte del salario anual que el Cabildo 
le pagaría en frutos del país (I, 120 y 127). El in- 
cauto sangrador intentó ausentarse a los dos meses, 
pero el Cabildo le ordenó permanecer en la ciudad, 
por el año de su contrata (I, 137) ; no lograba Al- 
varez cobrar su estipendo, reclamándolo, en vano, 
el II de Julio (I, 147), y volviendo a reclamarlo el 
27 de Febrero de 1606 (I, 187). Desapareció de la 
ciudad, y en Diciembre de 1608, el Procurador Ge- 
neral pidió al Cabildo que "al vien de los vezinos y 



64 JOSÉ INGENIEROS 

rrepública, convenía se asalariase a Franzisco Ber- 
nardo Jijón, médico que rreside en esta ciudad por 
tiempo de un año" (II, 113). A poco de atender 
sus tareas, advirtió Jijón que le era imposible ven- 
cer la competencia de los frailes y curanderos, que 
le disputaban la clientela; Juan Cordero, Francisco 
de Villabáñez, Jerónimo de Miranda y Francisco 
Bernardo, curaban "de ziruxía y medizina" sin ha- 
ber presentado sus cartas de examen ni pedido li- 
cencia. El 30 de Marzo de 1609, el Cabildo defirió 
a las quejas de Jijón, y los conminó a presentar sus 
títulos y justificaciones (II, 150). El 13 de Abril 
exhibió Jijón los suyos, que eran muy buenos, y el 
Cabildo los aprobó ; pero le haría poca gracia el ver 
que en la misma sesión autorizó al "herrador y al- 
beitar", Juan Cordero Margallo, para que "cure 
lamparones", enfermedad en que le consideró espe- 
cialista (II, 251). Se habría marchado Jijón, que 
estaba en la ciudad por un año, cuando el Cabildo 
entró en alarmas, porque amenazaba ausentarse al 
Brasil el "barbero y zurujano" Antonio Navarro, 
desamparando a los que precisaran de sus lancetas 
y sanguijuelas; y en el acuerdo del 9 de Enero de 
1612, resolvió obligarlo a quedar, pidiendo al Go- 
bernador que le impidiera embarcarse (II, 414). 
Así vivía la aldea, sin más médico ni botica que al- 
gún arribado con las tropas o en buque de registro, 
no hallando modo de conseguir que ninguno perma- 
neciera ; y era tal la común pobreza, que los mismos 
sangradores y ventoseros que por acá llegaban, 
huían hacia el Perú o el Brasil, en busca de mejor 



tA LOCURA ÉN tA ARGENTINA 



65 



acomodo. Sólo curandeaba algún picaro, y de tiem- 
po en tiempo el Cabildo necesitaba conminar a los 
fin j idos "zurujanos", para que presentaran sus ti- 
tulos y pidiesen licencias, lo que bastaba para ahu- 
yentarlos (III, 32). 



* 



El Hospital San Martín, formado en 161 1, se- 
guía sin enfermos y quemando cera en la capilla, 
consagrada a Nuestra Señora de Copa Cabana; 
sólo algún infeliz se atrevía a refugiarse en él, se- 
guro de no hallar quien le asistiera, ni con qué. El 
vecindario creyó que mejoraría su situación cuando 
llegó a la ciudad un franciscano. Fray Polaino, que 
parecía estar examinado en medicina y cirugía, ti- 
tulándose "especialista en ebacuaciones". Venía de 
España y pidió licencia al Cabildo para curar, la 
que fué acordada el 24 de Febrero de 1620; al niü- 
mo tiempo se acordó tratar con él sobre el tiempo 
que podría quedarse en la ciudad para asistir a los 
enfermos (IV, 360). Le prometieron buscar algu- 
nas limosnas "para las medicinas" ; y como se cum- 
pliría con él lo mismo que con sus antecesores, 
Fray Polaino dejó la aldea en busca de mejor 
suerte. 

Los 1. 000 habitantes que tendría Buenos Aires 
en 1622 no se resignaban, sin embargo, a vivir sin 
médico y botica. En el Cabildo del 19 de Julio el 
regidor Juan Bautista Ángel propuso se encargara 
al maestre Pero Díaz Carlos, que volvía a Sevilla 



66 José ingenieros 

con su navio de permiso "trayga un médico y bo- 
ticario en la primera ocasión" (V, 231) ; no hay 
noticia de que Pero Díaz defiriese a un pedido tan 
bien intencionado. 

El rancho de San Martín seguía en la miseria. 
Su mayordomo Martín de Rodrigo, en 1623, "por 
no tener renta el dicho ospital avia acudido a pedir 
entre los vezinos y moradores deste puesto limosna 
en que avia juntado mil y quinientos cueros mas o 
menos" ; luego se presentó al Cabildo, como patro- 
no del Hospital, para que obtuviera licencia del Jus- 
ticia Mayor para embarcar dichos cueros, arguyen- 
do "que como a el dicho cavildo consta el dicho os- 
pital está muy pobre y padesen de muchas cosas 
para el regalo y cura de los pobres que en el se re- 
cogen que de ordinario son muchos así españoles 
como yndios. . ." (V, 412). Los muchos recogidos, 
como se verá, podrían contarse en los dedos de una 
mano; su mismo desamparo, siendo tan caritativos 
los vecinos, obliga a pensar que serían sujetos de 
mala condición, apestados, leprosos, crónicos o de- 
mentes. 

Para alivio del vecindario llegó poco después el 
zurujano Alonso de Garro, quien al poco tiempo 
resolvió embarcar para España; el 29 de Agosto de 
1630 se renovaron en el Cabildo las instancias para 
que el Gobernador suspendiera su embarque (VII, 
146), hasta que pudiese venir otro el siguiente 
año (7). 



(7) Debió quedar Garro, pues el 5 de Noviembre de 
1636 el Cabildo le nombró mayordomo y enfermero del 
Hospital, en reemplazo de Pedro Gómez, lo que no deja 



tA LOCURA EX tA ARGEN'TINA 67 

Se comprende que los vecinos vieran con simpa- 
tia la llegada del vicario provincial de la Orden de 
San Juan de Dios, quien se presentó diciendo que 
venía a estas provincias para hacer las capitulacio- 
nes convenientes y poblar un hospital. El Cabildo, 
como patrono, consintió el 9 de Enero de 1635 que 
el fraile se quedara y asistiese desde luego, pidién- 
dole condiciones para lo demás (VII, 455) ; el 7 
de Mayo resolvió entregarle el Hospital existente 
"en el dicho sitio que es el mejor de la ciudad sobre 
la barranca del rrío, a condición de conservarle el 
nombre del señor San Martín" (VII, 642). Esa 
capitulación fué aceptada por Fray Alonso de la Ca- 
dena. 

Entretanto el Hospital siguió en manos inexper- 
tas. El 19 de Octubre de 1635 el Cabildo autorizó 
a curandear y sacar muelas a Gaspar Azevedo, 
quien es "mayordomo del hospital y enfermero, es 
barbero y sangra, echa bentosas y cura algunas ve- 
ces de surujía". (VII, 489). El sucesor, Pedro Gó- 
mez, pidió el siguiente año al Cabildo "que se ben- 
dan los negros del ospital por ser malos y de peores 
costumbres y mal serbicio, y se compren otros", 
amenazando renunciar si no se hiciese (VII, 75), 
como renunció, reemplazándole el ya citado Garro. 

De mal en peor, aumentaban los curanderos. 
En 6 de Mayo de 1639 el Cabildo mandó que se 
pidieran títulos de "médicos sirujanos barberos" 
a todas las personas que curaban sin tener licenci? 



duda alguna sobre la competencia del Garro, pues no ha- 
bía caso de que un médico verdadero se redujese al rango 
reservado a sangradores y profanos. 



68 JOSÉ INGENIEROS 

(VIII, 381), reiterando la orden en Marzo de 1646 
(IX, 24) . Un médico Andrés Gedeón habíase mar- 
chado a Córdoba y por no haber otro "ha habido 
muchos muertos por su falta"; alguien propuso en 
el Cabildo, el 13 de Enero de 1642, que se llamase 
a Gedeón, ofreciéndole recibirlo con agasajos (IX, 
345). Impasible a tan efusiva súplica, Gedeón no- 
acudió . 

El rancho de barro, que seguía llamándose Hos- 
pital a los efectos de percibir el noveno y medio 
de los diezmos, se deshizo durante un temporal. 
Quedaron en pie un rancho contiguo, en que había 
esclavos de servicio del Mayordomo, y la Capilla; 
pero esta última sufrió igual suerte al poco tiempo. 

* 
* * 

Una iniciativa conventual puso, por entonces, 
en peligro la teórica existencia del Hospital Mih- 
tar de San Martín, cuya finca y rentas se intentó 
sustraer al patronato civil del Cabildo para ponerlo 
en manos de una nueva congregación religiosa. Con 
disimulo, y sin mencionar la casa del Hospital, el 
procurador Juan de Saavedra pidió la fundación de 
un convento de monjas de Santa Teresa, idea que 
al Cabildo pareció acertada, el 21 de Enero de 1653 
(X, 302 y 305). Alerta en España el poder civil, 
sospechó la treta, que era harto conocida en toda 
América; el i' de Agosto de 1654 llegó a Buenos 
Aires una Real Cédula prohibiendo que se funden 
nuevos conventos sin autorización real, ni aun bajo 



LA LOCURA EX LA ARGENTINA 69 

el pretexto de hospicios u hospitales, "por ser tan- 
tos los religiosos, que en algunas ciudades hay tres 
partes más que vecinos" (X, 358) . 

La disputa entre el poder civil y el eclesiás- 
tico, por la casa del Hospital y sus rentas, quedó 
planteada y duró medio siglo (8) . 

El Gobernador José Martínez Salazar, a 28 de 
Junio de 1664, representó a S. M. la necesidad de 
fundar un hospital con 4 frailes de San Juan de 
Dios, porque "del que servía de Hospital sólo que- 
da la Hermita de Nuestra Señora de Copa Caba- 
na". El Consejo de Indias, a 22 de Enero de 1665. 
excluyó el fundar el Hospital con religiosos, acon- 
sejando que se juntaran todas las autoridades para 
ver de habilitar el hospitalito preexistente (9) ; el 
5 de Marzo de 1665 el Rey denegó lo pedido (10). 
El 22 de Noviembre de 1667 se realiza en Buenos 
Aires la junta de autoridades, coincidiendo todas 
en reiterar la petición; por su parte, dice el Obis- 
po, el hospitalillo se fundó hace más de 60 años, 
con iglesia a la calle y tiene pocos aposentos ruino- 
sos, "y aunque a temporadas se mete en ellos al- 
gún pobre desesperado es porque no tiene cubierto 
donde ampararse de la inclemencia del cielo y en- 
tra a padesser con la solenidad y falta de todo" 



(8) Por esos años la única parte habilitada del edificio 
era la capilla; había sido reedificada en 1659, a poco de su 
derrumbe. 

(9) Peña: Documentos del Archivo de Indias, III. 
165. 

(10) Peña: III, 173. 



70 JOSÉ INGENIEROS 

(ii). Tres días después el Cabildo insiste a su vez 
(12), apoyando el parecer de la junta de autorida- 
des, y el Gobernador Salazar despacha a España 
el mismo día una nueva carta reiterando el pe- 
dido. 

Se estaba en esas andanzas, cuando el Juez Ecle- 
siástico consiguió que el ex-alcalde ordinario Barto- 
lomé Rendón le entregara el libro del Hospital, 
que pertenecía a su patrono, el Cabildo; súpolo 
éste y encargó al Alguacil Mayor que procediese 
de hecho, resultando que el 30 de Octubre de 1669 
fué puesto preso el ex-alcalde, dos días en su casa 
por estar enfermo y luego en la cárcel del Cabildo. 
El Obispo proveyó un auto "en que con pena pecu- 
niaria y de excomunión manda que dentro de una 
hora mande soltar de la prisión" al preso. Reunió- 
se, el mismo día 4 de Noviembre de 1669, el Cabil- 
do para tratar del gran conflicto, que expuso el 
alcalde ordinario, capitán Hernando de Rivera Mon- 
dragón; mientras sesionaba entró atropelladamen- 
te el regidor José Rendón, hijo del preso, arguyen- 
do que el Cabildo no podía sesionar por que estaba 
excomulgado en masa, al no cumplir lo ordenado 
por el Obispo ; y fué la consecuencia de ello que el 
hijo quedó preso junto con su padre, imponiéndo- 
sele además una multa por desacato. El Cabildo 
aprobó la conducta del Alcalde y resolvió apelar 
ante la Real Audiencia, gastándose más palabras 



(11) Peña: III, 177. 

(12) Acuerdos: XII, 428. 



lA WCURA EN LA ARGENTINA 71 

de las que estarían escritas en el libro del Hospi- 
tal (13). 

Puede afirmarse que hasta 1670 la existencia del 
Hospital San Martín fué esencialmente nominal; 
el cuidado de su capilla y su par de ranchos era 
una modesta sinecura municipal, que sólo por ex- 
cepción se había relacionado con la asistencia de 
algún infeliz que no hallaba amparo en casa algu- 
na del pobrísimo villorrio donde era difícil ser des- 
conocido (14). 

Vueltas las cosas a su quicio, la autoridad civil 
emprendió la reedificación del Hospital San Martín, 
desde sus cimientos ; así lo comunicaron a S. M. 
los oficiales de la Real Audiencia al mismo tiem- 
po que rem.itieron cuentas de sus rentas, el 3 de 
Noviembre de 1670 (15). Con fecha 11 de dicho 
mes y año el Gobernador Salazar escribió lo mismo 
y manifestó que ya tenía los enseres para 20 ca- 
mas (16). 



(13) Acuerdos: XIII, 191. 

(14) Los ranchos de barro y paja que constituían la 
ciudad no pasaban de La Merced por el norte, del Hospi- 
tal por el sur y llegaban al oeste hasta 4 cuadras del Ca- 
bildo. La población era más densa entre las actuales ca- 
lles Rivadavia a Venezuela, desde Defensa a Piedras, 5 
manzanas de largo por 3 de ancho. Algún rancho se exten- 
día al sur, sobre la calle Defensa y hasta la barranca del 
actual Parque Lezama, por el camino obligado del trf.fj- 
co hacia el Riachuelo. 

(15) Peña: III, 189. 

(16) Peña: III, 195. 



72 JOSÉ INGENISROS 

Hubo, por fin, Hospital, pero con tan exiguos 
recursos que fué imposible asistir enfermos con re- 
gularidad. Diez años más tarde, el 30 de Mayo de 
1680, el Obispo se dirigió a S. M. para expresar 
que el edificio estaba arreglado, pero no tenía en- 
fermos ni médicos, por escasez de recursos; los 
pocos reunidos se gastaban en reparaciones y en una 
fiesta consagrada a Nuestra Señora de Copa Caba- 
na, de manera que para hacer hospital era indispen- 
sable asignarle entradas suficientes (17). No se 
hizo la asignación; el 26 de Abril de 1690 el Go- 
bernador Herrera y Sotomayor expuso a S. M. 
que el Hospital era inútil y pidió se destinara parte 
de sus rentas a mantener curas doctrineros (18). 

* 

La ninguna prosperidad del Hospital alentó de 
nuevo al Obispo para gestionar su aplicación a fi- 
nes religiosos, al mismo tiempo que procuraba con- 
travenir las órdenes reales de no fundar nuevos 
conventos. 

El 20 de Enero de 1693 expuso que aun cuando 
"en el hospital estuviera todo prevenido para la 
cura de los enfermos, estoy entendiendo que nin- 
guno fuera a curarse en él, según los naturales y 
condición de esta tierra primero se dexaran mo- 
rir en sus casas antes de ir al hospital a curarse. 



(17) Peña: III, 202, 

(18) Peña; III, 195. 



LA LOCXntA EX LA ARGtXTlXA 



73 



aun con esperanza de sanar"; y por todo ello pedía 
que se aplique el Hospital San Martín "a un reco- 
gimiento de doncellas pobres y huérfanas" (19)- 
Era la idea del procurador Saavedra, hábilmente 
disimulada con el nombre del recogimiento de don- 
cellas; lo comprendería el Fiscal del Consejo de 
Indias, pues aconsejó se concediera recoger "las 
huérfanas" en la casa del Hospital y que viviesen 
en ella "como seglares hasta tomar estado", sin que 
eso se entendiera fundación de Convento ni casa 
religiosa . 

Asi se dispuso y el Obispo no volvió a la carga 
hasta que, en 1699, contó con la complicidad del 
gobernador Agustín de Robles, del Cabildo y del 
Procurador general (20) . Este último habla, con 
menos prudencia, de "un Monasterio o casa de re- 
cogimiento" ; no se trata ya de asilo para huérfanas, 
ni cosa parecida, sino de que "en el ínter no se abre 
camino a la fundación de algún monasterio ... se 
supla con una Casa de recogimiento". 

Mientras.se enviaba la representación y se en- 
cargaba su despacho a procuradores. Robles y el 
Obispo, en 1699, instalaron en el Hospital el Bea- 
terío que luego verían manera de transformar en 
Monasterio. 

El Rey, a 2'j de Noviembre de 1701, dispuso ter- 
minantemente que se conservara el Hospital; y 
acordó, a la vez, que se buscaran arbitrios para con- 



(19) Peña: III, 224. 

(20) Peña: 233, 241, 244. 



74 JOSÉ INGENIEROS 

servar la "casa de huérfanas", no sospechando lo 
que ésta era en realidad. 

El nuevo gobernador Juan de Valdés y Inclán 
trajo la Real Cédula que se leyó en el Cabildo el 
14 de Agosto de 1702. Descubrió con tal motivo 
que sin permiso real funcionaba desde tres años un 
Beaterío en el Hospital, promovió cuestión y dio 
un violento auto de desalojo. El Cabildo, azorado, 
se disculpó, pretextando que había mediado engaño, 
sin poderse precisar de quien. Las beatas fue- 
ron expulsadas; el i de Setiembre de 1702 se 
dio principio a habilitar el Hospital ; el 30 de Oc- 
tubre de 1705 el gobernador Valdés hizo las orde- 
nanzas que regirían en lo sucesivo su funciona- 
miento . 

Respondiendo a la Real Cédula de 1701, Valdés 
comunicó en 1705 haberse conservado el Hospital 
y que algunos vecinos ofrecían hacerle recursos, 
con la condición de que S. M. se "sirva conmutar 
en fundación de Monasterio de Carmelitas descal- 
zas con 33 Monjas de Velo, la casa de recogimien- 
to". Eso era hablar claro: sostendrían el Hospital 
si se autorizaba fundar un Monasterio. Al ofrecer 
su dinero creían supérfluo seguir hablando de la 
"casa de huérfanas", a que el Rey no se oponía. 
Dicen los donantes: "deseando de que por su falta 
no carezca de el venefizio de tener en ella (la Ciu- 
dad) un coro de Vírgenes que continuamente ala- 
ven la divina Magestad", etc., y lamentan "que no 
aya en ella ningún cómbente de monjas en que po- 



LA LOCURA EN LA ARGENTINA 75 

der recoger las Hijas de las personas Ilustres que 
componen esta ciudad" (21). 

Como el Rey no autorizara la fundación del Mo- 
nasterio, la piadosa colecta en favor del Hospital 
no se formalizó; las donantes no se habían pro- 
puesto hacer la caridad en bien de los enfermos po- 
bres, sino comprar subrepticiamente una autoriza- 
ción que el Rey, dignamente, no podía vender. 

El nueve de Junio de 17 13 el gobernador de Ar- 
mas avisó a S. M. que el Hospital marchaba muy 
mal (22). Hemos podido establecer que, en los 
veinte años siguientes, se asistían en su única sala 
de 5 a 12 enfermos, con un promedio de 8 como 
existencia diaria. Los asistía el mayordomo-enfer- 
mero, que era, en el mejor de los casos, algún bar- 
bero entendido en hacer sangrías, poner ventosas 
y curar lamparones ; vivía en el Hospital, tenía al- 
gunos esclavos como asistentes y repartía las exi- 
guas entradas entre comida para sus huéspedes y 
cera para la capilla (23). 

Por el año 1740 la situación del Hospital mejo- 



(21) Treinta años más tarde, en 1730, Buenos Aires 
tendría 16.000 habitantes, de los cuales i.ooo serían blan- 
cos, 4.000 mestizos y 11.000 negros y mulatos. (Cálculo del 
P. Cattaneo). 

(22) Peña: III, 429. 

(23) La Historia del Hospital de Córdoba es muy se- 
mejante. Ver FÉLIX Garzón Maceda: La Medicina en Cór- 
doba. Vol. I, cap. II, y Ernesto Quesada: Prefacio a la 
obra de Garzón Maceda, especialmente las páginas xxxin 
a xLvi. 



76 JOSÉ INGENIEROS 

ró. Se habilitaron más camas y hubo un promedio 
de 15 enfermos en asistencia. Eran casi todos mih- 
tares y estaban mejor asistidos que el resto de la 
población, pues se ocupaba de curarlos el Cirujano 
del Presidio, de competencia legitima, venido de 
España con las tropas mismas. En 1748 el Hospi- 
tal tenía 16 camas. 

* * 

En 1726 el Alférez Real pidió al Cabildo que el 
Hospital San Martín fuese puesto bajo la direc- 
ción de los Padres Betlemitas. Con ello se inició 
una larga gestión que duró más de veinte años, sos- 
pechando siempre el Consejo de Indias que la aten- 
ción del Hospital fuera una excusa para fundar 
nuevos conventos, como era cierto. 

El Cabildo Eclesiástico de Buenos Aires habla 
de lo ventajoso que sería "la fundación de un con- 
vento de Religiosos de nuestra Señora de Belén"; 
y pide se de para ello el Hospital con sus anexos 
y rentas (Agosto 1738) ; en cambio el Fiscal del 
Consejo de Indias concede que los betl,emitas se 
encarguen de hospitales para asistir enfermos, pero 
no para fundar conventos (Agosto 16 de 1740). 
Este juego de pedir una cosa para luego hacer otra, 
dilató por algún tiempo las gestiones, hasta que se 
obtuvo el real permiso para asistencia hospitalaria. 
En 1848 vivieron 6 Betlemitas y el Hospital de 
San Martín pasó a llamarse de Betlemitas o de 
Santa Catalina, y vulgarmente de Barbones o Be- 



lA LOCURA EN LA ARGENTINA 77 

lermos. La transferencia fué ordenada por el go- 
bernador Andonaegui (24) . 

La insuficiencia del local y la escasez de recur- 
sos fueron constantes en el Hospital de Santa Ca- 
talina (25), que siguió prestando servicios des- 
pués de estar habilitado el Hospital General de 
Hombres y la Convalecencia de Belén. 

* 

♦ * 

No hay noticia de que se recluyeran alienados 
en ese hospital antes de que pasase a manos de los 
Betlemitas; es probable, sin embargo, que algún 
demente fuera a refugiarse allí. La Cárcel del Ca- 
bildo conservaba el privilegio de recibir algún agi- 
tado y seguían pidiendo limosna en las calles cier- 
tos locos inofensivos. 

Durante la administración betlemita es seguro 
que hubo allí dementes ; los enviaba el Cabildo cuan-- 
do estorbaban en su Cárcel, siendo notorio que en 
el Hospital los utilizarían como sirvientes o los 
relegarían al loquero, rancho apartado de la sala de 
enfermos. Esta situación de hecho comenzó a ofi- 
cializarse poco antes de crearse el Virreynato 
(1776) y, particularmente, bajo la gobernación de 



(24) En 1748 tenía 16 camas, aumentadas a 34 en 1758 
y a 57 en 1784, fecha en que los 6 religiosos primitivos 
habían aumentado a 22 (Ms. del Archivo Nacional — Exp. 
341, Leg. 15). 

(25) Frente a él, calle de por medio, esttivo el Con- 
vento de Monjas Catalinas. 



78 JOSÉ INGENIEROS 

Juan José de Vértiz, que acentuó la reforma de 
cosas y costumbres esbozada por el gobernador Bu- 
carelli (26) . 

Vértiz ordenó se efectuara una recogida de vagos 
y mendigos que pululaban en la via pública; entre 
ellos había varios alienados tranquilos, casi todos 
en estado demencial. Del Cabildo fueron pasados 
ai Hospital de Santa Catalina, donde ya se asilaban 
otros. Algunos de estos dementes trabajaban en 
el Hospital como sirvientes y varios ayudaban a los 
Eetlemitas en calidad de enfermeros. Con dispo- 
siciones ulteriores afirmó esa política de saneamien- 
to urbano {2"/), que continuó más tarde como Vi- 
rrey. 

Narraba el Dr. Vicente Fidel López que un mu- 
lato de la clientela de sus abuelos, sufría periódi- 
camente la locura de creerse rey de su "nación" 
de negros, con la particularidad de padecer una o 



(26) Ver especialmente Francisco Javier Brabo : Co- 
lección de documentos relativos a la expulsión de los je- 
suítas, Madrid, 1872; Enrique Peña: Documentos, II, 
113 y siguientes; Facultad de Filosofía y Letras: Docu- 
mentos para la historia del Virreinato del Río de la Pla- 
ta, III, tomos ; Ídem : Documentos para la historia argen- 
tina, vol. IX. 

{27) Bando del 12 de Julio de 1775 : "Ningún pobre de 
ambos sexos mendicante por las calles podrá pedir limos- 
na sin el correspondiente Pasa porte o licencia del comi- 
sionado de su distrito sopeña de un año de Barranca sien- 
do hombre y si fuese mujer un año de Cárcel, y para evi- 
tar el desorden que en este particular se padece, cuidará 
el comisionado yndagar las circunstancias precisas del Po- 



LA tOCURA ÉN LA ARGENTINA 79 

dos semanas de agitación, seguidas por tres o cua- 
tro meses de melancolía; pasaba en la cárcel del 
Cabildo las semanas peligrosas y en el Hospital de 
Santa Catalina los meses melancólicos, quedándole 
lo restante del año para vivir con su familia y tra- 
bajar de peón de albañil. Tomó las armas durante 
las invasiones inglesas y en la época revoluciona- 
ria salió en un contingente hacia el Alto Perú, de 
donde no volvió (28) . 

En 1799, los "convalecientes, incurables, locos 
y contagiosos", ocupaban dos ranchos aparte, con- 
tiguos al edificio del hospital ; el de locos e incu- 
rables, (loquero), era un depósito de maniáticos y 
dementes, y el estar allí se consideraba una pena 
más cruel que permanecer en la cárcel del Cabildo. 

Los de mejor conducta y más aptitud para el tra- 
bajo, eran "premiados" pasándolos a trabajar de 
sirvientes, y aun de enfermeros, en el hospital (29). 



bre para concederle la licencia, de hallar sospecha o frau- 
de en los qué indevidamente la soliciten, los arrestará .ián- 
dome cuenta para que sufran el correspondiente castigo 
de vagos, y polillas de la república=De toda la Gente baga 
y mal entretenida constando serlo por diligencias nombra- 
das quese hagan, y noticias quese tomen se dará por el 
comisionado cuenta aeste Govierno expresando laque haia 
en su jurisdición, y determinando inmediatamente su se- 
guridad para aplicarlos donde combenga." 

(28) Referencia del Dr. J. M. Ramos Mejía. 

(29) Esta costumbre colonial de utilizar los dementes 
tranquilos para el servicio doméstico, se continuó en la 
Residencia (Hospital General de Hombres) hasta 1882. 



80 tA tOCÜRA JÉN LA ARGENTINA 

Se miró como un gran progreso nosocomial la 
traslación de estos locos del Santa Catalina, al Hos- 
pital General de Hombres, en 1779. Alguno de los 
más serviciales debió quedar; en 1820 era popular, 
en el barrio de San Francisco, un negro conocido 
por "el loco del hospital", cuya principal manía era 
la de creer que un brujo habíale introducido en el 
abdomen varios sapos, que incesantemente le co- 
mían "los hígados". 

El Hospital de Santa Catalina o de Belén vino 
a menos en 1812, desde que el Superior de los Bet- 
lemitas, Fray José de las Animas, se complicó en 
la conspiración de x\lzaga contra los argentinos. 

En 1822, época de su clausura definitiva, perma- 
necían recluidos en él cierta cantidad de alienados, 
aunque los más estaban en el Hospital General de 
Hombres. Acerca de su situación y tratamiento, 
escribió el Dr. Albarellos el siguiente párrafo : "Los 
dementes se alojaban en unos cuantos cuartos ais- 
lados que daban a un espacioso corralón, que esta- 
ba al fondo del edificio, corral que, aunque grande, 
estaba muy alambrado y servía a la vez (hasta 1821 ) 
de cementerio. Los desgraciados dementes, que 
afortunadamente eran pocos en ese tiempo, vegeta- 
ban sin ninguna clase de tratamiento especial". — 
(Ai,BAREi,i,os, Oh. cit., página 89, 1864). 

En la época de Rosas, sus ruinosos edificios se 
utilizaban para cuartel de los Restauradores, en el 
mismo sitio que en 1863 servía de "cuartel y depó- 
sito de carros de policía", según Albarellos. Allí 
se edificó más tarde la actual Casa de Moneda. 



LA LOCURA EN LA ARGENTINA 8l 

Tales son los datos menos inseguros que hemos 
podido reunir sobre el primer hospital de Buenos 
Aires, que fué, a la vez, su primer "loquero". 

III.— El. PROTOMEDICATO 

1778 -1722. — Algunos médicos civiles vinieron 
al Río de la Plata acompañando buques de registro o 
contingentes de tropa, antes de crearse el Virrey- 
nato; su presencia era transitoria y nunca fueron 
competidores serios de los frailes, brujos y curan- 
deros. En la segunda mitad del siglo XVII se esta- 
blecieron en el Virreynato los primeros médicos 
fijos, mucho después que en otras colonias ameri- 
canas, más florecientes. 

Hasta entonces la salud pública de estas provin- 
cias había dependido del Real Protomedicato de 
Lima, que no podía extender su influencia hasta el 
lejano Río de la Plata. Para obviar esas deficien- 
cias el ilustre Virrey Vértiz, aprovechando la pre- 
sencia en Buenos Aires del primer médico de la 
expedición de Ceballos, Don Miguel Gorman, lo ins- 
tó a detenerse para arreglar los Hospitales y exa- 
minar sus consumos. El 2 de Mayo de 1778 el Vi- 
rrey creó el Protomedicato, que inauguró sus fun- 
ciones por acto público el 17 de Agosto de 1780; 
la Corte consintió su institución en 1783 y la apro- 
bó en 1798 (30). 

(30) Memoria del Virrey Vértiz, en Rev. del Río de 
la Plata, vol. I; Albarrellos: Ob. cit.; Mallo: Ob. cit.; 
Penna y Madero: Ob. cit. 



82 JOSÉ INGENIEROS 

Es importante señalar que, de acuerdo con ins- 
trucciones reales, los bienes de Temporalidades, 
pertenecientes a los Jesuítas expulsados en 1767, 
se destinaron a obras de utilidad pública. El Hos- 
pital General de Hombres (Residencia de Belén), la 
Casa de Expósitos (Casa de Ejercicios) y la Con- 
valecencia (Chacra de Belén), fueron fundándose 
sobre propiedades que pertenecieran a la Compa- 
ñía (31). 

Desde 1778 hasta su extinción, en 1822, el Pro- 
tomedicato no tomó disposiciones de importancia 
relativas a la asistencia y reclusión de los aliena- 
dos. Ea fundación de la Casa de Corrección para 
mujeres concentró en ella algunas alienadas del 



(31) Después de activas gestiones, iniciadas en 1771, 
la Casa de Expósitos fué fundada el 14 de Julio de 1779, 
durante el virreinato de Vértiz. Se inauguró el 7 de Agos- 
to de 1779, en una finca "en que los regulares expulsos da- 
ban ejercicios a las mujeres"; esta "Casa de Ejercicios" 
había sido fundada en un terreno contiguo al de la Resi- 
dencia por don Melchor García de Tagle, que la donó a 
la Compañía por el año 1760, además de una estanzuela y 
varias casillas con cuyo producto había de sostenerse la 
institución. El 2.2. de Enero de 1784 entró en posesin de 
esos bienes la "Hermandad de la Santa Caridad"; el 21 
de Febrero en 1784 Vértiz reglamentó su administración y 
ordenó se vendiera el primitivo local de la Casa de Ejerci- 
cios para adquirir la casa contigua a un Hospital que exis- 
tía en aquella época sobre la barranca del río, detrás de 
San Francisco. (Sitio actual de las calles Moreno y Bal- 
caree, junto al edificio de la Facultad de Derecho). En ese 
lugar funcionó la Casa de Expósitos, en la mayor miseria 
y con permanente peligro de cerrar sus puertas, hasta 1823, 



LA LOCURA ÉN LA ARGENTINA 



83 



Cabildo y de los Conventos de Monjas; muchos 
alienados varones pasaron del Hospital Santa Ca- 
talina y del Cabildo a la Residencia, cuando ésta 
se habilitó. Eran casi todos negros y mulatos ; muy 
pocos criollos indigentes. 

IV.— EL HOSPITAL GENERAL DE HOMBRES Y SU 
"CUADRO DE DEMENTES" 

En 1734 el vecino Ignacio Zeballos hizo dona- 
ción a los Jesuítas, "para que ello ayudara a sal- 
var su alma", de una manzana en el Alto de San 
Pedro, con más una chacra de sus inmediaciones, 
para que se fundase una casa auxiliar de la Com- 
pañía; allí se edificó en 1735 y la casa funcionó 



en que el gobierno de Rivadavia la tomó a su cargo, ce- 
sando las funciones de la Hermandad. La Sociedad de Be- 
neficencia se ocupó de la Casa en 1830 y hasta Abril de 
1838, en que Rosas le negó todo auxilio, ordenando "que 
cese el establecimiento y se repartan los niños existentes 
entre las personas que tengan la caridad de recibirlos". 

En 1852 la Casa de Expósitos se reabrió en el mismo edi- 
ficio (actual calle Moreno) donde permaneció hasta 1873. 
Luchando con el hacinamiento, la Sociedad de Beneficen- 
cia pidió edificar una casa auxiliar en los terrenos de la 
Convalecencia, donde llevó algunos niños de la casa vieja, 
en 1868, a pasar una temporada de campo. En 1873 la Ca- 
sa vieja (calle Moreno) fué trasladada al Instituto Sani- 
tario Modelo" (sito en la actual Casa de Expósitos, calle 
Montes de Oca) y se evacuó la casa auxiliar (contigua a 
la Convalecencia), que ocupó durante quince años el Asi- 
lo de la Pobreza y del Trabajo (con el nuevo nombre de 
"Asilo del Buen Pastor") y desde 1894 la nueva "Sucur- 
sal de la Casa de Expósitos." 



84 JOSÉ INGENIEROS 

desde su origen con el nombre de Residencia de 
Belén, llamándose Chacra de Belén a la que se ex- 
tendía al Oeste, hasta más allá del sitio en que des- 
pués se fundó la "Convalecencia" (32). En 1760 
el vecino Melchor García de Tagle fundó, en el te- 
rreno contiguo a la Residencia, una Casa de Ejer- 
cicios para mujeres que donó a los Jesuítas, además 
de una estanzuela y varias casillas con cuyo pro- 
ducto había de sostenerse la institución (33). 

Poseían, pues, los Jesuítas, al tiempo de su ex- 
pulsión, tres anexos: la Residencia de Belén, la 
Chacra de Belén y la Casa de Ejercicios. 

En 1770, tres años después de la expulsión, el 
procurador general de los Betlemitas, solicitó del 
Rey que se le concediera la Residencia y la Chacra 
de Belén para trasladar el Hospital de Santa Cata- 
lina. Se interpusieron gestiones de Vértiz y al fin 
el traslado fué dispuesto por una Real Cédula ; más 
tarde la Junta de Temporalidades dictó una Provi- 
dencia organizando las funciones del Hospital nue- 
vo (34) . 

Desde 1799 la Residencia de Belén fué destina- 
da a "Hospital de convalecencia, incurables, locos 
y contagiosos"; los Betlemitas hicieron algunas 

(32) Actual sitio de las calles Humberto I y Balcarce; 
la manzana era doble, por interrumpirse allí la calle Bal- 
carce, limitándola las actuales calles Humberto I, San Juan, 
Defensa y Paseo Colón. 

(33) Sitio primitivo y actual de la Casa de Expósitos 
(Ver la nota 31). 

(34) Ms. de la Biblioteca Nacional, Núm. 55S4. 



LA LOCUKA EN LA ARGtKTlNA 85 

construcciones en la parte más alta de la Chacra 
de Belén, destinándolas a sus convalecientes (35) . 
Como el de Santa Catalina no se suprimió, tuvo 
Buenos Aires a fines del Virreynato tres Hospita- 
les atendidos por los Betlemitas: el de enfermos 
agudos (Santa Catalina), el de incurables y locos 
(Residencia) y el de Convalecientes (Convalecen- 
cia). Durante algún tiempo existió, además, otro 
Hospital, llamado del Rey, detrás de San Fran- 
cisco y sobre la barranca del río (36) ; a su lado se 
trasladó la Casa de Expósitos, después de estar muy 
poco tiempo en la Casa de Ejercicios donada por 
García Tagle a los Jesuitas para la atención de su 
clientela femenina. 

Los primeros enfermos trasladados del Santa Ca- 
talina fueron los llamados "incurables y dementes" 
que vivían hacinados en el loquero. No todos los 
"dementes" fueron a la Residencia; algunos de los 
más válidos quedaron en el Santa Catalina para 
atender a los servicios domésticos y otros fueron 
enviados con igual objeto a la Chacra Belén junto 
con los convalecientes. En los tres hospitales había 
alienados en los últimos años del virreynato, ade- 
más de seguir algunos furiosos en la Cárcel del 
Cabildo . 

El mayor número fué a la Residencia. Pero co- 



(35) Edificio antiguo en el sitio del actual Hospital 
Nacional de Alienadas. Desde entonces ese lugar fué ge- 
neralmente conocido por La Convalecencia. 

(36) Sitio actual de las calles Moreno y Balcarce. 



86 JOSÉ INGENIEROS 

mo esta casa se habilitara para Hospital General de 
Hombres, la presencia de los locos, cuyo número 
aumentó rápidamente, indujo a separarlos en un 
cuadro de dementes, que fué de hecho, durante casi 
un siglo, nuestro único manicomio de hombres; en 
este loquero se estableció desde el principio un ca- 
labozo con cadenas y cepos, destinado a los furio- 
sos, análogo al del Cabildo. Por el año 1800 habia 
allí, aproximadamente, unos 50 alienados, sobre un 
total de ICO enfermos. 

El 9 de Noviembre de 1822 la Sala de Represen- 
tantes de Buenos Aires autorizó al Gobierno a em- 
plear una fuerte suma en la construcción de una 
sala en el Hospital General de Hombres, al mismo 
tiempo que disponía se proyectaran otras dos, con 
urgencia . 

"Con este aumento el hospital se componía — en 
1826 — de una sala primera, baja, estrecha, anti- 
guo claustro, que contendría veinte y cuatro ca- 
mas ; su costado derecho daba a la calle ; en 
esta se colocaban las afecciones quirúrgicas, por 
lo que se llamaba por los estudiantes sala de ciru- 
jía. 

"Una sala segunda para clínica médica en el fon- 
do del patio, algo oscura aunque grande, contenía 
como cuarenta camas. 

"La sala tercera, que hacía cruz con ésta, dando 
un costado al segundo patio, era la de nueva cons- 
trucción, grande, elevada y bien ventilada por ven- 
tanas al patio. 

"La sala cuarta estaba situada en un corredor 



LA I,OCURA EN LA ARGENTINA o' 

estrecho y muy obscuro que conducía a lo que se 
llamaba el cuadro o departamento de dementes. 
Esta sala era muy obscura y húmeda, se denomina- 
ba sala de presos, porque allí se asistían a los de- 
lincuentes y tenía un centinela a la puerta. 

"Hubo, además, una sala en el primer patio, si- 
tuada al fondo, que contenía diez camas, destina- 
das para la asistencia de los oficiales del ejército 
de línea. Por último, al lado del cuadro que aloja- 
ba los dementes, había otra sala donde estaban alo- 
jados los viejos incurables y se llamaba de cróni- 
eos . 

Tenía, pues, el Hospital, 3 salas generales (un 
centenar de camas), i sala de presos (10 o 20 ca- 
mas), I salita de oficiales del ejército (10 ca- 
mas) y I sala de crónicos (20 a 25 enfermos). 
Veamos como era entonces el loquero anexo, cuyo 
título oficial era : Cuadro de Dementes. 

"El cuadro consistía en un cuadrilongo de cua- 
renta varas por veinte y cinco de ancho, edificado 
en todos sus costados, con corredor corrido todo 
de bóvedas, algunos árboles en su centro; pare- 
cía haber sido destinado para celdas de los jesuí- 
tas que lo construyeron, por ser todo compuesto de 
cuadros aislados, con puerta al corredor, piezas to- 
das hermosas y muy secas . . . Ahí se mantenían 
encerrados y con un centinela en la puerta los lo- 
cos, a los cuales pasaba visita uno de los médicos 
cuando se enfermaba de otra cosa que su demen- 
cia, pues para ella no se les prodigaba entonces nin- 
gún tratamiento. 



88 JOSÉ INGENIEROS 

"A estos locos los cuidaba, o mejor diré los go- 
bernaba, un capataz que generalmente tenía una 
verga en la mano, con la cual solía darles algunos 
golpes a los que no le obedecían sus órdenes, y por 
medio del terror se hacía respetar y obedecer ; cuan- 
do algún loco se ponía furioso, en uno de esos ac- 
cesos que suelen tener las demencias crónicas, sé 
le encerraba en un cuarto sin muebles y muchas 
veces sin cama, donde permanecía mientras le du- 
raba la exaltación mental. Varias veces sucedió que 
estos infelices se peleaban entre ellos y se hacían 
heridas más o menos graves ; y siendo yo estudian- 
te fui testigo de dos casos de muerte causada por 
un loco a otro, sirviéndose como arma del pié de 
un catre de madera fuerte". — Albarellos, lug. cit. 

En 1854 el Hospital General de Hombres tenía 
131 dementes, hacinados en su famoso Cuadro. En 
1857 se llevaron algunos dementes seniles al Asilo 
de Mendigos; al terminar el año quedaban en el 
Hospital 120, sobre un total de 195 enfermos. En 
Diciembre del siguiente año, 1858, el Hospital te- 
nía en su Cuadro 131 dementes, sobre un total de 
195 enfermos : más de dos tercios de su población. 

En 1852 se amplió el Cuadro de Demientes del 
Hospital, construyéndose un gran patio en el sitio 
que ocupara la ropería. La medida fué insuficien- 
te; la Comisión del Hospital se lamentó, en 1860, 
del hacinamiento de los alienados. 

A fines de 1863 se logró habilitar una sección 
de la nueva Casa de Dementes, con capacidad pro- 
visoria para 123 enfermos (origen del actual Hos- 



LA IvOCURA KN LA ARGENTINA 



89 



picio de las Mercedes). Se trasladaron allí los alie- 
nados más peligrosos e incómodos, quedando en 
el Cuadro, del Hospital los demás, incesantemente 
aumentados. Su aspecto y su hacinamiento no va- 
rió hasta 1883, en que fué evacuado el edificio; el 
Cuadro era "un patio grande, de forma cuadrada, 
limitado en dos de sus lados por pequeños cuartos, 
que eran las habitaciones de los practicantes y de- 
mentes. Estos últimos ejercían funciones de sir- 
vientes y vivían en completa promiscuidad con los 
internos" (37). En 1879 se pensó trasladar al Hos- 
pital San Roque el excedente de los alienados del 
Hospicio y del Hospital, lo que no pudo efectuarse 
por haber sobrevenido, en 1880, la epidemia de vi- 
ruela. En 1881 se llevaron algunos dementes seni- 
les del Hospital al Asilo de Mendigos; otros, que 
permanecieron mezclados con enfermos crónicos, 
fueron pasados a los dos nuevos pabellones cons- 
truidos con ese fin, en el Hospicio de las Merce- 
des, en 1883, fecha en que fué demolido el secular 
Hospital General de Hombres (38). 



(37) Penna: Ob. cit. (El Dr. Penna fué practicante 
del Hospital, de 1873 a 1878). 

(38) Fué por muchos años famoso el guardián de la 
Sala de Autopsias, un Don Pancho, dipsómano inveterado 
que — según voz pública — se bebía el alcohol de las pre- 
paraciones anatómicas. 



90 JOSÉ INGENIEROS 



V.— EL HOSPITAL GENERAL DE MUJERES Y SU 
"PATIO DE DEMENTES" 

Cuando el Gobernador Robles, en i6$2, destinó 
el local del Hospital San Martín para "Casa de 
Recogimiento", el Cabildo enviaba allí alguna loca 
agitada, de familia pobre, que no podía sin escán-' 
dalo ser asistida en su casa y molestaba en los Con- 
ventos. Al reabrirse el Hospital, en 1701, se volvió 
a la Asistencia doméstica y conventual, pues has- 
ta mucho tiempo después no hubo Hospital de Mu- 
jeres ni Casa de Corrección. 

El vecino Juan Alonso González fundó en 1727 
la Hermandad de la Santa Caridad; colocó un altar 
en la Parroquia de vSan Juan, dándole el Obispo 
una imagen de San Miguel Arcángel para que fue- 
se su patrono. A poco tiempo construyó en el Alto 
de San Pedro una capilla con su sacristía, denomi- 
nada del Arcángel San Miguel y bajo el patrocinio 
de Nuestra Señora de los Remedios (39). En 1734 
enviudó González y tomó estado eclesiástico. Sien- 
do intransitables las calles de su capilla, la vendió 
y con el producto construyó una nueva (40). Como 
su cofradía se reunía al toque de campana para en- 
terrar gratuitamente a los difuntos pobres y a los 
ajusticiados, "que hasta esa fecha quedaban como 
pasto de los perros y las aves de rapiña", los curas 
párrocos, viendo disminuir sus ganancias, le pro- 



(39) Sitio de la actual Iglesia de la Concepción. 

(40) Sitio de la actual Iglesia de San Miguel, 



LA LOCUKA EX LA ARGENtlXA 91 

movieron pleito y lograron que el Obispo mandara 
suspender los entierros gratuitos que hacía la Her- 
mandad (1741). Con este motivo el fundador vol- 
vió su caridad hacia los enfermos pobres y edificó, 
al lado de la capilla, (41), una sala con doce camas 
para mujeres pobres, que recibió enfermos desde 
1743 aunque no regularizó sus funciones hasta 1774; 
es probable que durante esas tres décadas fuesen 
recogidas allí algunas dementes. 

En 1759, el vecino Alvarez Campana, benefactor 
del colegio de huérfanas que la Hermandad soste- 
nía, dotó una sala con 13 camas para mujeres, aten- 
dida por las esclavas y huérfanas del colegio; 
Alvarez Campana proyectó fundar allí mismo un 
nuevo hospital, que no pudo llevar a efecto por 
haber fallecido en 1768. El presbítero José Gonzá- 
lez Islas — hijo de Juan Alonso González y su- 
cesor suyo en San Miguel — dio nuevo impulso 
a la iniciativa, secundada por varias donaciones de 
particulares. En 1790 la Hermandad pudo adquirir 
parte del terreno en que más tarde se edificó el 
Hospital General de Mujeres (42). El i' de Julio 
de 1822 pasó a ser propiedad del Estado, teniendo 
en esa fecha 62 camas. La Sociedad de Beneficen- 
cia no llegó a hacerse cargo de su administración; 
siguió sostenido por el gobierno hasta 1838, fecha 



(41) En el lugar contiguo al Colegio de San Miguel, 
para huérfanos, instalado en 1755. 

(42) Hoy calle Esmeralda entre Rivadavia y Mitre (ac- 
tual Asistencia Pública). 



^ 92 JOSÉ INGÍNIEROS 

;|. en que Rosas le retiró todo recurso. Subsistió por 
la buena voluntad de algunos médicos y vecinos, 
llegando su miseria a tal extremo que "el servicio 
de enfermeras y sirvientas lo desempeñaban muje- 
res salidas de la cárcel pública". 

Hasta 1852 ese Hospital compartió con la Cárcel 
de Mujeres el carácter de depósito de alienadas. " 
Al caer Rosas había en el Hospital unas 50 en- 
fermas, de las cuales "más o menos la mitad" eran 
alienadas. Había un calabozo con cepo, para al- 
guna agitada. Las tranquilas se usaban como en- 
fermeras y sirvientes, compartiendo estas funcio- 
nes con las presas de la Cárcel . 

En 1852, la Sociedad de Beneficencia pidió que 
la policía dejara de llevar alienadas a la Cárcel y 
las condujese al Hospital, que estaba a su cargo. 
Con esta medida aumentó el número de asiladas y 
pronto se formó un patio de dementes, análogo al 
que existía en el Hospital General de Hombres. En 
1854 se trasladaron 64 alienadas del Hospital a la 
Convalecencia, que luego se transformó en el ac- 
tual Hospital Nacional de Alienadas. 



VI.— ALIENADAS EN LA CASA DE CORRECCIÓN Y EN 
IvA CÁRCEL DE MUJERES 

A espaldas de la Residencia funcionó la Casa 
de Corrección de Mujeres, fundada por el Virrey 
Vértiz en un edificio que usaban los Jesuítas como 
Casa de Ejercicios para hombres (43). Durante el 



(43) En el mismo sitio (calle San Juan entre Defensa 
y Balcarce) en que actualmente existe la Cárcel Correccio- 



LA IfíCXJBA EN LA ARGENTINA 



93 



Virre)mato se proyectó repetidamente establecer alli 
un Hospital de Al uj eres, lo que equivalía a conver- 
tir la Residencia en Hospital Mixto, bajo la admi- 
nistración de los Betlemitas. Este proyecto no se 
realizó. En la Casa de Corrección hubo alienadas 
y calabozo para las furiosas, con cadena y cepo, 
hasta el establecimiento de la Convalecencia y su 
transformación en Hospital de Alienadas, donde se 
trasladó de inmediato a las agitadas. 

Además de esta Casa de Corrección, existía la 
la Cárcel de Mujeres (actual calle Victoria entre 
Bolívar y Perú), contigua a la Cárcel General que 
estaba en los bajos del Cabildo. En esa Cárcel de 
Mujeres existió un cuadro o calabozo especial para 
alienadas ; en 1852 había más de 20, que la Sociedad 
de Beneficencia hizo trasladar al Hospital de Mu- 
jeres, donde se formó el patio de dementes, reunién- 
dose alli en dos años más de 60 alienadas, que en 
1854 fueron pasadas a la Convalecencia. 



nal de Mujeres, el Virrey Vértiz "estableció una Casa de 
Corrección, designando al efecto el local que estuvo al cui- 
dado de los expatriados jesuítas y que había costeado y 
dotado un particular para ejercicios espirituales de hom- 
bres. En ella se recogían las mujeres de mal vivir y entre- 
gadas al libertinaje y disolución, donde se dedicaban al tra- 
bajo de su sexo, que fué tan fructuoso que alcanzaba a 
sufragar todos sus gastos de sustentación y vestuario". 
Pknna, ob. cit. 



94 josi INGENIEROS 

VII.— CONJETURAS ESTADÍSTICAS SOBRE LOS 
ALIENADOS DE BUENOS AIRES EN 1810 

Del centenar de enfermos asilados en la Residen- 
cia por el año 1810, "más o menos la mitad eran 
dementes" (varones), entendiéndose por tales a to- 
dos los alienados pobres que no podían andar suel- 
tos ni ser cuidados en sus domicilios (44) . Nin- 
na familia "decente" tenía locos en la Residencia, 
prefiriendo los Conventos o la reclusión en quin- 
tas privadas. 

Por el año 1810, Buenos Aires y su campaña, 
para loo.ooo habitantes, debía tener, aproximada- 
mente 200 alienados hospitalizables, (2 por mil), 
100 varones y 100 mujeres. El número de asilados 
en el Cuadro de Dementes (50) representaba la 
mitad del total de varones ; la otra mitad estaba en 
los conventos y en quintas particulares. Las mu- 
jeres dementes, recluidas en la Casa de Corrección, 
eran muchas menos que los varones recluidos en la 
Residencia; en cambio eran más numerosas en los 
conventos, dado el frecuente contenido religioso de 
la enfermedad y el concepto supersticioso que se 
tenía de la locura. 

Dos terceras partes de los alienados no estaban 
hospitalizados y las costumbres se oponían a ello. 
Aparte del horror y vergüenza que, en general, ins- 
piraban los hospitales, era harto sabido que los tran- 



(44) Algunos agitados estaban presos en el Cabildo y 
varios dementes tranquilos se retenían allí para servicios 
domésticos, en vez de pasarlos al Hospital, 



tA LOCURA ÉN LA ARGENTINA 9S 

quilos no tenían ninguna asistencia médica y los 
furiosos eran "amansados" con violentos medios 
de corrección. 

Los 200 alienados hospitalizables serían el resi- 
duo permanente de 360 casos nuevos (3.6 por mil) 
que se producirían anualmente sobre los 100.000 
habitantes de la ciudad y su campaña. 

De los 180 varones, 80 serían alcoholistas, manía- 
cos, agitados, rápidamente curables ; de los cien res- 
tantes, 40 serían propiamente dementes, 40 melan- 
cólicos y deprimidos, 20 delirantes parciales, sis- 
tematizados y degenerados polimorfos. 

De las 180 mujeres, 40 serían propiamente de- 
mentes, 60 deprimidas y melancólicas, 30 agi- 
tadas y maníacas, 30 delirios místicos y religio- 
sos, 20 delirios parciales, sistematizados, histéricos 
y polimorfos. 

VIH.— DATOS DEL INTERIOR 

En 1762 los religiosos betlemitas comenzaron a 
asistir enfermos en Córdoba. Desde los primeros 
días tuvieron ocasión de curar padecimientos ner- 
viosos y mentales : "una pasión histérica que estaba 
muy deplorada", "varios síntomas, así histérico, 
como llagas", etc. (45) . En el inventario del Hos- 
pital San Roque, efectuado el i' de Mayo de 181 3, 

(45) Félix G.\rzón Maceda: La Medicina en Córdoba, 
vol. III, pág. 125. — Los pocos datos relativos a la asis- 
tencia de alienados en Córdoba los hemos tomado de esa 
excelente obra. 



96 JOSÉ INGENIEROS 

se lee que en el "pasadizo que va al corralón" exis- 
tía "un cuarto contiguo, sin revoque ni piso, de tres 
varas en cuadro, para locos" (46). Las cosas no 
habían cambiado en 1819, pues del inventario efec- 
tuado por Bustos resulta que: "15 — Había un co- 
rralón, al que conducía un pasadizo cubierto, en cu- 
yo trayecto había entre otras dependencias los lu-' 
gares secretos y el cepo con herrajes para locos; 
hasta 1863 subsistió este instrumento" (47). Y sin 
variación se halla en 1826, conforme a un inventa- 
rio levantado por Fray Miguel del Rosario: "En 
el pasadizo que iba al Corralón había una piecita 
para un cepo en el que colocaban los locos" (48). 
Parece que no se ocupaba mucho, sin embargo; en 
las estadísticas de ese tiempo sólo por accidente fi- 
gura algún alienado (49) ; es probable que otros 
figurasen entre los "sin diagnóstico" y que algu- 
nos más estuviesen en la Cárcel, si peligrosos, o va- 
gasen por la ciudad, si tranquilos. Es seguro que 
los de familias decentes, especialmente mujeres, 
eran admitidas en conventos, vieja costumbre de la 
época colonial que persistió hasta la segunda mi- 
tad del siglo XIX. 

En otras ciudades de la República la reclusión 
se hacía en la policía o en los conventos, según el 



(46) 


III, 258. 


(47) 


III, 271. 


(48) 


III, 339- 


(49) 


En 1837 figura i demente sobre un total de 113 



enfermos. (III, 379). 



tA LOCURA ÍN lA ARGENTINA 97 

rango, el sexo y la tranquilidad de los enfermos; 
esta situación se modificó después de 1870, en que 
se estableció la costumbre de enviar los agitados y 
los indigentes a los nuevos manicomios de Buenos 
Aires. 



LOS ALIENADOS DURANTE LA 
REVOLUCIÓN 

I. Los padres Betlemitas dejan los hospitales. — 11. Re- 
forma iniciada por Bernardino Rivadavia. — III. Asun- 
to de la monja loca, Vicenta Alvarez. — IV. El doctor 
Diego Alcorta y su tesis sobre la Manía Aguda. — 
V. Locos populares de la época revolucionaria. 

I.— LOS PADRES BETLEMITAS DEJAN LOS HOSPITALES 

I OS hospitales de Buenos Aires y en general to- 
* — < dos los que existían en el país, sufrieron des- 
pués de la Revolución de 1810, un cambio en la di- 
rección y administración de sus servicios, los cuales 
se hicieron notables a partir del gobierno del Direc- 
tor Don Ignacio Alvarez, quien por un Decreto (11 
Septiembre 1814) con el título de "Reglamento", 
procuró organizar la marcha de estos estableci- 
mientos. Este Decreto llevado a conocimiento del 
Cabildo, fué puesto en seguida en vigencia, origi- 
nándose con este motivo algunas disidencias que 
al fin fueron zanjadas sin mayor dificultad. 

"El Decreto-Reglamento, resumía un conjunto de 
medidas y disposiciones convenientes al mejor fun- 



tA LOCURA ÉN LA ARGEVTIíÍA ^ 

cionamiento de esos hospitales confiados a los reli- 
giosos, pero entre ellas algunas eran de carácter 
fundamental respecto al patronato y superinten- 
dencia de los mismos. 

"Y en efecto, como lo determina el mencionado 
Decreto, los Frailes Betlemitas quedaban de hecho 
separados de la dirección y de la administración de 
los establecimientos que por tanto tiempo se les 
confiara, viniendo a quedar entonces reducidos al 
papel de meros sirvientes del hospital, por cuya 
cuenta se les suministraría todo lo necesario (Art. 
9'), dependiendo de las Comisiones, que con el nom- 
bre de Juntas, ejercerían realmente en adelante la 
superintendencia . 

"Las causas que motivaron este cambio tan radi- 
cal en la administración de los hospitales, se nos 
escapan, tanto más cuanto que los servicios pres- 
tados por los religiosos, fueron, puede decirse, sa- 
tisfactorios y económicos, como que durante cerca 
de 50 años, tuvieron a su cargo la asistencia de los 
enfermos . 

"Se comprende pues, que cuando la Junta, una 
vez constituida resolvió recibirse de los hospitales 
de Santa Catalina Virgen y Mártir y del de la Re- 
sidencia para ponerlos en posesión del administra- 
dor que se había nombrado, los Frayles Prefectos 
de ambos, respondieran que sin consulta de la ve- 
nerable comunidad, no podían proceder a la en- 
trega que se ordenaba; y al efecto, llamada aquélla 
y enterada, manifestó: — "Que en virtud de la pro- 
testa de nulidad que tenían hecha de todo cuanto se 



100 JOSÉ INGENIEROS 

actuase sobre el particular ante el Superior Go- 
bierno y gestiones siibsequenfes, no podía proceder 
a dicha entrega". 

"Sin embargo la resistencia duró muy poco, pues 
un día después y sin duda previa madura reflexión, 
los religiosos cedieron" (i). 

Las causas de este cambio en el manejo de los 
hospitales fueron puramente políticas. Desde la 
época de la expulsión de los Jesuítas era voz públi- 
ca que los Betlemitas eran sus aliados y ello se ale- 
gó en su contra cuando reclamaron la Residencia, 
que fuera de los expulsados, para trasladar el hos- 
pital. Consecuentes con esa complicidad, en 1810 
fueron amigos del partido español y contrarrevo- 
lucionario; no tuvieron la prudencia de ocultar sus 
opiniones y el célebre betlemita Fray José de de las 
Animas apareció como coautor principal del motín 
de Alzaga, tocándole ser ahorcado en la plaza prin- 
cipal de Buenos Aires (2). Desde entonces se pen- 



(i) Penna: ob. cit. II. 

(2) Ver Ingenieros: La evolución de las ideas argenti- 
nas, vol. I, La Revolución, cap. III. — "El gobierno tuvo 
noticias de que los españoles — acaudillados por Alzaga y 
por el provincial de los frailes betlemitas, José de las Ani- 
mas — preparaban un golpe de mano contra el gobierno, 
en combinación con los de Montevideo "cuyo objeto — se- 
gún se desprende del proceso que después se publicó — era 
asesinar o desterrar a los hombres influyentes en la polí- 
tica de esos días; someter a la población nativa al duro 
yugo de la población española; constituir un gobierno pro- 
visorio y dar cuenta de ello a las Cortes de Cádiz o no dar 
cuenta, e investirse él mismo, Alzaga, como director mo- 



LA UOCVÍLA £N' LA ARGENTINA 101 

só en quitarles la administración de los hospitales, 
que habían descuidado al meterse en conspiracio- 
nes contra el gobierno revolucionario. Aprovechán- 
dose de la reacción conservadora que siguió a la caí- 
da de Alvear y duró desde 1815 hasta 1820 (Direc- 
torio de Pueyrredón), los Betlemitas recobraron 
su antiguo rango y siguieron aumentando sus bie- 
nes muebles e inmuebles (3). 



narca". Se descubrió todo, y Rivadavia, como antes Mo- 
reno en igual caso, procedió con energía ; la libertad en pe- 
ligro nunca ha sido salvada con rezos y paños tibios. Basta 
leer el "Manifiesto político-moral" redactado sin duda por 
un fraile, y probablemente por el mismo José de las Animas, 
que se preparaba a tomar "el mando en xefe de la caballe- 
ría", para advertir que Rivadavia fué el salvador de la 
Revolución con su serena firmeza. En los primeros días de 
Julio, después de fusilados, aparecieron colgados en las 
horcas de la plaza Victoria los últimos defensores de Es- 
paña en esta orilla del Plata : un monopolista y un frai- 
le, a manera de símbolos del régimen colonial." 

(3) Según el cuadro publicado en el periódico £/ Cen- 
tinela (Septiembre 22 de 1822) los Betlemitas o Barbones 
eran 7; a pesar del hambre que sufrían los enfermos en 
los hospitales, según las propias y repetidas palabras en 
que apoyaban sus pedidos, habían acumulado una fortuna 
considerable para su tiempo. En 1822, al presentar un esta- 
do de sus bienes intentaron hacer engaño, ocultando su 
mucha riqueza. "Pudiera ser que así se salvasen algunas 
equivocaciones en que han podido incurrir los religiosos 
por su poca práctica en estas materias, como sucedió a los 
Hospitalarios que al último han aparecido con 19.700 pe- 
sos de principales a rédito, con 26 casas, i sitio, i estancia 
y 74 esclavos del valor de 312.772 pesos, y con una quinta 
de 17.000, que hacen el total de 349.472 pesos, etc." 



102 JOSÉ INGENIEROS 

En cumplimiento del decreto de Rivadavia (1822) 
los betlemitas se secularizaron y algunos recibieron 
la pensión que les acordaba el art. 15: "Los hospi- 
talarios que queden fuera de servicio, gozarán, 
mientras residan en la Provincia, de la pensión de 
250 pesos anuales, los que no tengan más de 45 
años de edad, y los que excedan de ella disfruta- 
rán la pensión de 300 pesos anuales". 

El betlemita Mariano Martínez colgó los hábitos 
e ingresó a cursar estudios en la Escuela de Medi- 
cina, graduándose al mismo tiempo que Diego Al- 
corta, en 1827, con una tesis sobre "Operación ce- 
sárea", cuyo manuscrito, con la firma autógrafa 
del autor, se conserva en la Biblioteca de la Fa- 
cultad de Medicina (N' 22510). Aun vivía en Bue- 
nos Aires, en 1864, siendo amigo del Dr. Alba- 
rellos, que lo menciona en sus "Apuntes". 

II.— REFORMA INICIADA POR BERNARDINO RIVADAVIA 

Todos los resortes de la vida pública recibieron 
el benéfico influjo de la gran Reforma acometida 
por Rivadavia. Los servicios de administración sa- 
nitaria y asistencia pública fueron objeto de fun- 
damentales innovaciones, cuyas bases se leen con 
admiración después de un siglo. 

Coincidiendo con la nacionalización de la Iglesia 
y la extinción de los conventos de regulares, lógi- 
co fué que se pensara en dar a los Hospitales una 
administración civil, dirigida por los profesores de 
la naciente Escuela de Medicina, creada al fundarse 
la Universidad. 



LA LOCURA En la ARGENTINA IOS 

La herencia del Protomedicato no era muy bri- 
llante. En su reemplazo se nombró una Comisión 
de estudio de los Hospitales, que en Mayo de 1822 
aconsejó la clausura del Hospital de Santa Catalina 
"porque no es ni puede ser verdadero asilo de la 
humanidad paciente" y la reforma fundamental de 
la Residencia por las "graves irregularidades que 
había notado en éste, y que probablemente databan 
desde la fecha en que el instituto de los religiosos 
Betlemitas, notoriamente degenerado, podía consi- 
derarse extinguido" (4). Lo que más estorbaba en 
la Residencia (Hospital General de Hombres) eran 
los alienados y crónicos, cuyo número crecía de año 
en año. La administración de los Betlemitas fué 
intervenida por una comisión compuesta por el Pro- 
curador General don Diego Zavaleta, el Contador 
Francisco Cañedo y el Catedrático de Clínica doc- 
tor Francisco de Paula Rivero. 

Más tarde, en el célebre decreto sobre "Arreglo 
de la Medicina", se reordenó todo lo relativo a Ad- 
ministración sanitaria y asistencia pública; ese de- 
creto, inspirado en ideas modernas, estableció Mé- 
dicos de Policía, confiándoles el examen de todas 
las personas sometidas a acción policial o judicial. 
El artículo 51 establecía explícitamente que "el 
médico de policía y todo facultativo está obligado 
a expresar el estado moral de las personas sobre 
quienes certifique" (5). 

(4) Informe de la Comisión, en el Registro Oficial, cit. 

(5) Ver: Registro Oficial de la Provincia de Buenos 
Aires. 



104 JOSÉ INGENIEROS 

El 2 de Enero de 1823 Rivadavia dio un Decreto 
creando la Sociedad de Beneficencia y poniendo la 
asistencia de niños y mujeres bajo su contralor ad- 
ministrativo. Hasta esa fecha el Hospital de Mu- 
jeres, el colegio de San Miguel (Casa de Huérfa- 
nas) y la Casa de Expósitos habían dependido de 
la "Hermandad de la Santa Caridad", institución. 
de corte medioeval que desde 1810 había decaído 
progresivamente. Completando el mismo plan se 
resolvió fundar la Sociedad Filantrópica, de caba- 
lleros, para correr con todo lo relativo a hospitales 
y cárceles; esta sociedad se formalizó por Decreto 
del Gobierno en 1828, aunque sólo entró a desem- 
peñar sus tareas en Enero de 1834, siendo García 
ministro de Viamonte. Cesó por decreto de Rosas, 
en 1835. 

Sorprenden por su claridad de vistas los funda- 
mentos que puso Rivadavia a los Decretos relativos 
a la Asistencia Pública, que concebía como un de- 
ber de solidaridad social y no como un favor hacia 
los pobres. En el Decreto del 2 de Enero definió 
en términos admirables la función social de la mu- 
jer; en el discurso pronunciado al instalar la Socie- 
dad de Beneficencia, el 12 de Abril de 1823, demos- 
tró que sabía adelantarse a su época y prever mejor 
que todos el porvenir (6). 

El 25 de Abril de 1823 Rivadavia puso el colegio 
de San Miguel bajo las órdenes de la Sociedad, por 



(6) Ver: Origen y Desenvolvimiento de la Sociedad ds 
Beneficencia de la Capital, Buenos Aires, 1913. Páginas 15 
y 31, respectivamente. 



I,A tOCüRA fiN LA ARGENTINA 105 

intermedio del ministerio de gobierno (7) ; el 30 
del mismo mes le encargó colocar en casas particu- 
lares 29 jóvenes de siete a veinticuatro años de 
edad, que estaban recluidas en la Casa de Ejerci- 
cios; le confió la adjudicación de los Premios a la 
Virtud, que se distribuyeron por vez primera el 26 
de Mayo de 1823 ; puso en sus manos la organiza- 
ción de escuelas para niñas, habiendo 4 antes de 
terminar ese año y multiplicándose después en la 
ciudad y campaña. La Sociedad no se hizo cargo 

(7) La primera "Casa de Recogimiento" de niñas huér- 
fanas y desvalidas funcionó en el edificio del "Hospital 
Militar San Martín", desde 1699 hasta el 6 de Septiembre 
de 1702, fecha en que fué desalojado para ser devuelto a 
su carácter de Hospital. 

En 1755 el vecino Francisco Alvaréz Campana, fundador 
de la '"Hermandad de la Santa Caridad" instaló un nuevo 
colegio para huérfanas, en terreno de la Hermandad ; se 
abrió con 24 asiladas y fué conocido por Colegio San Mi- 
guel. El i.° de Julio de 1822 pasó a ser administrado por 
una comisión nombrada por el gobierno; éste lo ofreció a 
la Sociedad de Beneficencia, que se hizo cargo de su ad- 
ministración el 25 de Abril de 1823, transformándolo en 
una escuela pública regida por el sistema Lancasteriano 
de enseñanza mutua, (sitio contiguo a la actual Iglesia de 
San Miguel). Fué reorganizado en 1828. En 1834 se dis- 
puso su traslado al ex convento de la Merced (sitio actual, 
contiguo a la Iglesia de la Merced), tomando el nombre de 
Colegio de Huérfanas. En 1838 comenzó a decaer, hasta 
1852. A principios de 1853 tenía 153 externas, 82 de las 
cuales pagaban una módica cuota por su instrucción. En 
1854 tenía 260 alumnas, incluso 50 internas. Fué objeto de 
mejoras hasta 1876, en que tomó su nombre actual de 
Casa de Huérfanas. 



106 JOSÉ INGENIEROS 

de la Casa de Expósitos hasta el 20 de Septiembre 
de 1830; el Hospital General de Mujeres continuó 
como dependencia gubernativa hasta el 15 de Mayo 
de 1852, en que se hizo cargo de él la Sociedad. 

Al examinar el desenvolvimiento del Hospital 
General de Hombres hemos indicado la triste situa- 
ción en que se hallaban los ocupantes del famoso 
"Cuadro de Dementes". Fué natural que pensara 
en remediarla una generación de médicos que se 
jactaban de contar entre sus nuevos maestros a 
Pinel. 

Durante la Reforma se pensó fundar una Casa 
de Orates y un Asilo de Crónicos o Incurables. 
"Los enfermos crónicos, los dementes, que insensi- 
blemente se iban acumulando en el único hospital 
de hombres que existía, habían hecho sentir ya la 
necesidad de instalar establecimientos especiales que 
los separaran de los demás enfermos y, como tal 
anhelo constituía por entonces una verdadera uto- 
pía, la urgencia de ensanchar y de ampliar el único 
hospital de hombres con que esta ciudad contaba 
era la mayor preocupación de sus gobernantes" (8). 
Estos propósitos cayeron en olvido al terminar su 
gobierno. Los servicios de asistencia social volvie- 
ron a su antiguo estado durante la tiranía, cuyo es- 
píritu conservador y clerical borró con mano des- 
piadada las más bellas creaciones de la época de 
Rivadavia (9). 

(8) Ver Penna: Ob. cit., II, 88. 

(9) "Entre las medidas filantrópicas que adoptó Ri- 
vadavia, se encuentra la supresión de la exposición de pre- 



LA LOCURA EN LA ARGENTINA 107 

'' III.— ASUNTO DE LA MONJA LOCA, VICENTA ALVAREZ 

La primera cuestión sensacional motivada en el 
país por un caso psiquiátrico coincidió con el debate 
de la reforma eclesiástica. Resuelto a emprender 
la higienización moral de los conventos, caídos noto- 
riamente en el desorden y la corrupción, el gobierno 
envió una minuta a la Sala de Representantes, que 
fué leída el g de Octubre de 1822; acto continuo el 
diputado Irigoyen propuso que la reforma se ex- 
tendiera a los Monasterios, "esos asilos tenebrosos, 
donde tienen su trono la superstición cruel, la es- 
pantosa miseria y el despotismo tanto más atroz y 
horroroso, cuanto se ejercita por sistema, por cons- 
titución y por piedad. — En el día, señores, existe 
una monja en el Convento de Catalinas, víctima de 
una convulsión histérica, o sea frenesí. Esta enfer- 
medad es periódica, y le asalta precisamente en 
aquellas estaciones en que nuestra especie, como 
toda la naturaleza, aspira a regenerarse. Todos los 
síntomas manifiestan que el origen de la enferme- 



sidiarios cargados de cadenas que se colocaban el jueves 
santo a pedir limosna al lado de una mesa en las puertas de 
las iglesias. 

"También se suprimió el afligente espectáculo de ver en 
las calles, delincuentes montados a caballo, azotados por 
mano del verdugo, en cumplimiento de alguna sentencia 
judicial. Estos eran legados de los antiguos usos de la co- 
lonia española, que ya chocaban con el adelanto e ilustración 
de la época. También se mandó no llevar los presos enca- 
denados a los trabajos públicos." — J. E. Wilde, ob. cit., 
cap. XXVI. 



108 JOSÉ INGENIItROS 

dad está en los principios físicos de su constitu- 
ción. Muchas otras hay a quienes falta muy poco 
para tocar ese extremo de desesperación. Y ¿sere- 
mos tan insensibles que miremos con indiferencia 
estos horrores? Y ¿no alargaremos a estas infeli- 
ces una mano bienhechora? Señore'^, conozco el im- 
perio de nuestras preocup: ' .,.es, fruto amargo dé 
nuestra perniciosa educación; conozco el respeto 
que ellas merecen ; pero creo también que es llegado 
ya el caso de empezar a atacarlas con firmeza, a 
minar sus fundamentos para que desaparezcan de 
entre nosotros para siempre. Quizás nos acarreare- 
mos una Censura momentánea, pero recibiremos en 
recompensa las bendiciones de esas almas virtuosas 
y el aplauso duradero de la posteridad". No debían 
ser supuestos los motivos, pues la moción de Irigo- 
yen fué apoyada por el canónigo Julián Segundo de 
Agüero a fin de que pasara a la Comisión de Legis- 
lación (lo). 

La denuncia del diputado Irigoyen, que dijo en 
la Sala muchas más palabras que las consignadas 
en el Acta, provocó cierta inquietud en la ciudad 
entera y obligó al gobierno a intervenir en el Mo- 
nasterio de Monjas Catalinas. Antes de las cuaren- 
ta y ocho horas, el ii de Octubre, se nombró cuatro 
comisionados de campanillas, que fueron el Pre- 
fecto de Medicina D. Juan Antonio Fernández, el 
médico de Policía D. Pedro Rojas, el médico del 



(lo) Ver Diario de Sesiones de la Sala de Represen- 
tantes, sesión del 9 de Octubre. — Bl Centinela, vol. I, 
pág. 193- 



LA WCtJRA EX LA ARGENTINA 109 

mismo Monasterio D. Matías Rivero y el Sr. Go- 
bernador del Obispado, para que pasasen "a exa- 
minar el estado físico y moral de la mujer Sor Vi- 
centa Alvarez". La comisión reunía los requisitos 
de competencia e imparcialidad indispensables en 
aquella época de exaltación que había sembrado en 
el pueblo una verdadera guerra civil por asuntos 
religiosos. Tan urgente pareció el asunto que el 
mismo día de su nombramiento la Comisión cum- 
plió sus tareas, pasando el 12 de Octubre un infor- 
me escrito al gobierno, del que resulta: 

"Que la precitada religiosa padece una manía pe- 
riódica con delirios, en cuyos intervalos, que son 
irregulares y más o menos largos, vuelve a gozar 
del uso de su razón, quedando solamente un estado 
exaltado de su sensibilidad, que se deja notar por 
una susceptibilidad extrema de las impresiones de 
todo género, y una locuacidad que no es propia en 
las personas del claustro; tal era su estado ayer — 
agregan — cuando practicamos el reconocimiento; 
ella nos hizo una pintura exacta de sus paroxismos 
y de su enfermedad, que en seguida fué confirmada 
por la superiora de la casa, y que es tanto más cier- 
ta, cuanto que es conforme a la observación que 
hizo de ellas el año pasado de 1819 uno de los indi- 
viduos que tienen el honor de subscribir". 

"Su físico está bastante deteriorado, pero sus 
funciones arregladas, y no aparece ninguna altera- 
ción profunda de ellas". 

"En el examen de las causas de su enfermedad 
no hemos podido apreciar ninguna física, a que po- 



130 José ingenieros 

derlo atribuir primitivamente. Son los deseos con- 
trariados de su exclaustración, como ella misma se 
ha expresado, los que, apoderándose fuertemente 
de su imaginación, han excitado combates interio- 
res y emociones vivas, bastantes a inducir el tras- 
torno de su razón. Ellos manteniendo su moral en 
un estado de violencia y detención, por explicarnos 
así, la predisponen singularmente a sufrir los ata- 
ques de manía, cuando el influjo de la estación o de 
otras circunstancias particulares, capaces de conmo- 
ver su físico o su moral, se dejan percibir". 

"En una época en que se han hecho tantas y tan 
bellas aplicaciones de la metafísica a la medicina, y 
en que las enfermedades del espíritu se han estu- 
diado filosóficamente, casi del mismo modo que las 
del cuerpo, es por demás decir que la razón y la 
experiencia conspiran a señalar el único tratamien- 
to capaz de curar a la enferma de que se trata, o 
al menos de evitar que los ataques, disminuyendo 
progresivamente sus intervalos, hagan presentarse 
la manía bajo la forma de continua; tal es el trata- 
miento moral. Si éste debe siempre establecerse, 
aun cuando la manía es producida por causas físi- 
cas, debe adoptarse con preferencia, cuando ella es 
el efecto puramente de morales. Satisfacer sus de- 
seos debe ser la primera indicación, la exclaustra- 
ción, que, como hemos dicho anteriormente, es el 
único objeto de ellas, es el primero y único médico 
de llenarla. Además, en sus ataques de manía ha 
sufrido en el convento tratamientos duros y violen- 
tos ; a los medios de dulzura, benevolencia y amis- 



tA LOCURA EK LA AKGENflNA lU 

tad que demanda en estos casos una medicina es- 
clarecida, se han substituido la aspereza, las repre- 
siones prolongadas, la cárcel, el cepo, etc. Es por 
esto que los claustros son para ella un objeto de 
odio y de terror y es demasiado sabido, cuanto im- 
porta separar de la vista de los maníacos, todo lo 
que pueda afectarles vivamente a conmover sus pa- 
siones. En resumen, el corazón de esta desgracia- 
da, Excmo- Señor, está herido de la desesperación ; 
y es en él, donde inmediatamente debe la mano bien- 
hechora de V. E. derramar el bálsamo del consuelo: 
ella nos lo ha pedido expresamente, y nosotros no 
llenaríamos los sagrados deberes de nuestro minis- 
terio si no nos avanzásemos a elevar esta súplica 
a V. E.". 

El informe llevaba la firma conteste de los tres 
facultativos y nada tuvo que objetar a su estricta 
exactitud el señor Gobernador del Obispado. Sin 
demora, el 14 de Octubre el Gobierno lo pasó al 
venerable Deán y Cabildo Eclesiástico, encargado 
del gobierno de la Diócesis, ordenándole previniera 
a la Priora del Monasterio que se abstuviera de todo 
mal tratamiento hacia la infortunada Sor Vicenta, 
y para que el Cabildo informase lo que a su juicio 
debía practicar el Gobierno "para llenar el primero 
de sus deberes : el de proteger a todos los individuos 
del Estado". 

Aunque esta legítima ingerencia del Estado en 
asuntos conventuales no dejó de lastimar suscepti- 
bilidades fundadas en las costumbres que se perpe- 
tuaban desde 1" época colonial, el día 18 el venera- 



112 JOSÉ INGENIEROS 

ble Deán y Cabildo evacuó su informe, un tanto a 
regañadientes. 

Además de hacer algunas reflexiones sobre el in- 
forme de los facultativos, refiere el resultado de sus 
propias investigaciones sobre la locura de Sor Vi- 
centa. De ellas resulta que la monja "padece en 
ciertos períodos del año una exaltación tan desme- 
dida de su sensibilidad, que como frenética se arro- 
ja a los claustros, asusta a sus compañeras, y las 
escandaliza tanto en sus acciones y palabras, que a 
pesar de su mansedumbre y caridad se han visto 
muchas veces en la dura y sensible precisión de en- 
carcelarla, hasta que calma algún tanto el frenesí 
de que es agitada ; siendo muy notable — agrega — 
que la misma enferma ha pedido en varias ocasio- 
nes su encarcelamiento, conociendo que iba a pade- 
cer esos transportes de que no es dueña, ni puede 
evitar". A pesar de estas reservas, dirigidas a jus- 
tificar los hechos ocurridos, el Cabildo Eclesiástico 
reconoció que era necesaria la exclaustración de la 
monja, opinando que, dadas las dificultades admi- 
nistrativas porque se pasaba, era innecesario que el 
diocesano calificara por sí la suficiencia o insuficien- 
cia de las causas, dándolas de hecho como suficien- 
tes para que la monja saliera a curarse a la casa 
de sus padres, por el tiempo que fuese necesario 
para su restablecimiento. 

En suma, el Cabildo aconsejaba la exclaustración 
de hecho, reservándose arreglar posteriormente la 
cuestión de derecho canónico, a cuyo efecto indica- 
ba que la monja Sor Vicenta "había hecho su pro- 



LA LOCURA EN LA ARGENTINA 113 

fesión con conocidos votos de nulidad". Sobre este 
punto el Gobierno pasó el informe al Procurador 
General del Estado y contestó al Cabildo Eclesiás- 
tico que procediese a hacer efectiva la exclaustra- 
ción. El 21 de Octubre a las siete de la noche salió 
la monja del monasterio y fué entregada a su se- 
ñora madre doña Ana María Perdriel. 

El periódico "El Centinela", al hacer públicas las 
tramitaciones seguidas en este ruidosísimo asunto, 
terminó con las siguientes palabras de alabanza a su 
promotor: "Nosotros no queremos detenemos aho- 
ra en aplaudir el celo de ambas autoridades, ni la 
circunspección con que se han expedido en este ne- 
gocio delicado ; lo que sí nos parece del caso es, ha- 
cer notar el juicio que debe formarse de la exposi- 
ción de motivos sobre la petición general hecha por 
el Sr. Irigoyen, después de haber resultado com- 
probado en todas sus partes el hecho particular que 
alegó para elevar más el mérito de sus clamores filo- 
sóficos. Cuando una causa se defiende de este mo- 
do, ella no sólo honra al abogado, sino que le dis- 
pone un triunfo decisivo, y nosotros creemos que 
el Sr. Irigoyen lo reportará por recompensa a la 
valentía con que se produjo, y a las nobles inten- 
ciones con que sin duda fué conducido a abrir la 
discusión sobre la reforma eclesiástica, de un modo 
tan luminoso" (ii). 



(ii) El Centinela: Núm. 14, Octubre 27 de 1822. (Vol. 
I. pág. 220 y sigs). 



114 JOSÉ INGENIEROS 

IV.— Ely DOCTOR DIEGO ALCORTA Y SU TESIS 
SOBRE LA manía AGUDA 

Con la Revolución habían penetrado a la ense- 
ñanza las doctrinas psicológicas de los Ideólo- 
gos (12), continuadores de Condillac y de los En- 
ciclopedistas. Educado en las ideas modernísimas 
de su maestro Cosme Argerich, apareció en la vida 
universitaria un joven médico que en 1828 llegó a 
ocupar la cátedra de filosofía: Diego Alcorta. 

Este joven había nacido en Buenos Aires en 1801, 
de humilde origen. Tal era su pobreza que no hu- 
biera podido cursar sus estudios en la Escuela de 
Medicina sin la ayuda de personas que le ofrecie- 
ron generoso apoyo, inducidas a ello por la viveza 
de su ingenio, tempranamente revelado. 

Su amplitud de ideas le inclinó desde los prime- 
ros años hacia el estudio de la fisiología y la pato- 
logía mental, graduándose en 1827 con una tesis so- 
bre la manía aguda, primer ensayo de psiquiatría 
escrito por un argentino y publicado en el país. No 
diremos que fueran profundas ni originales las doc- 
trinas sostenidas en ese trabajo primerizo. Revela- 
ban, sí, sagaz discernimiento, inspirándose en lo que 
era por entonces la mayor novedad en esa ciencia; 
trasuntaban las ideas que Pinel había agitado en 
Francia, para redimir a los alienados de las cade- 
nas con que los venían cargando, desde varios si- 
glos, las preocupaciones religiosas. 

A través del alienista mencionado, que pertenecía 

(12) Ver Ingenieros: Ob. cit., vol. I, pág. 379 a 433. 



LA WCUKA EN LA ARGENTINA 115 

a la escuela de los ideólogos, y de Cabanis, cuyas 
doctrinas sobre las relaciones entre el cuerpo y la 
mente habia difundido ya Cosme Argerich, profesor 
suyo, se interesó Alcorta por los problemas filosófi- 
cos que se agitaban en la Universidad. Con motivo 
de haber renunciado Fernández de Agüero, llamóse 
a concurso para proveer la cátedra de "Ideología", 
obteniéndola Diego Alcorta por unanimidad. 

Su nombramiento confirma que el nuevo espíritu 
científico, difundido en la época de Rivadavia, no 
se había apagado totalmente con su renuncia ; la 
idea de que la observación y la experiencia son los 
únicos caminos seguros de la verdad, había pene- 
trado en el ambiente universitario. 

El hecho de confiar una cátedra de filosofía a un 
médico, frecuente hoy entre nosotros, era casi in- 
concebible en esa época, aun en Europa. Conside- 
rábase al profesor de filosofía como un hábil dialéc- 
tico consagrado a explicar toda cuestión que fuera 
evidentemente inexplicable, reuniéndose tales cues- 
tiones con el nombre de metafísica; admitíase, en 
algunos casos, que tuviera el filosofista algún ba- 
rrunto de ciencias, pero se descontaba que serían 
ciencias matemáticas, y nunca ciencias biológicas, 
sociales o físico-naturales. 

Con Alcorta la enseñanza de la filosofía se man- 
tuvo ideologista, con más de Cabanis que de Tracy. 
La psicología pasó a ser fundamento de las otras 
disciplinas filosóficas, apartándose el profesor de 
los problemas dialécticos que por ese entonces cons- 
tituían la metafísica. Alcorta imprimió a la psico- 



116 



JOSÉ INGENIEROS 



logia un sello marcadamente fisiológico, acordando 
especial importancia al estudio de los órganos de 
los sentidos; adviértese fácilmente que nunca per- 
dió su contacto con los adelantos de la ciencia eu- 
ropea. 

Ha pocos años publicó Groussac los apuntes de 
un "Curso" de Diego Alcorta; su lectura muestra 
que en el fondo, sus lecciones eran tan "impías y 
heréticas" como las que habían obligado a renun- 
ciar a su antecesor Fernández de Agüero ; revelan, 
evidentemente, mayor tecnicismo médico, pero me- 
nos vuelo filosófico, faltándoles el estilo incisivo y 
punzante con que el otro las expresaba. 

Además de los autores médicos que habían orien- 
tado sus doctrinas, Diego Alcorta conocía a Locke, 
a Bonnet y a algunos de los enciclopedistas. No era 
propiamente erudito, y de los filósofos antiguos sa- 
bía muy poco; para colmar esa laguna le bastaba 
con la lectura de la "Historia de la Filosofía", por 
De Gérando, autor intermediario entre la ideología 
y el eclecticismo, que alcanzó a conocer. 

Este médico ilustre habría sido el hombre indica- 
do para modificar la asistencia de los alienados en 
Buenos Aires; la tiranía de Rosas le apartó de 3U 
vocación inicial, induciéndole a hablar con pruden- 
cia de sus ideas psicológicas, sospechosas de "here- 
jía", como en los tiempos coloniales (13). 



(13) Sobre Diego Alcorta ver Juan M. Gutiéhíibi:: 
Origen y desarrollo de la Bnseñansa Pública Superior; 
Groussac: Estudios Históricos, vol. I; Ingeniíros: Ob. 
cit., I, 429 a 43. 



LA LOCtTBA EX LA ARGENTINA 117 

V.— LOCOS POPULARES DE LA ÉPOCA REVOLUCIONARIA 

En la primera década de la Revolución tuvieron 
bastante popularidad dos locos cuya especialidad 
consistía en recitar versos y circular papeles anóni- 
mos, en que desahogaban su malignidad los vecinos 
más apasionados. 

El Mudo de los Patricios era "un idiota tarta- 
mudo que vivía pegado a la puerta del Cuartel de 
los Patricios y que marchaba inconscientemente, co- 
mo hacía todas las cosas, a la cabeza de los cuerpos, 
hasta en los momentos del fuego de los comba- 
tes (14). Acostumbraba acompañar sus recitados 
con toques de bombo y platillo de su invención, gol- 
peándose el vientre brutalmente cuando terminaba 
algún párrafo o estrofa de sabrosa malignidad. La 
tartamudez incorregible de que padecía, y que los 
autores aprovechaban para obtener un color origi- 
nal de sus interrupciones de párrafos y palabras, 
dotaba al recitado, con tal intencionada solución 
de continuidad, de puntas envenenadas. 

"Tartas parecía más trascendental porque era 
menos bruto y ponía mayor intención en las alu- 
siones. Así también le costaba. Toda su resistencia 
física, y era mucha, no pudo impedir el escarmien- 
to que le aplicara el famoso Beruti, dejándolo mudo 
por mucho tiempo a fuerza de palos. Desde enton- 
ces él mismo clasificaba de solfas berutinas a este 
modo ejecutivo de vengar insolencias y diatribas. 



(14) V. F. LfóPíz: HiftoriQ Argentina, IX, 361. 



118 JOSÉ INGENIfiROS 

cuya comisión aceptaba por hambre más que por 
maldad" (15). 

Merecen pasar a la historia dos populares alie- 
nados que tuvieron cierta figuración literaria y has-, 
ta política. 

El uno, don Vicente Virgil, era italiano y había 
venido al país por el año 1813, relacionándose de 
inmediato con los periodistas de ese tiempo, que ha- 
llaban solaz en los disparates y locuras de este hom- 
bre tan ilustrado como irresponsable. Por lo que 
tenía de cuerdo mereció una cátedra de retórica y 
latín en el Colegio, desempeñándola con amena 
competencia. Por el año 1820 era "amigóte" de 
Juan Manuel de Rosas, quien le invitó a concurrir 
al Cabildo Abierto celebrado en la Iglesia de San 
Ignacio, para secundar a don Nicolás de Anchorena 
contra los federales dorreguistas ; parece que el ri- 
sueño catedrático desempeñó a lo vivo su papel, 
pues entre los gritos y desórdenes "apareció en el 
pulpito la larga y escuálida figura de don Vicente 
Virgil, quien desfogando la frailomanía que lo do- 
minaba, creyó oportuno el momento para hablar 
acerca de las bárbaras preocupaciones en virtud de 
las cuales se encendían velas a los santos de palo, 
en circunstancias en que el pueblo soberano se re- 
unía para deliberar". Tuvo polémicas en verso, 
ofendió a muchos y por otros tantos fué ofendido; 



(15) Ramos Mejía: Ko$qs y s^ tiempo, \l, 69, 



LA IXKTURA EX LA ARGENTINA 119 

una vez hizo circular octavas furiosamente anticle- 
ricales, que le valieron ver cerrada su aula en el 
Colegio y tener que fugar del mismo, abriéndose 
paso a puñadas. En 183 1 le metieron en la cárcel y 
hubo de ser desterrado, por influencias clericales; 
el entonces coronel Rosas intercedió en favor de 
Virgil, a condición que no volviera a escribir diatri- 
bas contra las autoridades eclesiásticas (16). 



(16) A. Saldías: Historia de ¡a Confederación- Argen- 
tina, vol. I, cap. IV, publica en una nota los siguientes 
fragmentos de cartas dirigidas por Virgil a Rosas, narrán- 
dole sus últimas aventuras y desventuras. Agosto 14 de 
1821 : "Las octavas que debían por su utilidad ser respe- 
tadas, me han proporcionado casi la muerte por culpa del 
vicerrector. Este malvado me hizo cerrar la puerta de mi 
Academia mientras instruía a mis alumnos; me hizo con 
traición entender que pasara por los claustros interiores 
del Colegio; allí estaba preparada la conjuración de clé- 
rigos; empezaron a proferir las más infames palabras, 
que habrían terminado en tragedia si yo las hubiera res- 
pondido; guardé un silencio firme; un golpe de audacia 
me hizo ganar las escaleras y a trompadas hacerme abrir 
la puerta que guardaba un negro gigantáceo." Ese golpe 
de audacia no le fué propicio, porque en Noviembre del 
mismo año escribía al coronel Rosas: "La ofendida jus- 
ticia, la humildad ultrajada, la humillada razón, la expresa 
inocencia, Virgil, por la última vez lo llama. Este decidi- 
do enemigo de la tiranía, este honrado extranjero que ha 
vivido ocho años en América, jurando por su causa sagra- 
da, gastando su poca fortuna en hospitales y huérfanos, 
enseñando a respetables niños y niñas..., ya fué arranca- 
do a su hogar pacífico y entregado exabrupto a Zapiola, 
para guardarlo en presidio y arrojarlo en el primer buque 
para tierra lejana de ésta su electa patria. Ya este hombre 
está prófugo para librarse de las más negras insidias, b^- 



120 JOSÉ INGENIEROS 

Más popular, y de actuación más destacada, fué 
el célebre Padre Castañeda; el doctor José M. Ra- 
mos Mejía se había propuesto estudiar su persona- 
lidad psiquiátrica con el diagnóstico de "perseguido- 
perseguidor", en la segunda serie de Las neurosis 
de los hombres célebres, que no escribió. 

Nos hemos ocupado ya con alguna extensión de 
este famoso insano (17); recordaremos aquí algu- 
nos datos sobre su morbosa psicología. "La figura 
más pintoresca del periodismo católico, antes y des- 
pués de la Reforma Eclesiástica, fué un lunático 
franciscano, atrayente por las rabelesianas licencias 
de su prosa y audaz en la medida de su irresponsa- 
bilidad. Con inverecundo estilo y acierto inigualado 
para dar escándalo, contrájose a necear contra los 
políticos descollantes de su tiempo; si por casuali- 
dad loaba a alguno, era, sin duda, en contra de 
otros. Insolente sin perversión y pornográfico sin 
vicios, dio con sus hebdomadarios los mayores trom- 
petazos oídos en la historia de la prensa argentina; 
pero su falta de juicio le apartó de toda elemental 
decencia y sus pasquines fueron el hozadero de los 
envidiosos. Sobra sal en sus escritos, pero siempre 
es gruesa; arranca a menudo la carcajada, nunca la 
sonrisa. Aunque desciende a veces hasta lo soez, 



jo pretexto de unas patrióticas octavas, y de unas expre- 
siones inocentes e inambiciosas contra tres embrollones 
que profanaban el nombre de Dorrego en la reunión de San 
Ignacio, a la cual asistí por invitación de usted, etc." 

(17) Ver Ingenieros: La Evolución de las ideas ar- 
gentinas, parte I, La Revolución, cap. V, párrafo III, 



LA LOCURA EX t\ ARGENTINA 



121 



no deja de cascabelear en sus apostrofes cierta bu- 
fonería truculenta que invita a disculparle, como si 
en todo ello tuviera la malicia menos parte que la 
ingenuidad. Instrumento del partido adverso a la 
Revolución, lo sirvió durante tres lustros con más 
vehemencia que eficacia ; tenía ya cuarenta años 
cuando se mezcló en la brega". 

"A pesar de ciertos asomos de sensatez, poco te- 
nía de cuerdo, ciertamente ; y al principio se le miró 
con risueña simpatía, ya que el hábito franciscano 
daba más picaresco sabor a su oratoria macarróni- 
ca". "Con poco sentido crítico suele alabarse el pa- 
triotismo inicial de Castañeda, sin advertir que el 
seráfico restaurador solía hablar de patria refirién- 
dose a España contra la Argentina y a Fernan- 
do VII contra la Revolución americana... Su fe 
política era el patriotismo de los restauradores apos- 
tólicos : Fernando VII, el Sumo Pontífice, la Santa 
Alianza...". En 1817, "el intranquilo Castañeda 
sospechó que los "logistas" y "ateístas" se abrirían 
camino de nuevo, amparados por la condescenden- 
cia de Pueyrredón, y emprendió su campaña contra 
la herejía con una audacia sólo explicable por su 
desequilibrio. Justo es decir que le estimulaban 
otros sacerdotes más respetables y precavidos, que 
no osaban dar la cara y se valían de él para descon- 
ceptuar los principios liberales de la Revolución". 
Después de la renuncia de Pueyrredón, en 1819, 
"el desequilibrio de Castañeda salvó los límites de 
la locura y su vida pública fué un trasunto tragi- 
cómico del delirio de persecuciones contra el desor- 



122 JOSÉ INGENIEROS 

den y la herejía, que creyó diabólicamente encarna- 
dos en los gauchos federales. Una de sus más cons- 
tantes manías fué la de fundar periódicos, llegando 
a editar ocho al mismo tiempo; en todos, junto con 
chispazos de agudísimo ingenio, se advierte la pro- 
gresiva desorganización de su personalidad moral. 

"La anarquía del Año XX le indujo a concentrar 
sus artillerías de papel contra los gauchos "federi- 
montoneros", sin respetar por eso a los porteños 
que no comulgaban con la facción apostólica, deni- 
grándolos en sus vidas privadas y mancillando el 
sagrario de sus hogares. 

"¿Cómo defenderse del insano? La Gaceta, obli- 
gada a guardar las formas por su mismo carácter 
oficioso, creía posible vencerlo con el arma única 
del silencio; llegó un momento en que estalló, dan- 
do a luz la indignada carta de un oficial del ejérci- 
to, ofendido por el deslenguado francisco...". Po- 
co tiempo después "Castañeda escribía cartas insul- 
tantes al R. P. Provincial del Convento de San 
Francisco ; había estado ya preso en la Guardia de 
Lujan; ofendía con su lenguaje al Provisor del 
Obispado; daba golpes y lesionaba a pobres muje- 
res que venían a cobrarle alguna cuenta; sus ofen- 
sas a la dignidad de las personas más visibles impo- 
nía formarle procesos que hubieran avergonzado al 
último de los truhanes. 

"El gobierno, por razones de elemental decencia, 
le prohibió editar pasquines y pidió al Provincial 
de los franciscanos que le mantuviese recluido en 
gi; convento; creyó que el desgraciado se a,rrepenti^ 



LA UICURA EX LA ARGENTINA 123 

ría, confundiendo con malsana pasión lo que era ya 
incurable enfermedad mental. El 26 de Febrero de 
1821, el gobernador Martín Rodríguez, que no era 
jacobino ni federal, pero tampoco alienista, resolvió 
levantarle la prohibición de publicar periódicos. Po- 
co tardó en lamentarlo. El 15 de Septiembre de 
1 82 1 la Junta de Representantes le prohibió escribir 
periódicos y le desterró a Kaquel, donde tuvo opor- 
tunidad de reñir con un famoso estanciero que ha- 
bía inventado una religión herética para el aprove- 
chamiento comercial de los indios. Regresó a Bue- 
nos Aires, publicó nuevos pasquines y fué acusado, 
mereciendo que le condenaran a cuatro años de des- 
tierro, a Patagones. Se libró con una fuga oportu- 
na. "Aunque armó gran baraúnda, fué muy exigua 
la eficacia política de Castañeda. Los mismos reac- 
cionarios que antes le alentaran, negáronse a solida- 
rizarse con sus escritos "puti-republicadores", en 
que se imitaban todas las bellaquerías pornográficas 
puestas en boga, en España, por los pasquineros 
apostólicos durante la Restauración ; porque esa 
fué, aunque lo ignoren los que alaban su originali- 
dad literaria, la fuente inmediata de su inspiración: 
desde los títulos truculentos hasta la adjetivación 
de lupanar, 

"Sería injusto negarle ingenio literario y desco- 
nocerle aptitudes de polemista; pero no lo sería 
menos creer que esas cualidades pueden confundir- 
se con el patriotismo o con la moralidad, atributos 
que nunca adornaron su conducta. Se mezcló a la 
vida pública cuando el partido revolucionario fué 



124 JOSÉ INGENIEROS 

vencido por el conservador; fué empujado por los 
apostólicos y bregó por ellos después de su caída; 
poco después, se lanzó a la prensa "cuando empe- 
zaron a traducirse en práctica las ideas nuevas, que 
divulgaban y hacían carne los órganos legítimos de 
la opinión, reaccionaria a todos los vientos del plan 
político, social y religioso a que la tenía sujeto el 
coloniaje", como observa Saldías. Castañeda fué 
turbulento y agitado; pero no en favor de la Revo- 
lución, sino contra ella. Desempeñó aquí el mismo 
papel de chispero que el padre Vinuesa en España ; 
de éste, que fué, como el nuestro, indecente y pro- 
caz, cultivando análogo género de pasquines crimi- 
nales, hizo justicia sumaria el pueblo de Madrid. 

"Castañeda no le iba en zaga a su modelo penin- 
sular, pero no corrió tan graves peligros y aun dis- 
frutó de esa jocunda popularidad que en las aldeas 
suele rodear a los locos amenos ; sus víctimas nunca 
pasaron de infligirle amonestaciones o destierros. 
Este pobre alienado, cuya vespasiánica literatura 
admiraron los simpatizantes de la Restauración, 
fué el irresponsable instrumento del partido apos- 
iólico que se organizaba en la sombra; correspónde- 
le el triste privilegio de haber introducido, a la vez, 
la cosa y el nombre : en sus diarios, fielmente calca- 
dos sobre los similares españoles, aparece la clasi- 
ficación de "apostólicos" y de "ejércitos de la fe", 
así como el famoso "¡religión o muerte!" recogido 
en sus banderas por Facundo Quiroga". 

"El exaltado fraile había concretado el programa 



lA M)CURA EN LA ARGENTINA 



125 



de los apostólicos locales y su imprudencia manico- 
mial le hacía escribir apostrofes sediciosos..." 

"En su curiosa teurgia explicó el fracaso unitario 
como consecuencia del ateísmo y entrevio, clara- 
mente, en el titulado federalismo rosista, la restau- 
ración de sus ideales religiosos, a los que se mantu- 
vo más fiel en la política militante que en la doctri- 
na. En Paraná, el 12 de Mayo de 1832, falleció en 
circunstancias singulares, asaltado y mordido por 
uno o más perros cimarrones. Se dijo que el fraile 
Castañeda había muerto "comido por los perros", 
cruel broche con que vino a cerrarse la biografía de 
este franciscano delirante, substraído a la protec- 
ción del asilo por la turbulencia de los tiempos." 



LOS ALIENADOS EN LA ÉPOCA DE ROSAS 

I. Los servicios de asistencia pública. — 11. Tratamiento 
de los alienados. — III. El terror y la locura. — IV. 
Los locos de Palermo. — V. Los locos propagandistas. 
— VI. Concepto político de la locura. 

I.— LOS SERVICIOS DE ASISTENCIA PUBI^ICA 

CIRCUNSTANCIAS económicas y sociales bien cono- 
cidas concurrieron durante la tiranía para que 
fuesen desamparados todos los servicios de benefi- 
cencia y medicina pública. Las dos instituciones civi- 
les, habilitadas por Rivadavia y por García, langui- 
decieron. Rosas, por un decreto, hizo cesar en 1835 
la Sociedad Filantrópica; al mismo tiempo presionó 
las escuelas regidas por la Sociedad de Beneficen- 
cia (i), hasta que en 1838 les retiró todo recurso, 



(i) "La resolución del Superior Gobierno por la cual 
se dispuso que todas las maestras a cargo de las escuelas 
de la Sociedad, debían ser adictas a la Federación, y el 
juramento de adhesión a esa llamada "Santa Causa" que 
las obligó a prestar en el mes de Octubre de 1835, como 
medida previa al desempeño de sus funciones, fué la ba- 
se de la limitación de los servicios de la Sociedad, pues no 
sólo se vio privada del contingente de algunas maestras, 
sino también, en la necesidad de cerrar dos escuelas para 
cuya dirección no encontró maestras que previamente qui- 



1^ IfíCXmA EX LA ARGENTINA 127 

mandando que cesaran si no podían sostenerse con 
limosnas de particulares (2). La Sociedad efectua- 
ba, desde Mayo de 1833, una inspección del vestua- 
rio y racionamiento de los presos de la cárcel públi- 
ca ; suspendióse este servicio en Abril de 1836. Dos 
2 ños más tarde, Rosas economizó totalmente los re- 
cursos destinados a la Casa de Expósitos, ordenan- 
do que los niños existentes fuesen distribuidos entre 
las personas que tuviesen la caridad de recibir- 
los (3). El Hospital de ^Mujeres quedó librado, 
igualmente, a la limosna de los vecinos. El Colegio 
de Huérfanas, trasladado en 1834 de San Miguel a 
La Merced, se salvó del naufragio porque tenía mu- 
chas alumnas que pagaban una buena pensión y cos- 
teaban lo más de sus gastos; algunas damas federa- 
les continuaron ocupándose del establecimiento, 
desde 1838 hasta 1852, previa adopción por sus 
aliminas del uniforme impuesto por decreto del Mi- 
nisterio de Gobierno (4). Las demás escuelas, en 
1842, pasaron a depender de la Policía. 



sieran someterse a las exigencias del Gobierno." — So- 
ciedad de Beneficencia, oh. cit., pág. 54. 

(2) ídem, pág. 57. 

(3) ídem, pág. 273. 

(4) "El vestido será para el verano, dentro de casa, de 
listado que no tenga nada de celeste ni verde ; y de saraza 
en invierno, con las mismas calidades, debiendo usar el 
blanco en los días de función, esclavina punzó, pañuelo de 
una y tercia vara en el invierno de lanilla punzó, y en ve- 
rano de espumilla del mismo color, llevando un moño, tam- 
bién punzó, al lado izquierdo de la cabeza, en todo tiem- 
po." (1835). 



128 JOSÉ INGENIEROS 

Los Hospitales y Cárceles que hubieron de ser 
administrados por la Sociedad Filantrópica no ga- 
naron, en 1835, al volver a manos del gobierno. No 
exagera, pues, el doctor Penna, al sintetizar la si- 
tuación en pocos párrafos : "En el segundo gobier- 
no de don Juan Manuel de Rozas los establecimien- 
tos hospitalarios destinados a la asistencia pública 
se resintieron de nuevas necesidades, dependientes 
de la falta de atención de dicho gobierno ; fundán- 
dose en la conveniencia de disminuir los gastos del 
Tesoro Público, redujo primero el presupuesto del 
Hospital General de hombres a 12.000 $ mensuales 
y el de mujeres a 5.000, con encargo de que sus 
respectivos Ecónomos-Cajeros atendieran con esas 
sumas el pago de los empleados y demás gastos ne- 
cesarios; y con el fin de asegurar la mejor inversión 
de esos fondos en el Hospital de Hombres, nombró 
una comisión de vigilancia compuesta de los seño- 
res Justo García Valdéz, José Lepper y Carlos Plo- 
mer. Como por ese decreto (26 de Septiembre de 
1835, ^"0 26 de la Libertad, 20 de la Independencia 
y 6 de la Confederación Argentina) se anulaba toda 
resolución anterior, la Sociedad Filantrópica cesó 
en su misión y entró en un largo eclipse. 

"El sistema singularmente económico del tirano 
se prolongó con la ligera variante que anualmente 
introducía en la composición del personal de la Co- 
misión Fiscalizadora, hasta el 28 de Abril de 1838, 
en que el gobierno, en plena bancarrota, resolvió 
retirar por completo toda la asignación con que 
mensualmente contribuía al sostenimiento de los 



LA LOCURA KN LA ARGENTINA l29 

hospitales; en la nota en que hacía esta comunica- 
ción, disponía que los administradores de esos esta- 
blecimientos incitaran al benéfico y caritativo pue- 
blo de Buenos Aires a una suscripción voluntaria 
para subvenir a esos gastos que se proporcionarían 
o la autorizara por entradas que se obtuvieran; y, 
si la suma recaudada de esa manera no alcanzara a 
ese objeto, se disponía, en la citada comunicación, 
"el cese del hospital hasta que, triunfante la Repú- 
blica del tirano que intenta esclavizarla y libre del 
bloqueo que sufre injustamente, pueda el Erario 
volver a costearlo". 

"Esta fase de decadencia que atravesaron todos 
los establecimientos públicos, como las escuelas, los 
hospitales y otros institutos, abandonados primero 
por el gobierno, y olvidados del todo después, ape- 
nas permitióles vivir y mantenerse miserablemente 
a sus solas expensas, con los escasísimos socorros 
que la ciudad podía proporcionarles; marca un pe- 
ríodo triste y lamentable de su historia, nunca repe- 
tido después, que puso a prueba la vida de tales ins- 
tituciones, no obstante haberse prolongado seme- 
jante abandono hasta la caída definitiva de Rozas er 
el año 1852. 

"Las Comisiones Administrativas, tanto del Hos- 
pital de Hombres como del de Mujeres, formaron 
por mucho tiempo las únicas autoridades que vigi- 
laron y atendieron el regular funcionamiento técni' 
co y administrativo de estos establecimientos, reno- 
vándose sus miembros periódicamente. La Socie- 
dad de Beneficencia, como la Sociedad Filantrópi- 



130 JOSÉ INGENIEROS 

ca, concluyeron por desaparecer también en ese 
eclipse total que sufrieron todas las instituciones 
argentinas" (5). 

II.— TRATAMIENTO DE l,OS ALIENADOS 

¿Dónde se recluía a los alienados en la época de 
Rosas ? 

Los hombres estaban, en gran parte, en el Hos- 
pital General de Hombres, cuyo Cuadro de Demen- 
tes era, de hecho, el Manicomio de la ciudad- En 
1800, sobre un total de 100 enfermos, el Hospital 
tenía 50 alienados; en 1830, sobre 200 enfermos, 
120 alienados; en 1854 figuran 131 dementes sobre 
un total inferior a 200 enfermos. Se puede, pues, 
afirmar que durante la tiranía, los alienados consti- 
tuyeron la mayoría de los enfermos allí hospitali- 
zados. 

En el Hospital de Hombres "los alienados vivían 
en completa aglomeración, muchos de ellos sin otra 
cama que el desnudo y frío suelo, en calabozos hú- 
medos, oscuros y pestíferos. Los cepos para sujetar 
y calmar a los furiosos, y los (cepos) que contenían 
las mismas camas, eran de uso frecuente para cal- 
mar la agitación. Por desgracia, uno de nosotros 
(Meléndez) ha conocido esas camas y cepos, que 
nos recordarán siempre aquella época tan funesta 
para el alienado. 

"Llegada la hora de las comidas, el alienado era 
obligado a concurrir con el plato para recibir sim- 



(5) Penka: Ob. cit., II, 191, 



tA LOCURA ÉN LA ARGENTINA IHl 

plemente un poco de caldo o un pedazo de carne, 
como único alimento ; de manera que aquél que, por 
la especialidad de su delirio, obedecía a la voz de 
Dios que le mandaba hacer penitencia para purgarse 
de sus culpas, quedaba sin tomarlos y moría de con- 
sunción por el abandono en que se le dejaba. Otro 
tanto sucedía con el lipemaniático que creía tomar 
en el alimento el veneno que debía poner fin a su 
existencia, y con el melancólico que absorto en el 
negro cuadro de su triste delirio no se daba cuenta 
de lo que pasaba a su alrededor, y, por consiguiente, 
no sintiendo la necesidad del hambre no buscaba los 
medios de satisfacerla. 

"La terapéutica era tan insuficiente y tan empí- 
rica como es fácil comprenderlo desde luego, pues 
al parecer estaban nuestros médicos a ciegas de los 
progresos diarios en este ramo del saber humano, 
cuya nacimiento puede decirse que tuvo lugar con 
el advenimiento de Pinel, en 1792, cuando fué nom- 
brado médico de Bicétre. 

"Según los datos que hemos podido recoger de 
algunos colegas, administradores y empleados de 
aquel entonces, los agentes terapéuticos empleados 
en el tratamiento de los alienados puede decirse que 
se reducían a la sangría general, el sedal, los revul- 
sivos cutáneos y el opio. 

"De los médicos que asistían a los alienados, el 
único que seguía una terapéutica más racional, era 
el doctor Cuenca. En cuanto al doctor Martín Gar- 
cía, podemos asegurar que su terapéutica era muy 
reducida en general, y a medida que los años pasa- 



132 José INGENIEROS 

ban se aproximaba mucho al empirismo, porque en 
los últimos años se redujo al cocimiento de leños, 
de cebada, de zarza, horchatas, franelas amarillas, 
bayetas coloradas, opio, sangría general, el sedal, 
etcétera. 

"El tratamiento moral, en general, no fué cono- 
cido en esos años, y si lo fué no tuvieron ocasión de 
ponerlo en práctica. No tenemos noticia que se hu- 
biera ocupado en otras cosas a los alienados que en 
el barrido y limpieza de la casa. Recién en los últi- 
mos años se les mandaba con uno o dos guardianes 
a la ribera del Río de la Plata, donde los entrete- 
nían en el trabajo de la plantación de árboles". 

"Si se registran los datos de aquel establecimien- 
to, se encuentra que la mayor parte de los enfermos 
eran clasificados de Dementes, palabra que expresa 
más bien el género de la afección y no la afección 
misma. Otros lo eran de "delirium tremens" y mu- 
chas veces se confundía el síntoma con la enfer- 
medad; así vemos clasificar como enfermedad las 
ilusiones y alucinaciones, que son síntomas comu- 
nes de muchos estados mentales" (6). 

En la Cárcel del Cabildo se retenía en calabozos 
a algunos agitados; en una habitación especial, o 
pequeño cuadro, se amontonaban los encausados y 
condenados que se enloquecían. Era ya fama en 
ese entonces que algunos presos se fingían locos pa- 
ra que los pasaran del Cabildo al Hospital, donde 

(6) Lucio MeléndEz y Emiuo R. Coni: Consideracio- 
nes sobre la estadística de la enajenación mental en ¡a Pro- 
vincia de Buenos Aires. i88o, pág. 8. 



LA LOCURA EN" LA ARGENTINA 133 

tenían menos dificultades para fugar; pero lo es 
también que durante la tiranía estos simuladores 
de la locura pagaban muy cara su ocurrencia, como 
puede juzgarse por el caso a que nos hemos referido 
hace algunos años (7). 

Las mujeres tenían destino más complejo. Algu- 
nas dementes tranquilas compartían con "mujeres 
salidas de la cárcel pública" el servicio de enfer- 
meras y sirvientas del Hospital de Mujeres; para 
las inútiles había allí mismo un patio; para alguna 
agitada, im calabozo con cepo. En 1852 alcanzó a 
tener el Hospital unas 50 enfermas, de las cuales 
"más de la mitad" eran alienadas. 



(7) "Merece recordarse un episodio ocurrido a me- 
diados del siglo XIX en Buenos Aires, pues pinta la situa- 
ción de las repúblicas sudamericanas durante ese período 
caótico de su historia. Es uno de los datos más curiosos que 
hemos recogido sobre los procedimientos judiciales en esa 
época, transmitido por referencias orales, pues un justo 
pudor literario ha obstado a su publicación. Un alto funcio- 
nario de la "mazorca", institución criminal que en esa épo- 
ca representaba la alta policía política, ordenó que en el 
edificio del viejo Cabildo de Buenos Aires se cometiera 
un atentado colectivo contra un adversario político que 
"se estaba haciendo el loco para que no lo fusilaran" ; el 
propósito de tal orden era descubrir si era loco o simple 
simulador, "pues si está loco va a aguantar con gusto, 
mientras que si se hace el loco no los va poder aguantar 
a todos". El desgraciado, que probablemente era simulador, 
resistió la terrible prueba, pero al día siguiente tuvo una 
arma al alcance de su mano, quitándose la vida. Hemos 
oído que la aplicación de este curioso tratamiento -no 
constituyó un caso aislado." Ingenieros: Simulación de la 
locura, (pág. 342 en la octava edición, Buenos Aires, 1918). 



134 JOSÉ INGENIEROS 

Las encausadas y condenadas que presentaban sín- 
tomas de locura, eran retenidas en la Cárcel de Mu- 
jeres (Cabildo), lo mismo que todas las agitadas 
recogidas en la ciudad. Ignoramos su número, pero 
es fácil calcular que habría allí tantas como en el 
Hospital (8). 

"El estado de las dementes hasta fines del año 
1853 era el más lastimero. Muchas de ellas estaban 
amontonadas en la cárcel, en una verdadera cloa- 
ca, faltas de aire, de luz, de aseo y condenadas a 
arrastrar una vida que parecía un castigo agre- 
gado a la cruel desgracia de que eran víctimas. 

"Además de esas mujeres agrupadas en los cala- 
bozos, había muchas otras dementes vagando a las 
orillas de la ciudad, buscando un pobre abrigo con- 
tra los rigores de las estaciones y de la intemperie 
en las cercas de las quintas. Una de ellas, más 
afortunada, había hallado una cueva al pié de un 
ombú, por las inmediaciones del Retiro, y aquél 
era el alojamiento de la que, perdido el juicio, ha- 
bía perdido también el amor de sus semejantes"... 
Lo que urgía era ofrecerles un local más espacioso 
"que el estrecho reducto en que vivían en la cárcel, 
habitación de diez varas donde estaban encerradas 



(8) En 1852 la Sociedad de Beneficencia pidió que se 
trasladaran al Hospital las locas del Cabildo, formándose 
un patio de dementes. En el Hospital había en 1852 unas 
25 dementes ; cuando en 1854 se abrió la Convalecencia, as- 
cendían a 64, aumento debido en gran parte a las trasla- 
dadas del Cabjldp, 



LA LOCUTU EN LA ARGENTINA 135 

30 de estas mujeres, casi constantemente en el 
cepo" (9). 

La Casa Correccional de Mujeres tuvo en todo 
tiempo alienadas entre sus recluidas; no faltó nun- 
ca el calabozo para agitadas, con cadena fija a la 
pared y cepo. Al abrirse la Convalecencia, en 1854, 
se pasaron alli algunas alienadas ; no serian muchas, 
pues no influyeron sobre una estadistica que no 
alcanzaba a la centena. 

Es interesante advertir que la Convalecencia, su- 
cursal hasta 1822 de los hospitales Santa Catalina 
y Residencia, no recibió enfermos durante la tira- 
nía. Uno de sus edificios, sobre el lado Este, sirvió 
de Cuartel (10) ; la parte Oeste de la finca, cer- 
cenada ya por los Mataderos, lo fué nuevamente 
en 1832, para establecer el Cementerio del Sur. 

III.— EL TERROR Y LA LOCURA 

Nadie ignora que en las épocas de terrorismo po- 
lítico suelen aumentar considerablemente las per- 
turbaciones mentales. Trátase, en general, de tras- 
tornos emotivos, representados por fobias en los 
hombres y por accidentes histéricos en las mujeres, 
aparte de las agitaciones maníacas que en los mis- 
mos terroristas suelen provocar los abusos alcohó- 
licos y el ensañamiento criminal. 



(9) Artículo publicado en El Orden, Diciembre 4 de 
1855. 

(10) Ángulo nordeste de la finca actual, ocupado por 
la Sucursal de la Casa de Expósitos, 



136 JOSÉ INGENIÍROS 

Estos fenómenos de psicopatología colectiva, bien 
estudiados por los alienistas europeos, fueron con- 
firmados en nuestro pais por Ramos Mejía. "El te- 
rror en las clases superiores y ese brusco cambio de 
nivel que experimentaron las clases bajas, elevadas 
rápidamente por el sistema de Rosas a una altura 
y prepotencia inusitada, tuvieron también su parte 
en la patogenia de tales trastornos. — Un estupor 
próximo a la demencia crónica, una "panofobia" 
depresiva y humillante, fué, durante mucho tiempo, 
la situación de una parte considerable de Buenos 
Aires. — La otra sufrió perturbaciones de un carác- 
ter mucho más terrible, porque estaba poseída de 
una exaltación homicida, llevada hasta sus últimos 
límites" (ii). 

Es verosímil que algunas personas sufrieran lo- 
curas emotivas durante la tiranía (12) ; cierta par- 
te de verdad debe reconocerse a los relatos de Ri- 
vera Indarte, José Mármol y Eduardo Gutiérrez, 



(11) J. M. Ramos Mejía: Las neurosis, etc., 1915, pá- 
gina 222. 

(12) "Una familia de las más respetables de la provin- 
cia recibe la noticia de la muerte de su padre, que ha sido 
fusilado, y momentos después de tan terrible anuncio, dos 
de sus hijos, un varón y una mujer se vuelven locos. Un 
joven distinguido de la provincia de Buenos Aires cae tam- 
bién fusilado por aquel jaguar; su linda prometida, al re- 
cibir la sortija que el sacerdote tenía encargo de entregar- 
le, pierde la razón, que no ha recobrado hasta hoy". — 
Sarmiento: Facundo. — Ver también: S. GachE: Bl es- 
tado mental de la sociedad de Buenos Aires, en "Anales 
del Círculo Médico", Buenos Aires, 1881, 



LA LOCURA EX LA ARGENTINA 187 

aunque su carácter periodístico los coloca al mar- 
gen de la historia propiamente dicha. La crítica 
médica no puede rechazar, en cambio, el testimonio 
de Ramos Mejía, que tiene, por lo menos, el valor 
de una congetura legítima. "Se comprende que ese 
estado deplorable del espíritu, agravándose cada 
vez más, diera más tarde nacimiento a otros fenó- 
menos de origen nervioso, pero de un fondo pato- 
lógico más acentuado. A esta categoría pertenece 
el desarrollo relativamente considerable del histe- 
rismo en sus diversas formas, en algunas de las 
provincias argentinas, y cuyo aumento se hizo más 
sensible bajo el reinado del terror. Un médico res- 
petable de la provincia de Tucumán y que ejercía 
entonces su profesión, nos decía que en esa época, 
casi todas las mujeres, la que no era histérica de- 
clarada, tenía en su modo de ser, en su carácter, 
algo que revelaba la influencia perturbadora de esa 
afección. En estas organizaciones débiles por na- 
turaleza, y dotadas de una sensibilidad emotiva ex- 
quisita y propia del temperamento, agitadas por esa 
imaginación fosforescente, tan propia no sólo del 
sexo sino de la época y del clima, bien se explica 
que aquellos días de tanta amargura, que todas esas 
transiciones bruscas de la tristeza profunda a la 
más amplia y expresiva alegría, haciendo vibrar 
con fuerza sus débiles nervios, produjeran sino la 
l'liistero-epilepsia o la histeria-tipo, cualquiera de sus 
manifestaciones solapadas, tan comunes y numero- 
sas en estas afecciones. Frecuentes, sin duda algu- 
na, tienen que haber sido; lo que hay es que pasa- 



138 JOSÉ INGENIEROS 

rían desapercibidas para la general ignorancia, por- 
que al manifestarse lo harían bajo un aspecto apa- 
rentemente sin importancia, mostrándose el cuadro 
sintomático en detalle, como sucede a menudo". 
Confirman esta opinión muchos casos bien definidos 
y la circunstancia de que su relato no fuera objeta- 
do por quienes tenían interés en desmentirlo (13). 

IV.— I,OS llocos DE PALERMO 

Don Juan Manuel de Rosas, como es frecuente 
en los tiranos, tuvo marcada afición a rodearse de 
locos bufones. Se cuenta que en su juventud gus- 
taba de frecuentar los puestos y bandolas de las re- 
cobas, en la plaza de la Victoria, armando juerga 
en torno de algún negro o mulato extraviado de 



(13) "Las perturbaciones provocadas por el terror, 
presentan ordinariamente este carácter de melancolía con 
estupor, que parece observarse en la población pacífica y 
que se comprende perfectamente, dado el estímulo peligro- 
so que llevarían al cerebro aquellos horribles martirios 
que les imponía Rosas. 

No hay más que buscar en las familias, las personas que 
perdieron el juicio, entre las cuales hay muchas que aún 
no lo han recuperado. Sería ésto un elemento para de- 
mostrar la tensión nerviosa en que se vivía y el número 
de perturbaciones morales e intelectuales que se produje- 
ron. Citaré algunos ejemplos : 

En la familia de D... hay tres o cuatro varones que 
perdieron la razón a consecuencia de los tormentos que 
sufrieron después de la batalla del Quebracho. 

La familia de M... tiene dos de sus miembros, un va- 
rón (que murió en la fiebre amarilla) y una mujer, que 
enloquecieron el día que entró la Mazorca a su cas^. 



LA LOCfRA ex LA ARGENTINA IS9 

juicio, que mezclaba las procacidades de su delirio 
con risueñas retóricas de exaltado patriotismo. 

Es seguro que por el Año Veinte contaba entre 
sus amigos de confianza al profesor de retórica Vir- 
gil, quien le interesaría más bien por sus locuras 
que por sus Humanidades. Tuvo, más tarde, sus 
connivencias con el loco fraile Castañeda, cuando 
éste comprendió que los "restauradores" defende- 
rían a la religión y perseguirían a los herejes. 

Desde que Rosas llegó al gobierno se organizó 
en tomo suyo un cuerpo de bufones; unos le ser- 
vían para alegrar el ánimo, otros para fastidiar a 
personas antipáticas, varios como agentes de pro- 
paganda política y no pocos en su complicadísimo 
servicio de espionaje. 



En la familia de O . . . he visto uno, que se volvió loco 
el año 40, después de un susto que experimentó. 

La señora de P... y dos de sus hijas, fueron igualmente 
afectadas el año 42, a consecuencia de haber sido afren- 
tadas por la Mazorca, a la salida de un templo. 

El Sr. L..., director de correos durante la administra- 
ción de Rosas, murió en medio de una lipemanía profun- 
da, ocasionada por los vejámenes que recibió de Maza. 

En el Hospital de Hombres, muchos de los locos que 
he visto, han perdido el juicio en aquella época. En el 
hospicio de San Buenaventura, según me lo refirió el doc- 
tor Uriarte, había también algunos, entre otros el escri- 
bano E..., cuya locura fué producida por iguales causas 
que las anteriores. 

Bien se ve por estos pocos datos cuál sería la situación 
moral de este pueblo, y cómo por ellos es posible expli- 
carse las distintas fases patológicas por que ha atravesado 
en aquella época". 



140 JOSÉ INGÉNIÍROS 

Cuatro locos vivieron durante muchos años en 
su residencia de Palermo, con la singularidad de 
ser mulatos tres de ellos — el Gran Mariscal Don 
Eusebia, el Reverendo Padre Viguá y El Loco Bau- 
tista — y negro el más joven, conocido por El Ne- 
grito Marcelino. Los dos primeros, Ensebio y Vi- 
guá, eran popularísimos en el vecindario y muy te- 
midos, por la bastante picardía de que eran aún 
capaces. 

Un ingenioso cronista ha conservado el recuerdo 
pintoresco de los locos de Palermo; extractamos a 
continuación algunos de sus rasgos más típicos y 
im par de anécdotas verídicas (14). 

Figuraba en primera línea don Eusehio de la 
Federación, Gran Mariscal de la América y de Bue- 
nos Aires, Vencedor de Ayacucho y otros títulos no 
menos famosos. El tal don Ensebio había descu- 
bierto que, siendo loco, podía pasar una vida más 
regalada que los orates del Hospital, y, en ocasio- 
nes, divertida. Tenía carta blanca para decir la ma- 
yor insolencia al personaje más encumbrado, ya 
por cuenta de don Juan Manuel, ya por la suya 
propia. Rosas festejaba ruidosamente estas proca- 
cidades, y la víctima no tenía más remedio que 
aguantarlas, por no disgustar a don Juan Manuel. 
El loco se había identificado con Rosas, a punto de 
adivinar, en una mirada, cuál de las personas pre- 
sentes le era la más antipática, y sobre ella volcaba 
sus sátiras ofensivas. 



(14) Eduardo Gutiérrez: Bl puñal del tirano. — Ca- 
pítulo "Palermo", 



LA LOCURA tS LA ARGENTINA 141 

Don Ensebio se acercaba, la miraba con fijeza, y 
poníase a apreciar burlescamente las prendas de su 
traje o a hacer de su fisonomía comparaciones ridi- 
culas. La víctima, sin atreverse a protestar, sonreía 
y sufría, aunque en sus ojos chispeara el deseo de 
aplastarle. Rosas mandaba al loco que cesase en 
su farsa, pero éste, en vez de obedecer, las dupli- 
caba: 

— Si el señor no se enoja, mi padre; él, con su 
nariz de espumadera, me dice que puedo seguir en- 
treteniéndome. 

Y la necia chacota seguía, hasta que la víctima 
quedaba completamente humillada. 

Otras veces era Rosas quien mandaba a don En- 
sebio, de gran uniforme, para que entretuviera a 
tal o cual persona, mientras él demoraba un mo- 
mento. 

— Aqui me manda mi padre Juan Manuel a que 
le haga sociedad, — decía el loco. Y se instalaba a 
decirle insolencias de todo calibre, por cuenta de 
locuras. Don Juan Manuel, que todo lo veía desde 
algún escondite, reía como si le hicieran cosquillas 
al contemplar la cólera del paciente. 

Cuando no tenía con quién divertirse, era el loco 
la víctima; pero el mulato Ensebio sufría con gran 
paciencia todo género de herejías, a trueque de 
aquella gran vidorria que se daba como Gran Ma- 
riscal de la América, hijo de don Juan Manuel y 
novio de Manuelita. 

Rosas, que de todo y de todos se burlaba, solía 
mandarlo en misión oficial al Obispo Medrano, al 



142 JOSÉ INGENIEROS 

Jefe de Policía o al Capitán del Puerto don Pedro 
Jimeno, a quien el tirano gustaba enormemente de 
mortificar. 

Tuvo don Ensebio sus malos ratos, siendo el más 
célebre el que le ocurrió con motivo de un gallego 
a quien Rosas sentó desnudo sobre un hormiguero, 
de cuyas resultas la víctima se enloqueció (15). 

Merecen leerse, por ser históricas, la aventura 



(15) El infeliz "gallego" tenía a su cuidado una parte 
del jardín en que Rosas descubrió un hormiguero; a fin 
de que en lo sucesivo tuviera más cuidado, le mandó fus- 
tigar con ortigas y, por fin, "sujeto de pies y manos, fué 
volteado como una res de matadero, y sentado sobre la 
entrada del hormiguero. 

"Las hormigas, que son bravísimas, se lanzaron sobre 
aquel cuerpo que les cerraba el paso, y bien pronto lo cu- 
brieron completamente. 

"'El gallego mordido por más de cincuenta mil hormi- 
gas sobre la inmensa llaga de su cuerpo, hacía esfuerzos 
supremos y contorsiones tremendas para librarse de aquel 
martirio indescriptible, y cada esfuerzo, cada contorsión, 
era saludada por un coro de carcajadas. 

"Renunciamos a pintar aquella escena brutal en todos sus 
detalles, porque todo sería pálido al lado de la realidad 
espantosa. 

"Cuando Ortega empezó a desmayar, vencido por el do- 
lor y la desesperación, Rosas lo hizo soltar. 

"Entonces se vio a aquel hombre, echando espuma por 
la boca y arrancando a puñados las hormigas adheridas a 
su cuerpo, echar a correr, no ya como un loco, sino loco 
verdaderamente. 

"Salió de Palermo en camino a la ciudad y no se vol- 
vió a ver por allí. 

"L,os estudiantes del Hospital de Hombres, de época 



tA LOCURA £N LA ARGENTINA 143 

del loco Eusebio en el baile de doña María Josefa 
Ezcurra, cuando lo mandó Rosas para que bailara 
un minué con su propia cuñada (i6), y la burla al 
gobernador López, obligado a tolerar que se die- 
ra al loco tratamiento de Obispo, en circunstancias 
de tramitarse la designación de Obispo para Santa 
Fe (17). 

Siguiendo en categoría a Eusebio de la Federa- 



más reciente, han conocido a este pobre loco, en su eter- 
na manía de creerse devorado por las hormigas de todo el 
mundo." 

"Cuando aquella rueda de asesinos festejaba con gran- 
des risas los últimos alaridos de Ortega, se acercó don 
Eusebio a felicitar a su Padre por tan famosa travesura. 

"El tirano entonces, revistiéndose de gran seriedad, 
dijo al loco: 

— "Un gran Mariscal de América debe conocerlo todo. 
Así, es preciso que te sentés un poco donde ha estado Or- 
tega. 

"El loco, que conocía las entrañas de su padre, quiso 
disparar, pero fué trincado a tiempo. 

"No le valieron sus gracias ni sus bufonadas. 

"Rosas lo hizo desnudar de medio cuerpo y sentarlo en 
la boca del hormiguero. El loco chillaba como un cerdo, 
pero fué sujetado allí, y obligado a permanecer cinco mi- 
nutos, al cabo de los cuales hacía formal renuncia de su 
título de Gran Mariscal, si tales sustos le hacía pasar. 

"El espanto de don Eusebio y su llanto desconsolado, 
fué el fin de fiestas de aquel hecho salvaje, cuyo recuerdo 
fué el tema preferido de las conversaciones durante mu- 
cho tiempo". 

(16) E. Gutiérrez: El puñal del tirano, capítulo "La 
muerte del héroe". 

(17) Genceai. Paz: Memorias. Capítulo XX. 



144 JOSÉ INGENIEROS 

ción, estaba Bl Reverendo Padre Viguá, personaje 
sacerdotal a quien el tirano daba el titulo de Su 
Paternidad , "era un pobre mulato, bastante idiota, 
que se adaptaba a su menester de bufón con menos 
arte que don Eusebio. 

Cuando Rosas lo pillaba en algún grave delito de 
torpeza, le daba de rebencazos, que Su Paternidad' 
recibía con religioso recogimiento y sin la menor 
protesta. 

Pero él sabía tomar sus buenas revanchas. Cuan- 
do tenía sueño se tendía en la mejor cama de la 
quinta, fuera de quien fuese, con excepción de la 
de Rosas y la de Manuelita. El dueño de la cama 
venía a exigir su devolución, pero Viguá explotaba 
su condición de loco y le ponía en fuga arrojándole 
sus botines o cosa parecida. Muchas veces el dueño 
de la cama, que era el coronel Ravelo o algún otro 
por el estilo, daba al loco una buena paliza. Enton- 
ces se armaba en la quinta una de todos los diablos. 
Averiguaba Rosas lo sucedido y ponía las cosas en 
su lugar, siempre en beneficio del loco; éste juraba 
un buen desquite a su adversario y lo cumplía en 
forma terrible, jugándole alguna farsa pesada en 
presencia de Rosas, y por consiguiente libre de pe- 
ligros. 

Cuenta el mismo Gutiérrez (i8) que al aproxi- 
marse el día fatal de la ejecución de los hermanos 
Reynafé, el tirano llevó su ferocidad hasta enviar 
a la cárcel al Reverendo Padre Viguá, a que mor- 



(18) Eduardo Gutiérrez: Una tragedia de doce años. 
Capitulo "La última esperanza". 



LA LOCURA EN LA ARGENTINA 145 

tificara a las víctimas, haciéndoles burlas sangrien- 
tas. El loco puso en gran alboroto la Cárcel. Cum- 
plía su programa ofreciendo a los reos el perdón 
eterno e incitándolos a confesarse con él. 

En un momento que lo tuvo a tiro, Guillermo 
Reynafé, que desde el principio espiaba aquella 
oportunidad, le dio tal bofetada que lo dejó sin 
aliento. El loco salió llorando amargamente y di- 
ciendo que se lo iba a contar a su padre Juan Ma- 
nuel ; pero éste, por bruto, le menudeó una de sus 
habituales palizas, mandando reemplazarlo por Don 
Ensebio. Guillermo pagó muy cara aquella bofeta- 
da ; aquel día no le dieron de comer y le golpearon 
de todos modos, para que aprendiera a respetar a 
los enviados del Gobernador. 

El Loco Bautista era menos gracioso, por ha- 
llarse próximo al estado demencial. Rosas lo em- 
pleaba como victima pasiva de sus diversiones ; se 
ha escrito que era el preferido para que "le insufla- 
ran los intestinos por medio de fuelles y hacerlo 
luego montar con espuelas", o bien para "hacerle 
arrancar los pelos del periné por medio de pinzas", 
en lo que pudiera haber alguna exageración. 

El Negrito Marcelino completaba la tetrarquía 
de los bufones familiares. Su rango era inferior, 
pues siendo mulatos los otros, él era, simplemente, 
negro. En las chanzas de Palermo tenía un papel 
de corista; no así en las comisiones burlescas a la 
ciudad, pues era habilidoso para desempeñarse en 
los mandados insolentes y en las raterías domésti- 
cas. El Padre Viguá acostumbraba valerse de Mar- 



146 JOSÉ INGENIEROS 

celino para ejecutar pequeñas estafas, de las cuales 
nadie reclamaba temiendo el enojo del tirano. 

Los locos de Palermo decayeron en sus funcio- 
nes durante los últimos años de la tiranía. La edad, 
la fatiga y algunos achaques, apagaron en Rosas 
aquel buen humor que le venía desde la infancia y 
que en su primera juventud le valiera ser llamado 
"el loco Rosas" (19). 

V.— LOS LOCOS PROPAGANDISTAS 

Dejamos la palabra a Ramos Mejía para dar aquí 
noticia de ciertos locos propagandistas que el tirano 
hacía circular por la ciudad, anunciando sus victo- 
rias y difundiendo sus amenazas. Es una página 
pintoresca y expresiva, digna del ilustre alienista e 
historiador. 

(19) "Lo que comunmente se llama "las diabluras de 
Rosas" son todas aquellas extravagancias feroces que han 
quedado grabadas con caracteres indelebles en la imagina- 
ción de todo un pueblo. Mandar a Eusebio que se calzara 
un par de botas llenas de brasas de fuego, obligar a lati- 
gazos al imbécil Viguá a comerse media docena de san- 
dias, divertirse en darle puñetazos en la boca y en el vien- 
tre en el juego brutal de "la inflada", y hacerlo sentar sin 
calzones sobre un hormiguero hasta que hubiera devora- 
do dos fuentes de dulce; tal era el repertorio de sus bro- 
mas." Ramos Mejía, Ob. cit. 

Este humor rabelesiano, y ciertas deficiencias de afec- 
tividad, han sugerido a varios autores la hipótesis de que 
Rosas fuera un "loco moral", problema que analizó Ra 
Mos Mejía en la parte I de Las Neurosis y en el capítulo 
final de Rosas y su tiempo. 






LA tOCURA EX LA ARGEXTlKA 14? 

"Los locos de Rosas, institución federal propa- 
gandista que tuvo, del mismo modo, su parte cómi- 
co-trágica en el funcionamiento de la dictadura, hi- 
cieron también un gran papel. Por debajo de esa 
prensa impresa de que he hablado ya tan detalla- 
damente, disponía el tirano de otros medios de pu- 
blicidad que podríamos llamar domésticos y subal- 
ternos, y que, en verso y prosa suculenta, como va 
a verse, vaciaban al oído de las familias su pensa- 
miento y senir ocultos. Disponía de cierto número 
de bufones, que a fuerza de azotes aprendieron 
grandes tiradas de versos, de discursos y documen- 
tos públicos, que él quería divulgar en oídos unita- 
rios vergonzantes. Los desgraciados carecían, por 
supuesto, de intención, y hasta del vulgar talento 
del juglar, para animarlos con la música y el gesto 
zurdo de don Eusebio. A la hora de las reuniones 
familiares, parábase uno de ellos dentro de un 
círculo de espectadores y lanzaba las pedestres com- 
posiciones, sus discursos, que chorreaban sangre y 
amenazas, o aquel documento que debía difimdir 
por orden superior. Como sabía que la Gaceta Mer- 
cantil entraba, o debía entrar necesariamente a to- 
das las casas, pero que en algunas no era leída, sal- 
vo en aquellas cosas muy llamativas y sensaciona- 
les, interesantes a la familia o a su pescuezo, quería 
dar, por este otro medio original, publicidad y cir- 
culación a sus pensamientos y deseos". 

"Parecía difícil escapar a tan curiosa forma de 
publicidad. No leer la Gaceta era posible, pero dejar 
de oír al singular pregón que, enviado "de arriba". 



148 JOSÉ INGENIEROS 

venía a ofrecer al oído rebelde lo que el Restaura- 
dor deseaba que todo el mundo supiese, era, más 
que difícil, peligrosísimo ; y no sólo habían de escu- 
charle atentamente, sino aplaudirle la mímica soez 
con la cual acompañaba sus comedias a domicilio. 
Una memoria felicísima y voraz, por lo incansable 
para comer cifras y masas considerables de compo- 
sición, constituía su eficacia y difusibilidad. La fal- 
ta de malicia e inteligencia para comprender su re- 
citación, y el terror que les inspiraba Rosas, los 
mantenía fácilmente dentro de su papel maquinal, 
sin quitar ni agregar nada de su propia cosecha o 
de la de cualquier otro osado. Don Camilo Palo- 
meque, el Padre Cardoso, Ramos, etc., eran los 
principales órganos de este periodismo. General- 
mente se anunciaban en la puerta de calle con rui- 
dos que imitaban redobles de tambores y toques de 
atención lanzados por ruidosos clarines. Una vez 
instalados y bien obsequiados, comenzaba la "canti- 
nela". Consistía esta en repetir terribles denuestos 
contra los locos unitarios, vendidos al oro inmundo 
de los extranjeros, impíos, herejes, asesinos de Do- 
rrego, etc.; a continuación difundían las noticias 
que el tirano deseaba circular por la ciudad, así como 
las prevenciones y amenazas contra los sospechosos 
de tibieza en el entusiasmo "patriótico". 

"Estos hechos me traen a la memoria uno de es- 
tos pregones que yo conocí en el viejo Hospital Ge-, 
neral de Hombres, en 1874. Durante sus accesos 
locuaces, recuerdo que recitaba o canturriaba trozos 
enteros de los mensajes de Rosas a la Legislatura, 



LA LOCL-RA EX LA ARGE?TTINA 149 

mezclándolos, algunas veces, al llanto de sus melan- 
colías ebriosas. Llamábase Manuel Cañete y cuan- 
do estaba libre de las influencias de su dipsomanía, 
nos reproducía las escenas en que fué actor, así 
como los duros aprendizajes de su oficio. De ma- 
nera que la sensación de los hechos, ya remotos para 
mí, se reproducía integralmente y con toda la viveza 
de una restauración. Hacíamosle rueda alegremen- 
te y parado con cómica apostura, dejaba a su reten- 
tiva funcionar con libertad. Me suenan todavía al 
oído sus palabras, como si las estuviera oyendo". 

"Este capítulo de los locos de Rosas chorrea san- 
gre. Es una burla trágica, según se ha visto en otra 
parte. El dolor, en su tensión suprema, llega hasta 
expresarse con formas de fúnebre alegría. Algunas 
veces se ríen de dolor y bailan como los animales 
adiestrados sobre la plancha calentada: por temor 
al hambre o al insomnio, bajo cuyas excitaciones se 
estimulan las facultades de imitación. Estos entre- 
tenimientos de Rosas tenían otras ampliaciones más 
feroces, aunque de menos trascendencia política, 
que callo para no hacer fatigoso el tema asaz ma- 
noseado. Lo que asombra es cómo este hombre, so- 
bre quien gravitaban tan inmensas responsabilida- 
des, tuviera tiempo suficiente y espíritu bastante 
desocupado para ocuparse de nimiedades tan grotes- 
cas . 

"De estos locos propagandistas fué el más famo- 
so el coronel Vicente González, más conocido por 
"Carancho del Monte", a quien Rosas escribía car- 
tas dándole el título de "Conde de la Calavera v 



150 JOSÉ INGENIíaoS 

Magestad Caranchísima" ; este desgraciado hizo 
testamento encomendando su alma a San Vicente 
Ferrer y al Restaurador de las Leyes". 

"Cual sucede con todos estos bribones, la reli- 
gión servíale de instrumento de disimulación. Con 
las manos llenas de sangre todavía de la víctima 
cruelmente ultimada, no olvidaba jamás de persig- 
narse, contrito y devoto. En todas las circunstan- 
cias de la vida no dejó de "cumplir con Dios", en 
la forma que ellos lo hacen: oraciones, promesas y 
cirios propiciatorios que hieden a sangre" (20). 

Formaban parte de estos locos propagandistas 
algunos miembros del famoso "clero federal", que 
no tenían respeto alguno por el hábito que vestían. 
Apenas si necesitamos mencionar el cura Gaete, 
párroco de La Piedad, que en sus orgías de alcohol 
y de prostitutas predicaba el exterminio de los locos 
unitarios "y de sus inmundas crías", a la vez que 
ponía el retrato del tirano en los altares y vestía las 
imágenes de los santos con las rojas divisas del par- 
tido restaurador. 

VI.— CONCEPTO político DE LA LOCURA 

Una circunstancia personal, que suelen callar los 
historiadores (21), influyó para que en la época de 

(20) Ramos Mejía: Rosas y su tiempo, II, 67 y si- 
guientes. 

(21) Juan La valle, en su juventud, era familiarmente 
conocido en Buenos Aires por el "loco Lavalle", reputacióu 
que expresaba su carácter indisciplinado y levantisco; en 
el mismo sentido fué usual hablar de "el loco Alvear", "el 



I 



LA LOCimA EN LA AR&NTINA 161 

Rosas se formase una singular concepción política 
de la locura, cuyas proyecciones excedieron a la 
perspicaz malsindad de sus inventores. 

Después del fusilamiento de Borrego, el grupo 
de restauradores que preparó la tiranía al grito de 
"Orden y Religión", comenzó a crear una atmósfe- 
ra de herejes y locos a todos los enemigos de Ro- 
sas; cuando Lavalle emprendió la campaña liberta- 
dora, no vacilaron los documentos oficiales en lla- 
marle "el loco traidor asesino Juan Lavalle" y a 
sus compañeros "locos salvajes unitarios"; cuando 
se sospechó que Rivera tomaba partido en su favor, 
se escribió oficialmente "el loco pardejón Rivera"; 
al producirse la intervención francesa se habló de 
"locos inmundos franceses"; por fin, cuando el go- 
bernador de Entre Ríos se pronunció contra la in- 
definida reelección del tirano, los papeles oficiales 
no vacilaron en llamarle "el loco traidor Urquiza". 

Esta singular psiquiatría política tuvo su más 
acabada expresión en un decreto expedido el 31 de 



loco Dorrego" y "el loco Rosas", sin que esas denomina- 
ciones tuvieran fundamento médico. Algunas anomalías 
de carácter presentaban, en cambio, "el loco Monteagu- 
do", "el loco Lafinur", "el loco Várela" (D. Juan Cruz) 
y "el loco Echeverría", pero la calificación vulgar no auto- 
riza una interpretación clínica. En su juventud gozaron 
de análoga fama "el loco Mitre", "el loco Wilde", "el lo- 
co Goyena", "el loco Mansilla" y "el loco Magnasco". 
El único que conservó esa reputación en la edad provecta 
fué "el loco Sarmiento", lo que hace superfino demostrar 
que esta atribución de locura sólo implicaba honroso re- 
conocimiento de originalidad. 



152 JOSÉ INGÍIÍIEROS 

Mayo de 1842 por el Fraile Aldao, siniestro delin- 
cuente que desempeñaba el gobierno de Mendoza. 
El curioso decreto establecía legalmente que todos 
los unitarios eran locos y debían ser considerados 
como tales ; los más notables de entre ellos, residen- 
tes en Mendoza, debían ser llevados a un hospital, 
para recibir el tratamiento propio de su enferme-- 
dad. Los efectos jurídicos del decreto eran abso- 
lutos e implicaban la incapacidad civil de los unita- 
rios; ninguno de ellos podía contratar, testar, ser 
testigo, ni disponer de una cantidad mayor de diez 
pesos. Si se presentara el caso de que fuese indis- 
pensable la declaración de un unitario ante la jus- 
ticia, un médico debía reconocerle previamente y 
certificar acerca del estado de sus facultades men- 
tales (22). 

No conocemos ningún otro caso en que la pasión 
política de un gobierno haya pretextado la locura 
de los opositores como causa explícita de incapaci- 
dad civil. 



(22) El autor de este decreto murió al poco tiempo, pre- 
sa de un violento delirio agudo con alucinaciones persecu- 
torias, consecutivo a sus inveterados excesos alcohóli- 
cos. Sobre la locura y muerte del fraile Aldao, ver Sar- 
miento: Vida de Aldao, y Ramos Mejía: Las Neurosis. 



LOS ESTUDIOS PSIQUIÁTRICOS EN 
LA ARGENTINA 

I. Período inicial. — II. Primeras publicaciones. — III. 
Enseñanza de la psiquiatría. — IV. Publicaciones mo- 
dernas. — V. Casos célebres de psiquiatría judicial. — 
VI. Revistas y asociaciones. 

I.— PERIODO INICIAL 

EL Hospital General de Hombres, desde su funda- 
ción, a principios del siglo XIX, fué, en parte, 
un depósito de alienados; su Patio de Dementes 
contenía más de la mitad de los enfermos hospita- 
lizados. Es verosímil que esta circunstancia per- 
mitiese a los médicos de cierto ingenio, como d 
doctor Cosme Argerich, reflexionar sobre las ideas 
que comenzaban a romper las cadenas con que so- 
lía sujetarse a los infelices alienados; la obra clá- 
sica de Pinel, "Tratado médico-filosófico sobre la 
enagenación mental o de la manía" (1801), había 
aparecido casi simultáneamente con la de Cabanis, 
"Relaciones de lo físico y de lo moral" (1802) . Ar- 
gerich, desde 1808, enseñó en Buenos Aires las doc- 
trinas sensacionistas a sus alumnos de medicina; 



IM JOSÉ INGENIEROS 

y desde 1810 las cultivó en su cátedra de filosofía 
el Dr. Francisco Planes (i). Los dos eran lectores 
de Cabanis, seguramente; de Pinel debió serlo el 
Dr. Argerich, pues alguno de sus discípulos da no- 
ticia de que sus doctrinas eran preferidas en el 
país (2) . Acaso tuviera alguna información al 
respecto el profesor de ideología Juan Crisóstomo 
Lafinur. 

Nociones bien definidas acerca de la locura y 
sus causas, tuvo el profesor Manuel Fernández de 
Agüero, cuyos "Principios de Ideología" constitu- 
yen el documento más expresivo de las ideas domi- 
nantes en Buenos Aires durante el liberal gobierno 
de Bemardino Rivadavia (3) ; en cuanto se refiere 
a la fisiología y patología cerebral, Fernández de 
Agüero seguía las huellas de Cabanis, inspirándose 
en Destutt de Tracy para las generalizaciones filo- 
sóficas. En todo vibraba el pensamiento de Condi- 
Uac, maestro común de todas las escuelas sensacio- 
nistas y fisiológicas. 



(i) Ver Ingenieros: La Evolución de las Ideas Ar- 
gentinas, Vol. I, La Revolución, págs. 186 y 395. 

(2) "Origen y estado de la medicina en Buenos Aires", 
artículo en La Abeja Argentina el 15 de Abril de 1822, en 
honor del Dr. Cosme Argerich. Dice explícitamente : "Las 
ideas de Magendie, de Bichat, Richerand, de Alibert, de 
Pinel, de Thenard, de Orfila, etc., hacen la base de nues- 
tros cursos y de nuestras lecciones diarias". 

(3) J. M. Fernández de Agüero: Principios de Ideo- 
logía, 2 volúmenes, Buenos Aires, 1824 - 1826, Imprenta 
de la Independencia. — Ver Ingenieros: Ob. cit., vol. I, 
págs. 413 y siguientes. 



LA LOCtmA EN I^ AIGKNTINA 165 

Es seguro que los escritos de Pinel fueron bien 
conocidos por el Dr. Cosme Argerich (hijo), mé- 
dico del Hospital General de Hombres, nombrado 
profesor del Departamento de Medicina en 1822, 
poco después de la muerte de su padre. 

Era discipulo y amigo suyo el joven Diego Al- 
corta, que en 1827 se doctoró en medicina con una 
tesis sobre la Manía, que es la primera monografía 
psiquiátrica escrita en la Argentina (4) ; se trata 
de una breve disertación, sencilla, bien inspirada, 
cuyo mérito principal consiste en ser una curiosi- 
dad histórica. Su autor tenía ya, ciertamente, noticia 
de Pinel; más tarde alcanzó a tenerla de Esquirol, 
eminente alienista francés cuya fama culminó en 
París mientras Alcorta era estudiante en Buenos 
Aires. Su "curso de ideología", según las versiones 
exhumadas por Gutiérrez y Groussac, se inspiraba 
en Condillac y Cabanis; tenía más precisión médica 
que el de Fernández de Agüero, pero le es muy 
inferior en vuelo filosófico. Entre sus muchos dis- 
cípulos, que algo alcanzarían de sus conocimientos 
psiquiátricos (5), figuró el joven Guillermo Raw- 



(4) Dreco Alcorta: Disertación sobre la manía aguda, 
Buenos Aires, 1827. (Manuscrito de 22 páginas, con la 
firma auténtica del autor. — Biblioteca de la Facultad de 
Medicina, N' 22509). — Sobre Alcorta, ver J. M. Gu- 
nÉRREz Ob. cit.; Paul Groussac, Anales de la Bibliote- 
ca; Ingenieros, Ob. cit. 

(5) Además de sus lecturas, Alcorta tenía necesaria- 
mente mucha experiencia personal sobre el tema de su 
tesis; desde 1822 desempeñaba el cargo de practicante 
mayor en el Hospital General de Hombres, y en 1827, 



1B6 JOSÉ INGENIEROS 

son, en cuyos brazos murió Alcorta el 7 de Enero 
de 1842. 

A simple título informativo merece recordarse 
que un condiscípulo de Alcorta, el doctor Martín 
García, presentó en 1827 su tesis universitaria so- 
bre el tema "Epilepsia, su naturaleza y curación" ; 
el texto no se conoce. El Dr. García tuvo a su cargo 
la asistencia del Ciiadro de Dementes hasta la caída 
de la tiranía, haciéndose, al fin de su carrera, fa- 
moso por su incompetencia (6) . 

Justo es consignar que la Restauración creó un 
ambiente desfavorable para los estudios de pato- 
logía mental, sospechosos de herejía. Nada escri- 
bió Alcorta después de su tesis, nada publicaron 
Cosme Argerich y Francisco Javier Muñiz, nom- 
brados profesores de medicina legal en 1826 (7), 
no entrando siquiera en ejercicio de la cátedra. 

Es importante recordar que entre 181 5 y 1830, 
algunos de los primeros médicos argentinos se afi- 
cionaron a conversar sobre el "magnetismo animal", 
influidos por las ideas de Mesmer. Lo comentó 
expresamente Fernández de Agüero en su curso 
de Ideología, y era común la venta de folletos mag- 
netistas y mesmerianos, pues figuran en muchos 
anuncios de las librerías de la época. 



al terminar su carrera, fué nombrado médico de entradas 
(médico interno). Puede afirmarse, sin exageración, que 
había "vivido entre locos" durante varios años. 

(6) Ver MeléndEz y Coni, Ob. cit., pág. 7. 

(7) La cátedra comprendía "partos, niños, mujeres y 
medicina legal". 



LA LOCURA EX LA ARGENTINA 



157 



Es muy probable que entre los 250 médicos que 
se graduaron de 1827 a 1852, hubiese muchos cu- 
riosos lectores, y aún partidarios, de la Frenología, 
que alcanzó gran boga, por entonces, en España. 
Recordemos que Esteban Echeverría, en 1843, de- 
claró que era "f renologista" ; en 1827 había sido 
"sensacionista", como la mayoría de sus coetáneos 
emancipados de la teología colonial. 

Es curioso advertir, que en esa época tuvo mu- 
cha difusión en toda América la escuela médica y 
terapéutica de Leroy, lindera con el curanderismo. 

Tuvo sus partidarios en Buenos Aires desde tem- 
prano (8) ; pero su auge fué decisivo durante el go- 
bierno de Rosas, en que se propuso adoptar la fa- 
mosa medicina universal en los hospitales públicos, 
originándose una controversia con el Tribunal de 
Medicina (9) . Después de brillar fugazmente en 
la época de Rivadavia, los estudios médicos deca- 
yeron, recobrando su prestigio todas las formas de 



(8) En Buenos Aires, en 1824, se editó una traduc- 
ción del libro de N. Leroy: "La medicina curativa, o la 
purga dirijida contra la causa de la enfermedad, probada 
y analizada en esta obra". 

(9) Ver la curiosa "Refutación al informe del tribu- 
nal de medicina, dirigido al Superior Gobierno, sobre la 
solicitud para que administre en los hospitales públicos la 
medicina curativa de Le Roy", Buenos Aires, 1831. — La 
fama del "Leroy" persistió medio siglo. En 1868 el Dr. 
Santiago Torres (graduado en Buenos Aires, en 1834) 
daba a luz, todavía : "El médico en casa. Instrucciones 
y modo de administrar los vomitivos y purgantes de la 
medicina curativa de Leroy". 



168 José INGENIEROS 

medicina popular y autocurativa (lo). Para que 
nada faltara, el Sr. Guillermo Darrouzain estable- 
ció, en 1845, ^1 primer despacho de específicos ho- 
meopáticos, logrando clientes y adeptos (11). 

Las únicas publicaciones de la época que pueden 
relacionarse con la patología nerviosa y mental, son 
II tesis del doctorado en medicina; las diez conser- 
vadas en la Biblioteca de la Facultad de Ciencias 



(10) Además del repunte señalado en la popularidad 
del sistema purgativo de Leroy, aparecieron el hidrote- 
rapismo, el naturismo, el homeopatismo, etc. — Ver las 
siguientes publicaciones : 

Pedro Martínez : Quinta esencia de la verdadera medi- 
cina curativa, o el velo descubierto de los arcanos de la 
ciencia médica. Analizada, practicada y observada en ara- 
bos hemisferios por diferentes respetables héroes, obser- 
vadores de la naturaleza. Ratificada por una exacta ob- 
servación práctica de seis años, en un sin número de en- 
fermos de ambos sexos y edades". — Buenos Aires, 1829. 
(Biblioteca Nacional) . 

N. Mandouti. Recetario medicinal, Buenos Aires, 1836. 

Vicente Arias : Cuatro palabras sobre el paralelo de 
las dos escuelas médicas: material y espiritual. — Tesis, 
Buenos Aires, 1844. (Bibl. Fac. Medicina) . 

Edición Argentina de Francisco V. Raspail: Manual 
de la salud o medicina y farmacia domésticas, etc., Bue- 
nos Aires, 1847. 

(11) Un cuarto de siglo más tarde, el 14 de Mayo de 
1869, se constituyó en Buenos Aires la "Sociedad Hahne- 
manniana Argentina", de que formaron parte Claudio 
Mejía, Juan Corradi, Camilo Clausolles, Genaro Grana- 
dos, Federico Mejía y otros. La Sociedad publicó una 
revista de propaganda y se disolvió pocos años después. 



LA tOCURA fiN LA ARGENTINA 159 

Médicas, hacen pensar que nada ha perdido la cien- 
cia con la única que falta (12). 

Al caer la tiranía se reorganizaron los estudios 
médicos, sin designar cátedra especial para los es- 
tudios psiquiátricos. Sin embargo — hecho impor- 
tantísimo — casi todos los estudiantes adquirían 
cierta experiencia en el trato de alienados, pues, 
como practicantes del Hospital de Hombres, esta- 
ban obligados a vivir entre ellos y usaban a los 
tranquilos para el servicio doméstico. Así se expli- 
ca que tantos médicos de la generación siguiente, 
graduados de 1860 a 1885, se aficionaran a estos 
estudios. 

Justo es decir, sin embargo, que antes de la crea- 
ción de la cátedra de psiquiatría, las 41 tesis rela- 
cionadas con esta disciplina, no se elevaron mu- 
cho sobre las escritas anteriormente, con excepción 
de las de Pedro Mallo, Carlos Costa, Luis Güemes, 

(12) He aquí sus temas: 

1830. — Manuel A. Narvaja: "Apoplegía". 

1832.— José G. Acuña: "Fiebre atáxica". 

1836. — Francisco Mirazo: "Fiebre atáxica", 

1838. — Claudio M. Cuenca: "Las simpatías en ge- 
neral". 

1842.— Fermín A. Irigoyen: "Meningitis". 

1842. — Gabriel Sonnet: "Hipocondrías gastro-in- 
testinales". 

1843.— Francisco Esquirós : "Epilepsia". 

1844.— Vicente Arias: "Paralelo de las escuelas 
médicas". 

1845.— Guillermo Rawson: "Herencia". 

1848.— José Lucena: "Histerismo". 

1850.— Federico Mayer: "Catalepsis y éxtasis". 



160 JOSÉ INGENIEROS 

Norberto Maglioni, Enrique Arana, Juan E. Chi- 
lotegui, Pedro S; Alcacer, Manuel Vassallo, Ni- 
colás Ramallo y Samuel Gaché. Creemos útil, em- 
pero, consignar sus temas, pues algo indican sobre 
los asuntos que más llamaban la atención en esa 
época (13). Merecen recordarse algunas tesis so-, 
bre biología, neurología y fisiología, muy intere- 
santes para su tiempo: Juan J. Bernet (Trépano 
cefálico, 1856), Carlos María Querencio (La vida 
y la organización, 1860), Juan Ángel Golfarini (La 

(13) 1854.— Carlos G. E. Cristiani: "Eclampsia y ca- 
talepsia". 

1854. — Cayetano Rodríguez: "Neuropatía". 

1855. — Juan P. Córdoba: "Enagenación mental". 

1855. — Saturnino de la Reta: "Manía", 

1857. — Zenón V. Archondo : "Epilepsia". 

1860. — Caupolicán Molina : "Hemorragia cerebrar. 

1864. — Pedro Mallo : "Enagenación mental". 

1876. — Carlos Costas: "Los alienados ante la ley". 

1876. — Antonio Díaz de Vivar: "Sonambulismo". 

1876. — Pedro M. Giraud : "Causas de la enagena- 
ción mental". 

1876. — Julio Muñoz: "Hemorragia cerebral". 

1878. — Nicasio Morales: "Delirio agudo". 

1879. — Gregorio Figueroa: "Medicina legal de la 
locura". 

1879. — Luis Güemes: "Medicina moral". 

1879. — Norberto Maglioni: "Los manicomios". 

1879. — José M. Ramos Mejía: "Traumatismo ce- 
rebral". 

1880.— Enrique Arana: "Parálisis general progre- 
siva". 

i88i.— Celestino S. Arce: "Locura en las mujeres". 

1881. — Domingo Cabred: "Locura refleja". 



LA LOCURA EN LA ARGENTINA 161 

vida y la muerte, 1868), Eduardo Wilde (El hipo, 
1868), Manuel T. Podestá (Tendencias de la me- 
dicina moderna, 1878), Isidro AI. Bergeire (Afasia, 
1879). Juan B. Señorans (Vivi-cauterización del 
cerebelo, 1882), Antonio F. Pinero (Localizaciones 
cerebrales, 1883), Andrés Llobet (Localizaciones 
cerebrales, 1885), W. Rodríguez de la Torre (Elec- 
tro-diagnóstico, 1885), José López Rojas (Tempe- 
raturas del cerebro, 1886). 



1822.— Juan E. Chiloteguy: "Melancolía estupu- 
rosa". 

1822.— Manuel de la Cárcova: "Alcoholismo". 

1883. — Ignacio Columbres: "Herencia patológica". 

1883. — Carlos Díaz: "El Nervosismo". 

1883.— Pedro S. Alcacer: "Locura y crimen". 

1883. — Julio E. Pinero: "Histeria". 

1883.— Alejandro Korn: "Locura y crimen". 

1884. — Martín Ferreyra : "Histeria". 

1884.— Manuel Vassallo : "Delirio de las persecu- 
ciones". 

1885.— Albino Levantini: "Higiene de los locos". 

1885.— Nicolás Ramallo: "Parálisis general". 

1885.— Luis M. Saravia: "Epilepsia". 

1886. — Wenceslao Acevedo: "Locura y derecho 
penal". 

1886.— Víctor Alzugaray: "Locura pseudoparalí- 
tica". 

1886. — José Z. Caminos: "Capacidad civil" 

1886.— Adolfo M. Castro: "Histerismo". 

1886.— Benjamín Cortinas: "Lipemanía aguda". 

1886. — Samuel Gaché : "Psicopatología". 

1886. — Elíseo Luque: "Hipnotismo". 

1886. — Abraham Pérez: "Epilepsia". 

1886.— Daniel Pombo: "Sífilis cerebrar. 



162 JOSÉ INGENIEROS 

II.— PRIMERAS PUBLICACIONES 

Los primeros estudios psiquiátricos publicados 
en el país — además de las tesis ya citadas — han 
sido informes periciales o artículos sobre hospita- 
lización de alienados. Fueron muy apreciados los 
de Nicanor Albarellos, Pedro Mallo, Santiago La- 
rrosa, Eduardo Wilde (14) y Manuel Aráoz. En 
1879 los doctores Lucio Meléndez y Emilio R. Co- 
ni presentaron al Congreso Internacional de Medi- 
cina, reunido en Amsterdam, una excelente memo- 
ria titulada: "Consideraciones sobre la estadística 
de la enagenación mental en la Provincia de Bue- 
nor Aires" (15). Por sus datos retrospectivos v 
por sus importantes reflexiones estadísticas, esta 
monografía ocupa un lugar de preferencia en la 
historia de la psiquiatría argentina. 

Poco tiempo antes, un joven estudiante de medi- 
cina, José M. Ramos Mejía, había dado a luz el 
primer tomo de una obra que es hoy clásica en 
nuestra ciencia: "Las neurosis de los hombres cé- 
lebres en la historia argentina" (1878), precedida 
por una introducción de don Vicente Fidel López; 
el segundo tomo apareció en 1882. 

Según el autor, padecieron de neurosis los si- 



(14) Merecen leerse dos de Wii,de, en Tiempo Perdido, 
donde también se halla el "Discurso sobre el delirio en 
la neumonía" y la tesis célebre sobre la psicofisiología de 
•El Hipo". 

(15) Meléndez y Coni: Consideraciones, etc., edita- 
da por Pablo E. Coni, Buenos Aires, 1880. 



LA LOCURA EN LA ARGENTINA 163 

guientes hombres célebres: Juan Manuel de Rosas 
(locura moral) ; Guillermo Brovvn (delirio de per- 
secuciones) ; el frayle Beltrán (demencia indefi- 
nida) ; el coronel Estomba (manía aguda) ; Mon- 
teagudo (histerismo) ; el frayle Aldao (delirio al- 
cohólico alucinatorio) ; el cura Gaete (alcoholismo). 
El mism.o autor atribuye accesos de hipocondría a 
Rivadavia, Manuel J. García, a Lafinur, al doctor 
Gregorio Tagle y a Echeverría ; a D. Hipólito Viey- 
tes, melancolía; a Olavarría, Alvarado y Lamadrid, 
fobias diversas (i6). 

Posteriormente publicó las siguientes obras: "Es- 
tudios de patología nerviosa y mental" (1893), "La 
locura en la Historia" (1895), "Las multitudes ar- 
gentinas" (1899), "Los simuladores del talento" 
(1904), "Rosas y su tiempo" (1907), además de 
otros escrítos científicos y literarios. En 1887 ^^^ 
nombrado profesor de Clínica Neurológica en la 



(16) Creemos justo excluir de la enumeración de Ra- 
mos Mejía, al General Guido, Valentin Gómez, el Deán 
Funes, Antonio González Balcarce y Marcos González 
Balcarce; fallecieron de hemorragia cerebral, que está 
fuera de la psiquiatría propiamente dicha. La epilepsia 
de Florencio y Juan Cruz Várela está en el mismo caso, 
como también el delirio agónico de Vicente López y Pla- 
nes. 

Para completar la enumeración deben agregarse : Juan 
José Castelli (parálisis general) ; el Padre Castañeda (per- 
seguido-perseguidor) ; Domingo F. Sarmiento (episodio 
maníaco transitorio) ; José Manuel Estrada (parálisis 
general) ; Roque Sáenz Peña (poli-encefalitis múltiple) ; 
fray Modesto Becco (parálisis general), etc. 



164 JOSÉ INGENIEROS 

Facultad de Medicina, cátedra que desempeñó du- 
rante un cuarto de siglo, formando a su lado un 
excelente núcleo de discípulos (17). 

En el penúltimo decenio del siglo XIX vieron 
la luz en Buenos Aires algunos trabajos de mé- 
rito. 

De Samuel Gaché: "La locura en Buenos Aires" 
(1879), "El estado mental de la Sociedad de Bue- 
nos Aires" (1881), "Patogenia del suicidio en Bue- 
nos Aires" (1884) y "Estudio de psicopatología" 
(1886). De Wilfrido Rodríguez de la Torre: "Elec- 
tro-diagnóstico" (1885), "El cráneo y la locura" 
(1887), "Termometría cefálica" (1887), "Espiritis- 
ri-iO y locura. Sus relaciones recíprocas" (1889). 
En las revistas de medicina (18) fué abundante la 
colaboración sobre temas de psiquiatría, destacán- 
dose principalmente las notas clínicas del doctor 
Lucio Meléndez, que le hicieron merecer, en i88ó, 
el nombramiento de profesor de Psiquiatría. 

III.— ENSEÑANZA DE LA PSIQUIATRÍA 

El Dr. Cosme Argerich (hijo) fué nombrado, el 
8 de Febrero de 1822, primer catedrático de "Ins- 
tituciones Quirúrgicas". No existiendo en el Hos- 

(17) Ver Ingenieros: La personalidad intelectual de 
José M. Ramos Mejía, en Rev. del Centro Estudiantes de 
Medicina, Buenos Aires, 1915- 

(18) Ver principalmente las colecciones de Revista 
Médico-Quirúrgica. Anales del Círculo Médico Argentino 
y Revista Argentina de Ciencias Médicas. 



LA WCURA EN LA ARGÍNTIKA 166 

pital de Hombres aula o anfiteatro para las leccio- 
nes teóricas, dábanse éstas en las habitaciones de 
los internos, que estaban contiguas a los calabozos 
en el Patio de Dementes. Argerich, además de leer 
a Cabanis y Destutt de Tracy, como todos los "ideó- 
logos" de ese tiempo, conocía a Pinel y Esquirol ; 
es verosímil suponer que esas circunstancias, coin- 
cidiendo con la de exponer sus lecciones en el patio 
de los orates, le indujesen a discurrir muchas ve- 
ces sobre la miserable situación de los insanos que 
le rodeaban y sobre la naturaleza misma de las en- 
fermedades mentales. Juan Antonio Fernández, 
Miguel Rivera, Martín García, Teodoro Alvarez, 
Francisco Rivero, Francisco Almeida, Claudio Ma- 
merto Cuenta, y algún otro, impartieron nociones 
rudimentarias de patología mental antes de conver- 
tirse el Departamento de Medicina en Facultad de 
Medicina (1852). 

En 1852 fué designado para ocupar la cátedra 
de "Nosografía Médica y Patología General" el doc- 
tor García, que la desempeñó hasta 1867; García 
acostumbraba ocuparse incidentalmente de los alie- 
nados y su tratamiento, con un criterio demasiado 
profano. Sabía mucho más el Dr. Manuel Arauz, 
que le sustituyó en 1867 y hasta 1891 , 

Se ocuparon de psiquiatría los profesores de Me- 
dicina Legal, Nicanor Albarellos (con Patología 
General e Historia de la Medicina), Francisco Ja- 
vier Muñiz (con Partos), hasta crearse una cáte- 
dra autónoma que dictaron con brillo Eduardo Wil- 
4e (1875-1881), Manuel Blancas (1882- 1885), 



160 JOSÉ INGENIEROS 

Eduardo Pérez (1890- 1900) y Francisco de Vey- 
ga (1900- 191 i) . 

La enseñanza de la Patología Mental fué esta- 
blecida en 1886 y puesta en manos del Director 
del Hospicio de las Mercedes, Lucio Meléndez. Ade- 
más de su cargo, que le acreditaba como especia- 
lista, el designado tenía títulos docentes y científicos 
de primer orden. En 1875 había sido profesor su- 
plente de clínica dermo-sifilográfica, pasando en 
1876 a la suplencia de patología externa, en la que 
fué reemplazado en 1885 por el doctor Guillermo 
Udaondo. Como escritor científico se había distin- 
guido desde su juventud, publicando numerosos es- 
tudios psiquiátricos en las revistas médicas del país. 

Fué obra suya la modernización del Hospicio de 
las Mercedes, que si no pudo realizar completamen- 
te fué por la estrechez de los recursos que le asig- 
naba el gobierno. En 1879 pidió que los futuros 
ensanches del Hospicio se hicieran en pabellones 
aislados, "de tal modo que queden separados del 
antiguo por medio de jardines espaciosos que sir- 
van de recreo a los insanos, permitiendo a la vez 
fácil entrada a la luz y el aire de que hoy carecen 
en alto grado". Los planos que presentó se consi- 
deraron impecables para su época ; en ellos se senta- 
ba el principio de la distribución clínica de los alie- 
nados, separando los agudos de los crónicos, los 
convalecientes de los agitados, los dementes, los 
epilépticos, los paralíticos, los semi-agitados, los cró- 
nicos tranquilos, los desaseados, etc. 

En ese mismo año 1879 el Dr. Meléndez presentó 



LA LOCURA EN LA ARGENTINA 167 

a la Municipalidad el proyecto de fundar una Co- 
lonia de Alienados en Santa Catalina, a fin de que 
los enfermos no peligrosos fuesen ocupados en tra- 
bajos agrícolas ; tan previsoras ideas fueron reali- 
zadas después de su muerte. 

Insistió en varios de sus escritos sobre la nece- 
sidad de metodizar el trabajo de los alienados, en- 
carándolo como un medio de reeducación mental 
más bien que como fuente de recursos ; y en este 
punto su obra acompañó a su pensamiento. 

En 1886, como fruto de su experiencia personal, 
publicó una "clasificación de las enfermedades men- 
tales", que todavía se lee con interés, así como las 
numerosas monografías de observación clínica, pu- 
blicadas durante diez años (19). 

La obra docente y científica del creador de la en- 
señanza psiquiátrica fué muy eficaz, formándose 
en torno suyo un núcleo distinguido de discípulos. 
El profesor Meléndez seguía las corrientes de la 
escuela francesa, completándolas eclécticamente con 
doctrinas inglesas e italianas (20) . 

Conservó la cátedra hasta 1892, siendo reempla- 



(19) Como un justo homenaje al hombre de ciencia, 
salvamos del olvido una nómina de sus publicaciones 
científicas, ordenada por el Sr. José Alejandro Trillo, 
de la Biblioteca de la Facultad de Medicina. (Ver Re- 
vista DE Filosofía, Julio, 1920) . 

(20) El Dr. Lucio Meléndez falleció en Adrogué el 
7 de Diciembre de 1901. Ver el sentido elogio publicado 
por su discípulo Benjamín T. Solari, en La Setnana Mé- 
dica, Diciembre 12 de 1901. 



108 JOSÉ INGENIEROS 

zado por su discípulo y colaborador, Domingo Ca- 
bred, que siguió sus huellas y supo conservar la 
enseñanza en el nivel en que la planteara su fun- 
dador. En 1897 í^é nombrado profesor suplente 
de psiquiatría el Dr, Benjamín T. Solari y en 1903 
el Dr. José T. Borda, que son en la actualidad 
profesores extraordinarios. 

En 1888 se creó la cátedra de enfermedades ner- 
viosas, confiándose su desempeño al doctor José 
M. Ramos Mejía (21), quien la tuvo a su cargo 
hasta 1914. Fueron suplentes de esta materia los 
doctores José R. Semprún y Antonio Estevez, des- 
empeñando este último la cátedra desde 1914. 

IV.— PUBLICACIONES MODERNAS 

En diversas épocas, desde la dirección del Depar- 
tamento de Higiene o de la Asistencia Pública, se 
han ocupado de asistencia de los alienados, los doc- 
tores José M, Ramos Mejía, José Penna, Emilio 
R. Coni, Juan B. Señorans y Telémaco Susini (22) ; 
en su calidad de directores de los Asilos, han tra- 
tado el mismo punto los doctores Eguía, Uriarte, 
Meléndez, Antonio F. Pinero, Cabred y Podestá, 
en "memorias" que permiten el estudio analítico de 
la locura en Buenos Aires (23) . Numerosos peri- 

(21) Ver el discurso inaugural de la cátedra, en José 
M. Ramos Mejía : Estudios clínicos sobre las enfermedn- 
des nerviosas y mentales, Buenos Aires, 1893, pág. 5. 

(22) Ver Memorias de la Asistencia Pública y del De- 
partamento de Higiene. 

(23) Ver Memorias de los Hospicios de la Capital 



LA LOCURA EN LA ASGENTIKA 169 

tajes de psiquiatría legal, han publicado, además de 
los citados, los doctores M. Ferreyra, N. Maglioni, 
E. M. Pérez, M. Blancas, B. Larroque, T. Susini, 
E. Revilla, L. Ayarragaray, C. D. Benítez, Eliseo 
Cantón, Semprún, Gorostiaga, A. Bunge, Amable 
Jones, Lucio V. López, Fernando Alvarez, Enrique 
Zarate, etc. (24) ; son de igual interés, los firma- 
dos por los doctores Agustín F. Drago, Obdulio 
Hernández, Román Pacheco, Juan M. Acuña, J. 
Alba Carreras, Adolfo Puebla, Amador Lucero y 
Miguel Arana Zelis, médicos de los tribunales (25) . 

* * 

L^na corriente de estudios vinculada a la psicopato- 
Icgía criminal, se inició en el país por la difusión de 
las doctrinas de Lombroso, Ferri, Garófalo, Ma- 
rro, Sighele, Colajanni, Tarde, Prins, Dorado, 
Sommer, encaminadas a renovar el Derecho Penal. 
Publicaron interesantes trabajos, Osvaldo Mag- 
nasco: "Sistema del Derecho Penal actual" (1887) ; 



(24) Ver Revista Médico-Quirúrgica, Revista Argen- 
tina de Ciencias Médicas, Anales del Círculo Médico Ar- 
gentino, La Semana Médica, Argentina Médica, Archivos 
de Psiquiatría y Criminología, Revista de la Sociedad Mé- 
dica Argentina, La Prensa Médica Argentina. 

(25) Ver especialmente La Semana Médica y Archivos 
de Psiquiatría y Criminología. Buenos Aires, 1902 a 1913. 
— Amador Lucero: Psicopatología Forense, un volumea 
de 170 páginas. Buenos Aires, 1917. (Editado por la Uni- 
versidad de Tucumán). 



170 JOSÉ iNGENresos 

Luis M. Drago: "Los hombres de presa" (1888); 
Francisco Ramos Mejía: "Principios fundam.enta- 
les de la Escuela Positiva de Derecho Penal" 
(1888); Rodolfo Rivarola: "Exposición y crítica 
del Código Penal" (tres tomos, 1890) ; Juan A. 
Martínez: "El Derecho Penal ante la ciencia" 
(1892); Antonio Dellepiane: "Las causas del de- 
lito" (1892). No faltaron ilustradas defensas de 
la escuela penal clásica, mereciendo recordarse la de 
Godofredo Lozano: "La escuela antropológica y 
sociológica criminal ante la sana filosofía" (La Pla- 
ta, 1889). 

En época posterior se han publicado obras de mé- 
rito. Sobre dactiloscopia los trabajos de Juan Vu- 
cetich: "Dactiloscopia comparada" (1904); Luis 
Reyna Almandos : "Dactiloscopia Argentina" (1909) 
y Ernesto Quesada: "Comprobación de la reinci- 
dencia" (1910). Sobre criminología, Víctor R. Re- 
sentí: "Influencia de la civilización sobre el mo- 
vimiento de la criminalidad" (1901); Rodolfo Mo- 
reno: "La ley penal argentina" (1903); José Luis 
Duffi: "Estudios de Derecho Penal" (1904); Cor- 
nelio Moyano Gacitúa: "Curso de Ciencia Crimi- 
nal" (1899) y "la delincuencia argentina" (1905); 
Ensebio Gómez: "La mala vida en Buenos Aires" 
(1908) y "Criminología Argentina" (1912) ; Hora- 
cio P. Areco: "Enrique Ferri y el positivismo pe- 
nal" (1919) y "Psicopatología legal" (1912); 
Rivarola: "Derecho Penal Argentino" (1910); C. 
O. Bunge: "Casos de Derecho Penal" (1911); Ju- 
lio Herrera: "La Reforma Penal" (1911) ; etc. Las 



tA IvOCUHA EN I,A ARGE^'TI^^A 171 

publicaciones de José Ingenieros están sintetizadas 
en la obra "Criminología" (sexta edición, Buenos 
Aires, 1918) . 

Merecen especial mención los estudios e inicia- 
tivas del profesor de medicina legal Francisco de 
Veyga, creador de la psicopatología forense en nues- 
tro país. Inspirándose en las orientaciones más re- 
cientes de la psicología biológica y de la antropo- 
logía criminal, introdujo en los programas oficia- 
les el estudio de la psiquiatría legal y de la crimi- 
nología. Sus publicaciones sobre esas materias 
son numerosísimas (26) y forman un digno coro- 
lario de sus "Estudios médico-legales, sobre el Có- 
digo Civil Argentino" (1890), obra de aliento que 
honra a la literatura médica nacional (27) . 



(26) Ver especialmente La Semana Médica, Atiales de 
la Sanidad Militar y Archivos de Psiquiatría y Crimino- 
Icgía, años de 1895 a 1912. — Ver el artículo de Pedro Bah- 
BiERi: La clínica criminológica en la Policía de Buenos 
Aires, en Archivos de Psiquiatría y Criminología, 1906. 
(Año V, pág. 295). 

(27) Merecen citarse especialmente los siguientes tra- 
bajos de medicina legal : 

Carlos Costas: Los alienados ante la ley (argentina, 
civil y penal). Tesis, Buenos Aires, 1876. 

J. Biaeet: Lecciones de Medicina Legal, aplicada a la 
legislación argentina, dos tomos, Córdoba, 1885, 

Emilio R. Ccni : Código de Higiene y Medicina Legal, 
Buenos Aires, 1891 (dos volúmenes). 

TiBURCio Padilla (h.) : Apuntes de Medicina Legal. 
Buenos Aires, 1892. 

Francisco de Veyga: La prueba pericial y los peritos. 
Buenos Aires, 1898, 



172 JOSÉ INGENIESOS 

■ 1 

Fácil es advertir que la producción psiquiátrica, 
abundante en las revistas, pocas veces ha alcan- 
zado la forma perdurable del libro. Esta misma re- 
flexión nos sugiere el importante estudio del Dr. 
Fermín Rodríguez, sobre "El suicidio", publicado 
fragmentariamente en revistas (28) ; varios traba- 
jos del Dr. Luis Agote, y, en particular, su "Mé- 
todo gráfico para fijar la herencia" (29), adopta- 
do por algunos alienistas extranjeros; las publica- 
ciones del Dr. Benjamín T. Solari, sobre clínica 
psiquiátrica, degeneración y crimen, estado mental 
de los leprosos, profilaxia de la locura y psiquiatría 
forense (30) ; los discursos del doctor Domingo 
Cabred, en las ceremonias inaugurales de asilos 
para alienados (31); los estudios del profesor Ge- 
naro Sisto, sobre niños deficientes y retardados ; 
las investigaciones de Víctor Mercante y Rodolfo 
Senet, acerca de las anomalías mentales, desde el 



Pedro BarbiEri: Lecciones de Medicina Legal. Buenos 
Aires, 1905, un volumen de 333 páginas. 

HÉCTOR Taborda : Compendio de Medicina Legal, volu- 
men I. Buenos Aires, 1914. 

Alberto Stucchi: Medicina Legal, dos volúmenes, Có--- 
doba, 1916-1917. 

(28) Ver La Biblioteca, Septiembre, 1897, y Archivos 
de Psiquiatría y Criminología, años 1903, 1904 y 1905. 

(29) Ver Archivos de Psiquiatría y Criminología, 1908. 

(30) Ver La Semana Médica y Archivos de Psiquiatría 
y Criminología, años de 1898 a 1910. 

(31) Ver Revista de Derecho, Historia y Letras, 1899 
y 1908, 



LA LOCURA EN LA ARGÍNTINA 173 

punto de vista pedagógico; por fin, muchas inte- 
resantes monografías clínicas de José E. Borda, 
Amable Jones, Antonio Agudo Avila, Javier Bran- 
dara, Helvio Fernández, Femando Gorriti, Nerio 
A. Rojas, Pedro J. Oro, Gonzalo Bosch, Enrique 
Mouchet, Gregorio Bermann, Hernán Mandolini, 
Joaquín J. Durquet, Raimundo Bosch; trabajos 
neuro-patológicos de Mariano Alurralde. Rómulo 
H. Chiappori, Vicente Dimitri, C. F. Bondenarí, 
A. Podestá, J. C. Montanaro; estudios médico-lega- 
les de Juan Bialet, Pedro J. Barbieri, Joaquín V. 
Gnecco, Aberto Stucchi ; monografías anátomo- 
patológicas de José T. Borda, Fernando Pérez, Dio- 
nisio Schóo, Leandro Valle, Enrique Corbellini y 
otros discípulos distinguidos del eminente profesor 
Cristofredo Jakob, vinculado desde 1899 a nuestra 
Escuela de Medicina, y autor de originales investi- 
gaciones neurológicas, que le han valido justo re- 
nombre en la ciencia, dentro y fuera del país (32) . 
Algunos fisiólogos han realizado investigaciones 
sobre el cerebro y las funciones psíquicas, especial- 
mente Valentín de Grandis, Horacio G. Pinero, 
Mariano Alurralde, Virgilio Ducceschi, Frank L. 
Soler y Pastor Anárgiros. Entre los profesores de 
clínica general, han escrito sobre patología nervio- 
sa, los doctores Abel Ayerza, Julio Méndez, Grego- 
rio Aráoz Al faro, Ignacio Allende, David Speroni, 



(32) Los prinicipales trabajos pueden leerse en La Se- 
mana Médica, Archivos de Psiquiatría y Criminología y 
Revista de la Sociedad Médica Argentina, años de igoo a 
1910. 



174 JOSÉ INGENIEROS 

Juan José Vitón y Mariano Castex. La cirugía del 
cerebro cuenta con varias publicaciones del profesor 
Diógenes Decoud; la cirugía de la médula con una, 
muy excelente, del profesor Carlos Robertson La- 
valle . 

Sería incompleta la presente información si no 
mencionáramos aquí los doscientos, o más, artícu- 
los sobre psiquiatría y ciencias afines que hemos 
publicado en revistas argentinas y europeas, desde 
1899 a 191 1, fecha en que dejamos la Dirección 
del Servicio de observación de alienados (33) . 

* 

Desde la creación de las cátedras de psiquiatría 
(1886) y neuropatología (1887), se han publicado 
casi 200 tesis relacionadas con esas disciplinas. Nos 
limitaremos a mencionar las que tienen algún valor 
intrínseco o documental (34) . 

La simple enumeración de los temas escogidos 



(33) Los más de esos trabajos están recopilados o re- 
fundidos en ocho volúmenes : 

La psicopatoíogía en el arte. 
Simulación de la locura. 
Histeria y sugestión. 
Patología del lenguaje musical. 
Criminología. 
Principios de psicología. 
Estudios de patología mental. 
Psicopatoíogía forense. 

(34) 1887. — Lucas Ayarragaray: "Las pasiones". 



I 



LA LOCURA EN LA ARGENTINA 



175 



para las tesis permite seguir, año por año, la in- 
fluencia de los progresos de la ciencia europea. Con 
muy poco retraso han sido examinados en Buenos 
Aires todos los nuevos problemas clínicos, histoló- 
gicos o bioquímicos que han dado nuevo impulso 



1889, 
1880 
1891 

1891 
1894 

1895 
1895 

1896 
1899 

1899 

1899 
1900 
1901 
1902 



1903.—. 

1904.- 
1904-- 

1904.- 
1904.- 
1505- 



■Antonio Novaro : "Sífilis cerebral". 
-José R. Seraprúm: "Parálisis general". 
-Benjamín T. Solari: "Degeneración y cri- 
men". 

-José T. Vasquez: "Suicidio y locura". 
-Carmelo Dus Calderón: "Cirugía cráneo- 
cerebral". 

-Arturo Alió: "La parálisis general". 
■Matías Calandrelli : "Ensayo psicológico so- 
bre la locura". 

-Fernando D. Fernández: "La melancolía". 
-Mario Acevedo : "Confusión mental primi- 
tiva". 

-José Luis Aráoz: "Tratamiento de los alie- 
nados". 

-José R. Hualde: "Profilaxia de la locura". 
■José Ingenieros: "Simulación de la locura". 
■Javier Brandan: Clinoterapia". 
■Pedro López Anaut: "Alienados delincuen- 
tes". 

■Arturo Lapuente : "Perseguidores amoro- 
sos". 

■Fernando Gorriti: "Parálisis general". 
-Julio G. Nogués: "Agitación e insomnio -n 
los alienados". 

■Carlos F. Roche: "Pseudo-hermafrodismo". 
■Pablo Subirá: "Locura moral". 
-N. Salas Oroño : "Parálisis general pro- 
gresiva". 



176 • JOSÉ INGENIEROS 

a la psiquiatría, a la vez que han desaparecido otras 
cuestiones, agotadas o excluidas por las investiga- 
ciones siguientes. 

Es importante señalar que, en su casi totalidad, 
las tesis han sido redactadas teniendo a la vista 
material clínico y anatómico argentino, represen- 



1906. — Manuel Durquet: "Clínica psiquiátrica". 

1908. — Juan A. Agrelo : "Psicoterapia". 

1908. — E. Reinecke: "Melancolía ansiosa". 

1509. — Pablo M. Barlaro : "Tumores cerebrales". 

1909. — Lorenzo Bergara: "Demencia precoz". 

1909. — Vicente Dimitri : "Escritura de los aliena- 
dos". 

1909. — Nicanor Izasa: "Parálisis general". 

1909. — Julio A. López : "El terreno de la locura". 

1909. — Raúl Sánchez Elía : "Demencia precoz". 

1910. — Pascual Schinelli: "Delirio sistematizado 
progresivo". 

1910.— Héctor Taborda: "Factores del delito". 

iQi^- — Abel A. Sonnenberg: "Degeneración y de- 
lincuencia". 

1912. — Alfredo L. Spinetto: "Delito y delincuen- 
cia". 

1913- — Gonzalo Bosch: "Examen del alienado". 

1913- — Genaro Giacobini: "El criminal nato". 

1913- — Nerio A. Rojas: "La literatura de los alie- 
nados". 

1914. — Emilio Catalán: "Locuras sistematizadas". 

1914. — Enrique Mouchet: "Fisiología del espíritu". 

1915.— Raúl Alvarez: "El idiotismo". 

1915- — Fermín Eguía: "Demencia precoz". 

1915- — Gilberto Fonseca: "Delirio polimorfo de los 
degenerados". 



LA LOCURA EN LA ARGENTINA 177 

tandü en conjunto la contribución más valiosa a la 

psiquiatría nacional. 

V.— CASOS CEI^EBRES DE PSIQUIATRÍA JUDICLA.I, 

Los casos más célebres de psiquiatría judicial han 
sido: la exclaustración de la monja Vicenta Alva- 



1915- — Alejandro Raitzin: "Locura epiléptica". 

1916. — Carlos Damiel : 'La locura moral". 

1917- — Osvaldo Loudet : "La pasión en el delito". 

1917. — Hernán Mandolini: "Locura moral". 

1917. — Pedro Vignau : "Demencia precoz". 

1918. — Ángel A. Masciotra: "Los débiles de espí- 
ritu". 

1919.— Gregorio Bermann: "El determinisrao en 
la ciencia y en la vida". 

1919. — José M. Cabrera: "Locura moral. Irres- 
ponsabilidad". 

1919.— Gervasio Coronel : "La escritura en los alie- 
nados". 

1919.— Mauricio Helmann: "Sífilis y glándulas de 
secreción interna en la demencia precoz". 

1919. — Alfredo Lugones : Homicidio patológico". 

1919. — Alfredo Meroni : "Psicoterapia". 

1919.— Jorge L Sacón: "Peligro actual de la irres- 
ponsabilidad de los acusados". 

1919. — Lázaro Sirlin: "La herencia biológica. Pro- 
yecciones médicas y médico-sociales". 

1919. — P. J. Tamburini : "La demencia precoz". 

1919.— A. Velloso Fernández: "El estado mental 
de los epilépticos". 

1919.— Juan Watson: "Psicosis gripales". 



178 JOSÉ INGENIEROS 

rez (35), el uxoricida Eduardo Conesa (36), el 
parricida José Vivado {Z7)> ^^ homicida A. Pagano 
(38), el cura párroco de Olavarría uxoricida y fili- 
cida Pedro Castro Rodríguez (39), la familia Lo- 
bato (40), el envenenador Castruccio (41), la his- 
térica Manuela Miranda (42), la homicida Elena 
Farsons (43), el presunto simulador de la locura 
Gabriel Etchegaray (44), el homicida Juan B. Pas-, 



(35) Ver Cap. III. 

(36) Ver Miguel Navarro Viola: Eduardo Conesa 
ante la Medicina Legal, en Revista de Buenos Aires, to- 
mo XIX, 1869. — José Francisco López: Causa célebre del 
joven Eduardo Conesa. Defensa, Buenos Aires, 1871. 

(37) Ver Lucio Meléndez : Refutación clínico-psicoló- 
gica del informe médico-legal expedido por el Consejo de 
Higiene Pública sobre el estado mental del parricida José 
Vivado. Buenos Aires, 1879. 

(38) Ver J. ToRiNO: Estado mental de A. Pagano, en 
Anales del Círculo Médico Argentino, 1884. — Ingenieros: 
Criminología. 

(39) Ver Drago: Los hombre de presa; Ramos Mejía: 
Estudios clínicos, etc. 

(40) Ver Ramos Mejía: Estudios clínicos, etc. 

(41) Ver Ingenieros: Criminología. 

(42) Ver Carlos DelcassE: Defensa de Manuela Mi- 
randa, Buenos Aires, 1893. 

(43) Manuel Carlés: Histerismo intelectual, Buenos 
Aires, 1895. — Carlos Malagarriga : Una causa célebre. Pro- 
ceso Parsons, Buenos Aires, 1896. 

(44) Ver Enrique García Merou: Acusación particu- 
lar cofitra Gabriel Etchegaray, autor del asesinato de Juan 
l-Vanklyn, 1 vol. de 356 páginas, Buenos Aires, 1898. — Emi- 



i 



tA tOCCRA ÉX LA ARGENTINA 179 

SO (45), el anarquista presidenticida Planas y Vi- 
rella (46), el perseguidor amoroso Medela (47), el 
paralítico general Tallarico (48), la Hermana Ma- 
ría (49), etc. 



LIO GouCHÓN : Expresión de agravios presentada en el 
proceso que se sigue contra Gabriel Etchegaray. i vol. de 
151 páginas. Buenos Aires, 1898. — Ramos Mejía, Anto- 
nio F. Pinero, Ayaeragaray, Cabreo, Solari, Podestá > 
OTROS : Varios Informes publicados en folletos, Buenos Ai- 
res, 1 899- 1900. 

(45) Ver Samuel de Madrid: Informe pericial acerca 
del estado psíquico y somático del procesado Juan B. Pas- 
so, Buenos Aires, 1900. — Gori Pedro, de Grandis y Che- 
RUBiNi: Psicopatología forense. El caso Passo, Buenos 
Aires, 1891. 

(46) Ver Francisco de Veyga: Delito político. El 
anarquista Planas y Virella, en Archivos de Psiquiatría y 
Criminología, Buenos Aires, 1986. — Roberto G. Bunge: 
Informe in voce ante la Cámara de lo Criminal en defensa 
de Salvador Planas Virella, Buenos Aires, 1917, edición 
del Centro Anarquista. 

(47) Ver Ingenieros: Un perseguidor amoroso. El 
caso Medela, en Archivos de Psiquiatría y Criminología, 
1902. 

(48) Ver Joaquín V. González: La justicia argentim 
y la muerte de Tallarico; Ingenieros: El caso Tallarico 
y La solución del caso Tallarico, en Archivos de Psiquia- 
tría y Criminología, 1902. 

(49) Ver Alba Carreras y Acuña: Curanderismo y 
locura: la Hermana María, en Archivos de Psiquiatría y 
Criminología, 1903. 



180 JOSÉ INGENIEROS 

VI.— REVISTAS Y ASOCIACIONES 

La participación directa que hemos tenido en la 
fundación de los "Archivos de psiquiatría y crimi- 
nología" y de la "Sociedad de Psicología" no nos 
exime de recordar estas dos iniciativas altamente 
honrosas para la historia de la ciencia argentina. 

En 1902 aparecieron en Buenos Aires los Archi-- 
vos de Psiquiatría y Criminología, cuyos doce años 
de existencia marcan la época de mayor lustre para 
la psiquiatría nacional, comentada con respeto por 
las escuelas psiquiátricas europeas. 

Los principales colaboradores de los "Archivos" 
fueron José M. Ramos Mejía, Florentino Ameghi- 
no, Francisco de Veyga, Joaquín V. González, 
Juan Vucetich, Cristofredo Jakob, Benjamín T. So- 
lari. Amador Lucero, Agustín J. Drago, Fermín 
Rodríguez, Víctor Mercante, Rodolfo Senet, Euse- 
bio Gómez, José T, Borda, Helvio Fernández, Lu- 
cio V. López, Carlos de Arenaza, Augusto Bunge, 
Javier Brandam, Antonio Ballvé, Pascual Guaglia- 
none, Lucas Ayarragaray, Carlos A. Becú, Joaquín 
Durquet, Leopoldo Lugones, Armando Claros, Be- 
lisario J. Montero, C. Moyano Gacitúa, José Pen- 
na, Horacio G. Pinero, Rodolfo Rivarola, Antonio 
Sagarna, Florencio Sánchez, E. del Valle Iberlucea, 
Genaro Sisto, Horacio P. Areco, Emilio Zuccarini, 
Héctor Taborda y José G. Ángulo. Durante los 
años 1905 y 1906 quedó a cargo de la dirección el 
profesor Pascual Guaglianone, sin que se notara 
el cambio. En los "Archivos" se publicaron, apro- 



LA LOCURA EX LA ARGENTINA 181 

ximadamente, 500 artículos originales de autores 
argentinos y 1140 análisis bibliográficos hechos por 
sus redactores. 

La colaboración de autores ibero-americanos as- 
cendió a 200 artículos. De España figuran las fir- 
mas de C. Bernaldo de Quirós, F. Bravo y More- 
no, Wifredo Coroleu, Pedro Dorado, A. Galcerán 
Granes, A. Galcerán Gaspar, Antonio Lecha-Mar- 
zo, E. Navarro Salvador. T. Olóriz Aguilera, Adol- 
fo Posada, Santiago Ramón y Cajal, Rodríguez 
Méndez, A. Rodríguez Morini, Royo Villanova, 
Diego Ruiz, A. Sánchez Herrero, Miguel de Una- 
muno, T. Valentí Vivó, A. F. Victorio. — De Uru- 
guay: Alfredo Giribaldi, Bernardo Etchepare, F. 
García y Santos, Jacinto de León. — De Brasil : Nina 
Rodríguez, A. de Araujo Leal, E. de Moraes, Félix 
Pacheco, Afranio Peixoto, Franco da Rocha, J. 
A. de Souza Gómez. — De Chile: J. Castro Soffía, 
Tomás A. Cisneros, Enrique Deformes, Octavio 
Etchegoyen, Pedro Montt, Carlos Porter, C. Ligar- 
te, R. Vera. — De Cuba: Carlos M. de Céspedes, J. 
A. González Lanuza, Gustavo López, Fernando 
Ortíz, José A. Valdés, Agustín de Varona. — De Mé- 
jico: Enrique L. Abogado, A. Calderón, Porfirio 
Parra, Armando de Córdoba, E. Fernández Sanz, 
José J. González, Antonio de Laoeza, x\rístides 
Mcstre, Juan Peón del Valle, José Ramos. — De 
Perú: Leónidas Avendaño, Manuel C. Barrios, L 
Bustamante de la Fuente, González Olaechea, Gui- 
llermo Olano, Hermilio Valdizán. — De Costa Rica: 
Anastasio Al faro, Luis Castro Saborío, Teodoro 



182 JOSÉ INGENIEROS 

H. Prestinary. — De Bolivia: Belisario Díaz, Bautis- 
ta Saavedra, Elias Sagárnaga. — De Venezuela: R. 
Medina Giménez, Elias Toro. — De Guatemala: José 
Azurdia. — De Honduras: Alberto Uclés. — De Para- 
guay: Teodosio González. 

Los "Archivos" fueron suspendidos, por decisión 
expresa de su director, a fines de 1913 (50). Su 
colección se compone de doce volúmenes, de 700- 
a 800 páginas cada uno. 

♦ * 

Bajo la inspiración de esas mismas ideas cien- 
tíficas, el 6 de Junio de 1907 se fundó en la Peni- 
tenciaría Nacional de Buenos Aires un Instituto 
de Criminología, cuyo plan y programa han sido 
adoptados posteriormente en el extranjero para 
fundar institutos similares. Fué su primer direc- 
tor José Ingenieros y sus primeros adscriptos los 
Dres. Francisco de Veyga, Fermín Rodríguez, Lu- 
cio V. López, Helvio Fernández, Ensebio Gómez, 
Horacio P. Areco, AntonioVidal,HéctorTaborda, 
José G. Ángulo y otros (51) . Uno de los más im- 
portantes trabajos preparados en el Instituto fué la 
bibliografía crítica de la "Criminología Argentina" 



(50) Para editar, con un programa más amplio, la 
Revista de Pilosofta, que apareció en Enero de 1915. 

(si) Desde 1913 el Dr. Helvio Fernández dirige el Ins- 
tituto y edita oficialmente la Revista de Criminología. 



LA lOCURA ÍN LA ARGEKTINA 18S 

(52), obra publicada en 191 2 por el Dr. Ensebio 
Gómez, profesor de derecho penal en la Universi- 
dad de La Plata. 

* 

A fines de 1908 fundóse en Buenos Aires la So- 
ciedad de Psicología, con el concurso de casi todos 
los hombres de estudio que cooperaban a enrique- 
cer la bibliografía argentina de la materia, y de los 
profesores universitarios de esa ciencia y sus afi- 
nes. 

Los primeros artículos de sus estatutos dan una 
idea exacta de los fines que sus iniciadores se pro- 
pusieron . 

"La Sociedad de Psicología tiene por objeto el 
cultivo de esta ciencia y la difusión y aplicación 
práctica de sus principios. 

"Para el cumplimiento de sus propósitos la so- 
ciedad celebrará reuniones periódicas, realizará tra- 
bajos de experimentación, organizará conferencias 
públicas y privadas, y editará una revista. 

"La sociedad se compondrá de miembros titula- 
res y correspondientes. El número de los primeros 
no excederá de cuarenta ; el de los segundos será 
ilimitado . 

"La sociedad constará de cuatro secciones: 

Psicología normal. 



(52) Un volumen de 300 páginas, conteniendo 1200 in- 
formaciones bibliográñcas. 



184 JOSÉ INGENIEROS 

Psicología anormal. 

Psicología pedagógica. 

Psicología social, debiendo adscribirse a ellas los 
miembros de la sociedad". 

La Sociedad Científica Argentina incluyó una sec- 
ción de "Ciencias psicológicas" en el Congreso Cien- 
tífico Internacional celebrado en Buenos Aires en 
1910, conmemorando el centenario; el Dr. Hora-- 
ció G. Pinero, primer presidente de la sociedad, tu- 
vo a su cargo la organización de los trabajos, que 
fueron coronados por brillante éxito. 

En 1910- 191 1, siendo presidente el Dr. José In- 
genieros, la sociedad celebró tres importantes ac- 
tos públicos, en el aula magna de la Facultad de 
Filosofía y Letras: la recepción de Enrique Ferri, 
como socio correspondiente; una conmemoración 
del centenario de Sarmiento; el homenaje fúnebre 
a la memoria de Florentino Ameghino. 

La sociedad publicó tres volúmenes de sus Ana- 
les, que siempre consultará quien se ocupe de este 
género de estudios en la Argentina (53). 

* * 

Un grupo de médicos del Hospicio de las Mer- 
cedes, bajo la presidencia del Dr. Domingo Cabred, 
fundó en 1912 una Sociedad de Psiquiatría y Medi- 
cina Legal; ha publicado algunos números de una 
revista en que se reúnen los trabajos presentados. 



(53) Anales de la Sociedad de Psicología, Buenos Ai- 
res, igio, 191 1 y 1914. 



LA tOCURA EX LA AKGENTINA 



185 



* * 

El Instituto de Criminología publica con regula- 
laridad, desde IQ13, una Revista de Criminología, 
dirigida por el Dr. Helvio Fernández ; contiene mu- 
chos trabajos de psiquiatría y no pocos de real im- 
portancia . 



LOS MODERNOS ASILOS PARA 
ALIENADOS 

I. La Convalecencia y su transformación en Hospital Na- 
cional de Alienadas. — II. El Hospicio de San Buen- 
aventura y su transformación en Hospicio de las 
Mercedes. — III. Asilo Colonia de Lujan. — IV Asi- 
lo Quinta de Lomas. — V. Servicio policial de ob- 
servación de alienados. — VI. Asilo Colonia Mel- 
chor Romero. — VII. Hospital de Alienadas de Cór- 
doba. — VIII. Asilo Colonia mixto de Oliva. — IX. 
Asilo Colonia mixto de Retardados. — X. Mendigos, 
atorrantes y locos populares de Buenos Aires. 

I.— LA CONVALECENCIA Y SU TRANSFORMACIÓN 
EN HOSPITAL NACIONAL DE ALIENADAS 

EN 1852, al caer la tiranía, el nuevo gobierno se 
dio prisa para volver la administración sanita- 
ria al buen camino en que la había puesto Rivadavia 
en 1823. Por un decreto (13 de marzo de 1852) 
reinstaló la Sociedad de Beneficencia y el mismo día 
le entregó la Casa de Huérfanas; el 26 de abril dis- 
puso entregarle el Hospital de Mujeres, de que ella 
se hizo cargo el 15 de Mayo; el 15 de Noviembre 
la Sociedad reabrió la Casa de Expósitos; en el 



LA IXíCtmA ex LA ARGENTINA 187 

mismo año se hizo cargo de las tres escuelas para 
niñas, existentes, y habilitó tres nuevas- 

Muy pronto la Sociedad de Beneficencia llamó la 
atención sobre las mujeres dementes alojadas en la 
Cárcel (i), sujetas con cadenas a la pared o meti- 
das en el cepo, al mismo tiempo que otras muchas 
mendigaban por las calles o vagaban en los cercos de 
las quintas. El gobierno dio intervención a la Co- 
misión Filantrópica y su presidente, el doctor Ven- 
tura Bosch, aconsejó que se estableciera un Hospicio 
de Mujeres en las afueras de la ciudad, en el lugar 
mismo de la antigua Convalecencia; mientras tanto, 
la sociedad pidió que fuesen llevadas al Hospital de 
Mujeres, donde habilitó un Patio para dementes. 
La escasa capacidad de éste y el mucho número de 
aquéllas, la determinaron a dirigirse al gobierno, pi- 
diendo que se destinara un local apropiado a su 
custodia y tratamiento. El 12 de junio de 1852 el 
gobierno expresó su conformidad. La Sociedad pi- 
dió al efecto la cesión del hospital llamado "de Be- 
lén", y el gobierno ordenó a la Comisión Filantrópi- 



co El 7 de diciembre de 1854, por iniciativa de la 
Sociedad, se resolvió crear una "Casa Correccional de 
Mujeres". Para ello solicitó "el edificio que existe en la 
Convalecencia, que sirvió de cuartel", el cual fué conce- 
dido por el gobierno el 4 de enero de 1855, previo infor- 
me de la Comisión Filantrópica. La fundación se pos- 
tergó y allí se puso el 28 de marzo de 1882 la "casa de 
campo para convalecencia de expósitos; en 1871 fué re- 
edificada por el gobierno; en 1873 la ocupó el "Asilo del 
Buen Pastor"; desde 1894 la nueva "Sucursal de la Casa 
de Expósitos". 



188 JOSÉ INGENIEROS 

ca, presidida por el doctor Ventura Bosch, procediese 
a habilitar una parte del local de la antigua Conva- 
lecencia (2), poniéndola en condiciones de prestar 
los servicios a que se la destinaba. En noviembre 
de 1853 se iniciaron los trabajos y el 15 de marzo 
de 1854 fueron trasladadas a la Convalecencia todas 
las dementes que existían en el Hospital de Mujeres- 
Pocos días después la Sociedad tomó posesión del 
establecimiento, quedando a cargo de la Comisión 
Filantrópica los trabajos de ensanche; el doctor 
Bosch, presidente de ésta, fué el autor de los ade- 
lantos y mejoras efectuadas en el nuevo Asilo, des- 



(2) El origen de la finca conocida por la Convalecencia 
permaneció incierto hasta hace poco tiempo. En 1908 el 
profesor José Penna pidió datos al señor Paul Groussac, 
que concurren a establecer lo siguiente : 

En 1734 el vecino Ignacio Zeballos donó a los jesuítas 
una manzana en el alto de San Pedro, con más una cha- 
cra de sus inmediaciones, para que se fundase una casa 
auxiliar de la Compañía; así se hizo en 1746 y se llamó 
"Residencia de Belén", llamándose "Chacra de Belén" a 
la finca de sus inmediaciones. 

A poco de ocupar, en 1748, el Hospital de Santa Cata- 
lina, los betlemitas adquirieron, entre otras, una finca 
contigua a la Chacra de Belén (hacia el oeste) que se 
llamó "Chacarita de los Belermitas". 

Al ser expulsados los jesuítas, en 1767, los Betlemitas 
pidieron la Residencia y la Chacra de Belén, para trasla- 
dar el Hospital de Santa Catalina; lo obtuvieron en 1793; 
pocos años más tarde la Residencia se convirtió en Hos- 
pital general de hombres y en la Chacra de Belén se 
hicieron algunas construcciones, dedicadas a los convale- 
cientes del Hospital. Desde esa época la parte más alta 



LA LOCtntA EM LA ARGENTINA 189 

empeñando además, gratuitamente, los servicios mé- 
dicos del mismo. Al terminar el año 1854 existian 
en la Convalecencia 68 enfermas, en su mayor parte 
ocupadas en la confección de ropas para el ejército. 

En 1855 se publicó una crónica extensa sobre el 
edificio y régimen interno de la Convalecencia (3), 
cuyo excesivo optimismo puede disculparse en ho- 
menaje a la buena intención. 

"El edificio — dice — está perfectamente situado. 
El aire lo ventila por todos lados y la vista se extien- 
de en todas direcciones sin tropiezo; circunstancia 
importante pues es sabido que los medios hi^^iénicos 

' - -^íq 

de la Chacra de Belén fué conocida por la Convalecencia. 

En 1822 pasó todo a poder del gobierno, que más tarde 
confió su administración a la Sociedad Filantrópica, ex- 
tinguida a poco de crearse. En 1832, Rosas erigió el 
Cementerio del Sud en la parte Oeste de la Convalecen- 
cia, cercenada ya por la instalación de los Mataderos; 
en el lado Este existía y se amplió un edificio que sirvió 
de cuartel en la época de Rosas. 

En 1854 la Sociedad de Beneficencia estableció en el 
local de la antigua Convalecencia un hospicio para mu- 
jeres, que es el actual Hospital Nacional de Alienadas. En 
el local del cuartel, al Este del anterior, se instaló en 1862 
la sucursal de la casa de Expósitos. En la misma finca, 
al norte de la Convalecencia, se habilitó en 1863 una casa 
de Dementes, para hombres. Se llamó "Hospicio de San 
Buenaventura" hasta 1873, fecha en que la Municipalidad 
acordó llamarlo "Hospicio de las Mercedes". 

(3) En el diario El Orden. — Probablemente fué ins- 
pirada o escrita por el mismo Dr. Ventura Bosch, intere- 
sado en crear una atmósfera favorable al Hospicio. 



l90 José INGÉlílEROg 

son muy eficaces para calmar la exaltación de las 
personas dementes y contribuyen también poderosa- 
mente a su radical curación. 

*Xos dormitorios nos han parecido espaciosos, 
claros, ventilados y secos. Las camas de hierro muy 
cómodas, como todas las piezas que la componen. 
Entre los dormitorios los hay grandes para las en- 
fermas que pueden estar reunidas sin inconvenientes, 
como otros pequeños y separados para las que es 
preciso tener aisladas. 

"El comedor es una sala hermosa y sirve a la vez 
de punto de reunión. Las piezas de la ropería, de 
los baños, del trabajo, la enfermería, la cocina, la 
despensa, son igualmente espaciosas y a propósito 
para el objeto a que están destinadas". La casa tenía 
tres grandes patios, bautizados con los nombres de 
los alienistas Pinel y Esquirol, y del Gobernador 
Obligado. "En la Convalecencia se ha comprendido 
la utilidad de sujetar a los dementes asiladas en cIIa 
a un método conforme al que se recomienda en Eu- 
ropa para tratar este género de dolencias, gracias al 
celo infatigable e inteligente del doctor Bosch". Las 
enfermas eran ocupadas en trabajo de costura, por 
cuenta del Estado. "No faltan recompensas para 
estimular a las que mejor se conducen. Se procura 
satisfacer sus buenos deseos, acordándoles mayor li- 
bertad y permitiéndoles salir fuera de la casa a hacer 
ejercicio. Luego se va a cuidar de preparar el te- 
rreno de manera que ofrezca lugares amenos para el 
paseo. Se da un mejor vestido también a las que se 
distinguen por su buena conducta, esto es, a las que 



LA LOCURA ÉN LA ARGENTINA 191 

hacen mayores esfuerzos para triunfar de los extra- 
víos de su mente- Estas estiman el mate y el cigarro 
como uno de los presentes mejores y hacen esfuerzos 
para merecerlos. 

"En el comedor suelen reunirse hasta 45 demente? 
de las 76 que existen en el establecimiento ; pero don- 
de se las ve juntarse en mayor número y con mejor 
voluntad es en la sala de costuras, en la que a la ora- 
ción se encienden luces y se reza el rosario enfrente 
de una imagen de la Virgen". 

Por referencias de personas que conocieron la 
Convalecencia en sus primeros años, podemos afir- 
mar que se parecía a un Beaterío o casa de recogi- 
miento, más bien que a un Hospital. A fines de 1856 
el número de asiladas ascendía a 91, 

En 1860, ampliada ya la casa, la Comisión Filan- 
trópica cesó en sus funciones, continuando la Socie- 
dad de Beneficencia como autoridad dirigente del 
Hospicio. En abril se fijó la extensión de los terre- 
nos que corresponderían a la "Convalecencia" (mu- 
jeres), deslindándolos del Departamento Topográfi- 
co de los que deberían asignarse a la "Casa de De- 
mentes" (varones). 

De 1872 a 1874 se efectuaron nuevas obras de en- 
sanche y en 1879 se construyó el muro de circunva- 
lación, que marcó sus límites definitivos. 

Es necesario no ocultar que por esa época la asis- 
tencia médica de las alienadas era muy irregular. La 
dirección del asilo estaba confiada a señoras que la 
delegaban en religiosas, cuyo celo era más indudable 
que su competencia; los médicos pasaban visita y el 



192 JOSÉ INGENIEROS 

resto del día quedaban las religiosas a cargo de la 
casa, siendo ellas las que resolvían sobre las medi- 
das de coacción a aplicarse en los casos de urgen- 
cia (4). 

Desde esa fecha comienza a predominar entre las 
asiladas de la Convalecencia, lo mismo que entre los 
del Hospicio de las Mercedes, la población extranje- 
ra, coincidiendo ese hecho con la evolución demográ- 
fica de Buenos Aires. Es verosímil que esto influye- 
ra sobre las estadísticas clínicas, según parece infe- 
rirse de algunas observaciones sueltas de esa 
época. (5). 

Por el año 1879 escribían Meléndez y Coni: "La 
estadística del Asilo de Mujeres nos hace ver que en 
el período de veinte años han entrado muchísimas 
mujeres atacadas de manía religiosa. 

"La observación que hemos hecho en nuestra clase 
social inferior nos lleva a afirmar que existe en las 
prácticas de su vida una mezcla repugnante de fa- 



(4) Ver: N, Maglione: "Los manicomios", Tesis de 
1879. — S. Gaché: La locura en Buenos Aires, Buenos 
Aires, 1879, pág. 204. 

(5) En 1882 escribía Ramos Mejía: "He visto en los 
Manicomios de Buenos Aires muchísimos irlandeses de 
ambos sexos atacados de enajenación mental: y todos 
afectados de melancolía en sus diversas formas; predo- 
minando más que otras la melancolía religiosa, con ten- 
dencias al suicidio. Tengo en mis apuntes varios casos 
de suicidio, los cuales han sido evidentemente producidos 
por tendencias melancólicas irresistibles". — Neurosis, 
Vol. II. 



LA LOCXJRA EN tA ARGENTINA 193 

natismo y libertinaje. La mujer argentina de baja 
esfera que se entrega a la prostitución ostenta a me- 
nudo en sus piezas multitud de imágenes religiosas, 
rosarios, nichos alumbrados, etc. Con frecuencia se 
ve a esas mujeres invocar el auxilio de la virgen y 
de algún santo de su devoción para que las favorez- 
can en ciertos actos de su licenciosa vida. 

"Existe también en Buenos Aires un buen número 
de supersticiosas y fanáticas que, sin recurso alguno 
de subsistencia, están protegidas por familias carita- 
tivas, que con sus dádivas no hacen otra cosa que fa- 
vorecer la holgazanería de esas mujeres que pasan 
todas las horas del día en los templos, para más tarde 
ir a engrosar la población del Asilo, o, en otros tér- 
minos, después de vivir a expensas de la caridad van 
a recargar los gastos del erario público. 

"Se ve, dice un autor, que la locura determinada 
por causa religiosa coincide casi siempre con la sim- 
plicidad nativa, lo que prueba que el sentimiento re- 
ligioso puede ser perjudicial cuando no está apoyado 
al mismo tiempo por una buena y sólida instrucción 
que corrija las exageraciones. La civilización y la 
instrucción, disminuyendo los efectos de la creencia 
en lo sobrenatural, serían más bien causas restricti- 
vas de la locura" (6). 

En 1889, la Convalecencia, lo mismo que el vecino 
Manicomio de Hombres, fué utilizada como hospi- 
tal de sangre durante la revolución. Con el cambio 
de gobierno la Sociedad de Beneficencia, provincial 



(6) MEI.ÉNDEZ Y CoNi. — Ob. cit.j Pág. 31. 



194 JOSÉ INGíNlEROá 

hasta entonces, pasó a depender del Gobierno Nacio- 
nal, nacionalizándose el Hospital de Alienadas. Ai 
terminar ese año habia en la casa 384 asiladas (7). 
El edificio ensanchado en torno de la "Convale- 
cencia" de los Betlemitas alojaba, a fines de 1881, la 
cantidad de 377 dementes, aunque su capacidad esta- 
ba calculada en 200 camas. Con ese motivo el go- 
bierno prohibió la admisión de más alienadas en el 
Hospicio (i? de diciembre), resultando de ello una 
nueva acumulación en la Policía, Cárcel de Mujeres, 
Asilo del Buen Pastor y Hospital de Mujeres. Nue- 
vas obras de ensanche se terminaron en 1886; a 
fines de 1888, la casa asilaba 543 enfermas, habiendo 
ingresado 200 durante dicho año. Con este aumento 
fué adquiriéndose la convicción de que era inútil 
seguir anexando cuartujos y salas al viejo edificio. 
Muchas quejas del doctor Osvaldo Eguía, director 
hasta 1869, prepararon las progresistas reformas del 
doctor Antonio F. Pinero, que le sucedió en la direc- 



(7) Sobre el movimiento estadístico del Hospital de 
Alienadas en el decenio precedente, puede consultarse : 

O. Eguía: "Movimiento del Hospital de Mujeres en el 
1869, VI, 160. 

O. Eguía: "ídem", 1874. — Iden, 1875, XI, 378. 

O. Eguía: "ídem", 1875. — ídem, 1876, XIII, 61, 487. 

O. Eguía: "ídem", 1881. — Anales del Círculo Médico 
Argentino, 1882, V. 394. 

Meléndez y Coni: "Ob. cit". 

S. Gaché: "Ob. cit.". Cap. VIL 

Sociedad de Beneeicencia: "Ob. cit.", 1913, con un cua- 
dro gráfico del movimiento del Hospicio desde su fun- 
dación. 



I 



tA LOCURA EX LA ARGENTINA 195 

ción, en el preciso año que el hospital marcó su má- 
ximo aumento relativo de la población, llegando a 
6io asiladas. Conforme a los planes del ingeniero 
don Carlos Nystromer, se comenzó a construir, en 
1894, un hospital de tratamiento compuesto de 28 
edificios y con capacidad para 1.200 camas, inaugu- 
rándose las primeras secciones el 31 de julio de 1908. 
Al mismo tiempo, el director Pinero "elevó a la So- 
ciedad una exposición, cuya parte primordial se re- 
fería al estudio y critica de la situación legal en que 
se halla el demente entre nosotros, y a la imperiosa 
necesidad de dictar una ley que, a semejanza de las 
que existen en los países más adelantados, los ampa- 
re y garantice debidamente, lo mismo que a fomentar 
la creación de instituciones para su patronato. Entre- 
tanto, el hospital resultaba insuficiente, a punto de 
que el P. E., el 28 de noviembre de 1894, acordó 
"autorización a la Sociedad para limitar, en cuanto 
sea posible,, el ingreso al Manicomio de Mujeres, de 
aquellas enfermas cuyo estado no importe un peli- 
gro para sí mismas o para la sociedad y que puedan 
ser atendidas en sus respectivos domicilios, y en el 
interés de evitar enfermedades graves que podrían 
desarrollarse por el hacinamiento en que actualmente 
se encuentran". En noviembre del año 1895 se inau- 
guró el primer pabellón dormitorio para enfermas 
tranquilas; el 31 de julio de 1898 se inauguraron las 
principales secciones del nuevo plano, comprendiendo 
la cocina central, la casa de máquinas, el pabellón 
dormitorio, sección agitadas, sala de recreo, talleres 
y comedores de la sección tranquilas, pabellón de 



196 JOSÉ INGENIEROS 

pensionistas. "No hay para qué insistir en la enume- 
ración de todas las ventajas que se han conseguido 
con el nuevo hospital ; bástanos decir que en la cons- 
trucción de los distintos pabellones se han observado, 
en general y en los detalles más minuciosos, todas 
las reglas más perfeccionadas de la higiene y de la 
psiquiatría moderna, a fin de que el Hospital Na- 
cional de Alienadas fuera ya de por sí un poderoso' 
factor de tratamiento de la locura". No se detuvo 
allí la obra progresista de Antonio F. Pinero: dotó 
al hospital de un magnífico laboratorio, destinado a 
servicios prácticos y a investigaciones científicas, 
que fué inaugurado el 14 de julio de 1901. Y, por 
fin, formuló la conveniencia de construir un asilo 
suburbano o rural, para desahogo de la gran masa 
de enfermas crónicas que obstruían la asistencia de 
las agudas; este pensamiento se realizó pocos año» 
después, con la fundación del "Asilo de Alienadas 
de Lomas". 

En 1905 fué reemplazado en la dirección del Hos- 
pital por el doctor Manuel T. Podestá, alienista dis- 
tinguido y galano escritor, que continuó eficazmente 
la obra progresista del doctor Pinero, realizándose 
nuevos ensanches. Desde 191 1 dirige el estableci- 
miento el doctor José A. Estévez. 

El ingreso de enfermas en 19 12 fué de 973; la 
existencia ascendía a 1907 alienadas (8). 



1 



(8) Con las 491 del Asilo de Lomas de Zamora forma- 
ban a fines de ese año un total de 2398 alienadas. 



LA LOCURA EN LA .UIGENTINA 197 

II. — EL HOSnCIO DE SAN BUENAVENTURA Y SU 
TRANSFORMACIÓN EN HOSPICIO DE LAS MERCEDES 

En 1852, al poco tiempo de reinstalarse la Socie- 
dad de Beneficencia, se procuró organizar la Comi- 
sión Filantrópica, asesora en asuntos relacionados 
con la salud pública. La primera comisión encargada 
de inspeccionar el Hospital General de Hombres y 
proponer las reformas necesarias (2 de septiembre 
de 1852), señaló en su informe la dificultad de 
llegar a nada práctico, mientras no se resolviera el 
problema de los crónicos y dementes. 

La Comisión F'ilantrópica hizo lo posible por 
mejorar la situación de los alienados en el Hospital 
General de Hombres; "pero la estrechez de la loca- 
lidad no permite que se establezca un régimen pa- 
recido al de la Convalecencia. En la Residencia 
están reunidos 7 u 8 en un solo cuarto, donde no 
es posible la vigilancia y se cometen deplorables 
excesos" (9). 

En 1854 se sancionó la ley instituyendo la muni- 
cipalidad electiva, con amplias facultades de admi- 
nistración comunal; la nueva corporación se insta- 
ló el 3 de abril de 1856, quedando a su cargo el 
Hospital de Hombres. Una de sus primeras pre- 
ocupaciones fué resolver el problema de hospitali- 
zación de alienados, que en número de 131 estaban 
hacinados en el Cuadro de dementes, al terminar 
el año. 



(9) El Orden 185^, articulo citado, 



198 JOSÉ INGENIEROS 

En diciembre de 1857 había 120 dementes sobre 
un total de 195 enfermos, que ocupaban el Hospi- 
tal; algunos seniles habían sido transferidos al Asi- 
lo para Mendigos, fundado ese mismo año, en el 
edificio del antiguo convento de Recoletos (10). En 
diciembre de 1858 había en el Hospital General de 
Hombres 131 dementes sobre 195 enfermos; dos 
tercios de la población total (11). 

En 1857 los alienados se encontraban en el Hos- 
pital General de Hombres, ocupando la parte Oeste 
del edificio conocido con el nombre de Cuadro 
Don Francisco de Paula Munita, adn»inistrador del 
mismo, ofició a la Municipalidad, por indicación de 
los facultativos encargados del servicio médico, di- 
ciendo que el local era ya sumamente reducido para 
contener el número de alienados existentes- En tal 
virtud propuso practicar algunas obras con el ob- 
jeto de dar mayor ensanche al edificio, las que fue- 
ron decretadas y votados los fondos para su eje- 



(10) Fué creado, por acuerdo, el 27 de octubre de 1857, 
llevándose en seguida a algunos dementes seniles de am- 
bos sexos ; se inauguró oficialmente el 17 de octubre de 
1858, por los esfuerzos de la Sociedad Filantrópica. A 
fines de ese año tenía 79 asilados, 59 hombres y 20 mu- 
jeres. 

(11) Sobre el movimiento de alienados en el "cuadro" 
del Hospital General de Hombres, ver: 

Rev. Médico-Quirúrgica, 1868, V. 18, 50, 66, 98, 130, 
192, 210, 226, 259, 310, 350. 

ídem., 1870, Vn, 3, 38, 108, 122, 138, 189, 208, 257, 299, 
^o, 333. 



LA LOCUEA Ex LA ARGENTINA 199 

cución. Eso no bastó ; con fecha 1 1 de agosto de 
1857 la Municipalidad sancionó un acuerdo crean- 
do un Cesó, de dementes, para cuyo efecto destinó 
la suma de 350.000 pesos. Este edificio debía 
construirse "en los terrenos de la Convalecencia o 
en otros más aparentes". El 16 de octubre de 1858 
se promulgó la ley dictada por la Legislatura de la 
Provincia, autorizando a la Municipalidad para in- 
vertir la suma de dos millones de pesos (moneda 
corriente) en la construcción de una Casa de De- 
mentes y un Cementerio Público al Sud de la ciu- 
dad. El ingeniero municipal Don José María Ra- 
mos demarcó en los terrenos de la Convalecencia, 
en 1859, ^^ parte destinada al nuevo establecimien- 
to de alienados. 

Estas sanciones gubernativas fueron obra de \x 
nueva generación médica, representada en la Legis- 
latura y en la Municipalidad. "Los alumnos de 
nuestra escuela que, por obligación o deber, tenían 
que asistir al Hospital General de Hombres, pre- 
senciaban el lamentable estado y cruel tratamiento 
de que eran objeto los alienados en aquella época. 
Luego que los estudiantes se hicieron médicos y 
fueron electos municipales por sus diferentes parro- 
quias llegó el momento de la reforma entre nos- 
otros, de la que habían de ser los promotores. Es- 
tábamos a mediados del siglo XIX, es decir, había 
transcurrido medio siglo desde la redención y eman- 
cipación de los desgraciados "orates". Este lento 
adelanto en el conocimiento y estudio de las vesa- 
nías en Europa, hizo rápidos progresos después del 



200 JOSÉ INGENIfiROS 

advenimiento de Pinel; sin embargo él no llegó 
hasta nosotros y dolorosamente vemos que trans- 
currieron algunos años desde la sanción creadora 
de este asilo hasta su fundación". 

En 1860 "hubo quien manifestara ya la idea de 
sacar la casa de locos fuera de la ciudad, próxima 
a una vía férrea; pero ¿adonde se pretendía con- 
ducir al alienado, si en las puertas de la ciudad no 
se le trataba como tiene derecho a exigir, con la 
dulzura y comodidades que se les dispensa en todas 
partes? ¿cómo sería, decimos, lejos de ella, separa- 
do de toda vigilancia, y con nuestro carácter negli- 
gente? — Esta idea, tan sabia como económica ba- 
jo todo punto de vista, dará benéficos resultados 
cuando nuestros médicos, nuestra Municipalidad y 
el público en general, se penetren de las necesidades 
del insano y de la especialidad de los cuidados que 
reclama el estado de locura" (12). 

La memoria municipal de 1859 anunció que en 
1860 se adelantaría la obra; para facilitar su eje- 
cución se acordó anexar a la comisión municipal de 
obras públicas la Comisión Filantrópica, formada 
por el señor Ventura Bosch y los señores Mariano 
Miró y Felipe Botet, a cuyo cargo estaba la direc- 
ción de la Convalecencia o manicomio de mujeres. 

Mientras tanto, en 1859, se había ampliado el 
Cuadro del Hospital General, mediante la cons- 
trucción de un gran patio en el sitio que antes ocu- 
paba la ropería. La medida fué insuficiente; la co- 



(12) Mí;i,éndi;z y Coni: Ob. git., pág. 7. 



LA LOCURA ÍN LA ARGENTINA 301 

misión del Hospital se lamentó, en 1860, del ha- 
cinamiento de los alienados, aunque eran bastantes 
los que seguían vagando por las calles de la ciudad. 

El II de octubre de 1863 fueron conducidos a la 
casa de dementes 116 alienados del Hospital Ge- 
neral de Hombres; con 6 que los habían precedido, 
formaban un total de 122, aparte del personal mé- 
dico y administrativo- La parte habilitada se había 
dispuesto para 120 enfermos. 

El doctor Ventura Bosch, presidente de la Co- 
misión Filantrópica, llevó a cabo la construcción 
de la Casa de Dementes, que al principio se con- 
sideró como una sucursal del Hospital General de 
Hombres ; durante varios meses hizo el servicio 
médico el doctor José Teodoro Baca, concejal mu- 
nipal por la parroquia de San Telmo y aspirante a 
su dirección. En esa época, por iniciativa del ad- 
ministrador Munita, se le dio el nombre de Hospi- 
cio de San Buenaventura, en honor de su funda- 
dor Ventura Bosch. 

"Del Hospital General de Hombres se trajeron 
algunos muebles de los que usaban los alienados, 
tales como las camas de madera con cepos, que fe- 
lizmente fueron quemadas en uno de los años en 
que el cólera atacó a estos desgraciados. En los co- 
medores se veían todavía las cadenas, que recuer- 
dan las antiguas prisiones de los alienados, sirvien- 
do para unir las mesas por los pies, a fin de que 
aquellos no las removieran. Esta era precisamente 
la situación del loco" al fundarse el Hospicio de 
San Buenaventura. "El médico asistía tocios los 



202 JOSÉ INGENIEROS 

días al hospital y así que se retiraba, para no volver 
hasta el día siguiente, la mayor parte de los em- 
pleados hacían otro tanto. Por las noches cerraban 
con llave las puertas de las habitaciones, dejando 
dentro a las alienados y se retiraban a sus casas, 
procurando llegar al Hospicio antes de la venida 
del médico. Es duro decir que la asistencia medie:: 
no era posible. En tal situación las prescripciones 
del médico estaban demás, puesto que no quedaba 
ningún empleado o enfermero para llenarlas. Du- 
rante el día todo se encontraba en completo des- 
quicio, los desgraciados alienados eran las vícti- 
mas contra quienes se ensañaban los rudos e inhu- 
manos asistentes, que parecían rentados para co- 
meter actos de crueldad" (13). 

La existencia de dementes por el año 1860 osci- 
laba entre 150 y 200. En 1860 hubo 126 entradas; 
en 1861, 119; en 1862, 164. En 1860 hubo 82 sali- 
das (altas, fugas y defunciones) ; en 186 1, 103 ; 
en 1862, 137. Cada año la existencia aumentó en 
44, 16 y 27 enfermos, respectivamente. 

A un conflicto gravísimo dio lugar el nombra- 
miento del primer director del Hospicio, puesto a 
que aspiraba el joven doctor José Teodoro Baca, 
apoyado por la municipalidad, de que formaba par- 
te (14). 



(13) MeléndEz y Coni: Ob. cit., págs. 8 y 9. 

(14) A este conflicto se refiere la siguiente informa- 
ción: 

"Han pasado ya algunos meses desde que se hizo la 
traslación de los dementes del hospital de hombres a la 



LA L0CV5A EX LA ARGENTINA 



203 



Después de algunos enredos fué nombrado direc- 
tor del Hospicio el doctor José Maria de Uriar- 



nueva casa de San Buenaventura, y aun (12 de diciem- 
bre) está vacante la plaza de Médico del establecimiento. 
No sabemos quien fué el que inició la inconducente idea 
de proveerla por oposición; sólo si sabemos que, adopta- 
da por la Municipalidad, ésta pidió la cooperación de la 
Facultad de Medicina y del Consejo de Higiene pública 
para llevarla a cabo. La primera se prestó a ello, cau- 
sando la sorpresa de todos al ver que autorizaba de ese 
modo un desaire manifiesto a uno de sus miembros, que 
por muchos años había tenido a su cargo la asistencia 
de los dementes y a quien se despojaba por el solo hecho 
del cambio de local. Señaláronse las bases del concurso 
y se presentaron dos candidatos, uno de ^los el médico 
desairado, pero a última hora la Municipalidad volvió 
sobre sus pasos y accediendo a la solicitud del antiguo 
médico lo nombró para la nueva casa. Esta resolución 
era extemporánea, puesto que el otro opositor había ad- 
quirido ya ciertos derechos a la plaza, debidos a las tareas 
y pérdidas de tiempo consiguiente a la preparación a la 
lucha. Todo parecía terminado cuando tenemos que el 
nombrado eleva su renuncia en los primeros días de en- 
trar en ejercicio, lo que hace que quede el asunto en su 
primitivo estado. 

"Resuélvese abrir de nuevo el concurso, y vuelve la 
Municipalidad a pedir la ayuda de la Facultad. Esta vez 
no la encuentra tan dispuesta, temiendo probablemente la 
repetición del chasco de la vez pasada, pero ofrece a la 
Municipalidad otro medio de proveer la tal plaza, y es 
que esta elija en una terna de buenos médicos que la Fa- 
cultad presentará. Se nos asegura que la Municipalidad 
ha adoptado tan excelente consejo, y esperamos que la 
Facultad hará justicia a uno de los primeros opositores 
poniéndolo en la terna". — Revista Farmacéutica: "Hos- 
pital de Dementes", enero i.° de 1864, pág. 369. 



204 JOSÉ INGSNIEROS 

te (15), bajo cuya dirección mejoró un poco la si- 
tuación de los enfermos, pero no dejaron de obser- 
varse "muchas irregularidades en el orden direc- 
tivo y administrativo". Los alienados tranquilos go- 
zaron de alguna libertad y se les entretenía en tra- 
bajos agrícolas; a los desaseados "se les colocaba 
sobre una gran tarima de madera y pasaban la no- 
che cubiertos con frazadas, haciéndose la limpieza 
general al día siguiente". 

En 1873 ^1 nuevo director hizo gestiones para 
que el nombre de Hospicio de San Buenaventura, 
dado al asilo en honor del Dr. Ventura Bosch (16) 
que lo fundó, fuese cambiado por el de Hospicio de 
las Mercedes, que conserva hasta la fecha. El doc- 
tor Uriarte falleció en 1876 y durante su dirección 
se hicieron algunas ampliaciones al primitivo edi- 
ficio, sin lograr con ello que pudieran trasladarse 
al Hospicio los dementes del Hospital (17). 



(15) Se había graduado en 1851, presentando una tesis 
sobre "La Tisis Pulmonar", encabezada con los lemas de 
uso : "¡ Viva la Confederación Argentina 1 ¡ Mueran los 
Salvajes Asquerosos Unitarios ! ¡ Muera el loco traidor 
salvaje unitario Urquiza ! 

(16) El doctor Ventura Bosch había fallecido en 1871, 
víctima del cumplimiento de su deber durante la epide- 
mia de fiebre amarilla. 

(17) Sobre el movimiento de alienados en el Hospicio 
ver: - v *■■ '^^'4í| 

J. M. DE Uriarte: "Hospicio dementes de San Buena- 
ventura". Revista Médico Quirúrgica, 1870, VII, 266. 

Ídem: "Hospital de San Buenaventura". ídem, 1870, 
IX, 287, 304. 



tA LOCURA SN tA ARGENTINA 205 

Una era nueva en el desarrollo del Hospicio fué 
abierta con el nombramiento del doctor Lucio Me- 
léndez para el cargo de director. Este hombre de 
ciencia, vinculado desde varios años al cuerpo do- 
cente de la Facultad de Medicina, efectuó cambios 
radicales, ensanchando el edificio y poniéndolo en 
condiciones cada vez más favorables. 

Su lucha contra el hacinamiento fué constante. 
Basta pensar que en 1865 el Hospicio tenía 160 
ahenados; 178 en 1870; 249 en 1875; 300 ^" 1880. 
Y a pesar de ello seguían muchos en el Cuadro del 
Hospital y no pocos vagando en la vía pública. 

En 1879, con una población media de 290 enfer- 
mos, el Hospicio prestaba buenos servicios, pero íu 
director se quejaba de que "la falta de espacio nos 
obligaba diriamente a alojar tres y cuatro personas 
en una habitación de 30 metros cúbicos de aire, a 
poner camas en las galerías y a hacer come lores 
generales en las mismas" (18). 

El doctor Meléndez en 1879, pidió la construc- 
ción de pabellones aislados, distribuidos en su pro- 
yecto "de tal modo que queden separados del an- 
tiguo por medio de jardines espaciosos que sirvan 
de recreo a los insanos, permitiendo a la vez fácil 
entrada a la luz y al aire de que hoy carecen en al- 



R. EcHENiQuE: "Estadística del Hospicio de las Merce- 
des durante los meses de Enero a Septiembre de 1876 
ídem, 1876, XIII, 341. 

(18) Ver datos de 1880: "Hospicio de las Mercedes!", 
en Rev. Médico-Quirúrgica, 1880, XVIII, 471. 



206 JOSÉ INGENIEROS 

to grado". En su plan exigía que se separase a los 
alienados agudos de los crónicos, a los convalecien- 
tes de los agitados, a los dementes, a los paralíticos, 
epilépticos, semiagitados, crónicos, crónicos tranqui- 
los, desaseados. En la misma fecha, con visión cla- 
ra del porvenir, presentó a la municipalidad el pro- 
yecto de fundar una Colonia de Alienados, que 
aconsejaba instalar en Santa Catalina. 

"Desde el doctor Meléndez, puede decirse, que se 
inicia el progreso y el bienestar para los desgracia- 
dos insanos, que al amparo del gobierno, elevan al 
loco de otras épocas, que gemía bajo el yugo de la 
ignorancia y las torturas de la barbarie, a la catego- 
ría de enfermo, con todas las consideraciones que 
hoy se le dispensan . . . 

"Entretanto el número de asilados fué lentamente 
aumentando hasta llegar, en 1881, a no poder conte- 
ner a 60 de ellos, que dormían de a dos en cama, y 
fueron, por esa causa, trasladados al Hospital San 
Roque (19), disponiéndose la construcción de obras 
ampliatorias, que fueron contratadas con el arqui- 
tecto don Enrique Aberg, de acuerdo con sus planos 

"El doctor Meléndez, en nota del mes de septiem- 
bre de ese año, demuestra la necesidad de estas obras, 
en virtud del hacinamiento de los locos, y agrega en 



(19) Es seguro que la Sección de Higiene Municipal, 
con fecha 18 de febrero de 1880, autorizó al director del 
Hospicio para trasladar 50 alienados al Hospital San 
Roque ; esta traslación no llegó a efectuarse porque sobre- 
vino una epidemia de viruela y el San Roque se habilitó 
para los variolosos (N. del A.). 



LA tOCURA EX LA ARGENTIKA SO? 

ella, que desde el año 1863, en que el establecimiento 
fué abierto al sendcio con 123 insanos, — 3 más que 
el número reglamentario al terminarse el edificio — 
era permitido, empleando su propia expresión, de- 
cir que "el Manicomio había nacido insuficiente!" 
Y para confirmar la exactitud de esta expresión, 
puede agregarse que además de los insanos asilados 
en el líospicio edificado para ellos, había otros que 
ocupaban deparíam.entos de los hospitales San Ro- 
que y General de Hombres. 

"A estar a los informes adquiridos, los mismos 
asilados contribuyeron a la edificación de las nuevas 
secciones, pues resulta que el maestro albañil Felipe 
Frugoni, que tenía a su cargo la construcción, esta- 
ba facultado para emplearlos, según se colige de lo 
resuelto por la Sección de Higiene de la Corpora- 
ción Municipal, que aprobó los planos y el presu- 
puesto, agregando: Hágase saber al director del 
Hospicio de las Mercedes, que debe poner bajo las 
órdenes del señor Frugoni, todos los alienados aptos 
para el trabajo que se va a llevar a cabo. . . 

"En agosto de 1882 la Alunicipalidad resolvió 
aprobar la licitación de las obras, muy importantes, 
de ensanche de este establecimiento, proyectadas por 
el arquitecto Enrique Aberg. Las obras de albañile- 
ría importaban la suma de $ 1.56 1.990 moneda co- 
rriente, y las de carpintería $ 350.760 m¡c. La direc- 
ción técnica de ellas se confirió al mencionado arqui- 
tecto, cuyos planos pueden ser consultados en la Me- 
moria Municipal del año 1882, pág. 270. 

"Para poder darse cuenta de la magnitud del tra- 



208 JOSé INGENIEROS 

bajo que iba a realizarse, asi como para apreciar 
el estado de la época respecto a la importancia que 
se daba a estas construcciones, con relación a los 
progresos del porvenir, copiamos la parte pertinen- 
te del memorádum del arquitecto: "Está hecho (el 
plano) en el concepto que el ensanche corresponda 
al incremento que este Hospicio ha de tomar, desde 
que Buenos Aires es la Capital de la República".- 
"El ensanche principal se extiende al lado Norte del 
edificio antiguo, formando cuatro grandes patios 
principales y algunos menores. De los grandes pa- 
tios los primeros están rodeados de las localidades 
destinadas a alojar los alienados tranquilos, y de las 
otras, unos pertenecen a los pensionistas de primera 
clase y el otro a los de segunda clase. 

"Los dormitorios están dispuestos alrededor de 
los patios agrupados de modo que una misma guar- 
dia puede hacer la vigilancia de dos o tres dormito- 
rios a la vez, teniendo éstos sus entradas al lado de 
la pieza del guardián. Hay los lavatorios y demás 
dependencias que se necesitan y dos comedores es- 
paciosos que pueden servir también para salas de 
conversación. El departamento para alienados tran- 
quilos, puede contener 150 camas. El de pensionistas 
de segunda clase en dos piezas de diferente tamaño, 
con comedor, sala de billar, de lectura, etc., con ca- 
pacidad para 60 camas; y de pensionistas de prime- 
ra con piezas para una o dos personas con una ca- 
pacidad para 55". La parte posterior del edificio es 
destinada para funcionar con capacidad para 16 en- 
fermos; en fin, el frente del edificio de dos pisos 



ii 



LA LOCURA En la ARGENTINA 209 

está destinado para la dirección y la administración. 
El total de camas proyectadas será de 300, y una vez 
terminado costará $ 7.168.500 m|c., según presu- 
puesto del mencionado arquitecto". "En esta fecha, 
31 de diciembre de 1882, el número de insanos asi- 
lados sumaba 299, sin contar 54, que se alojaban en 
el Hospital General de Hombres". "En 1883 se ter- 
minaron tres salones, donde fueron trasladados el 
20 de septiembre los alienados del Hospital General 
át Hombres. 

"En 1885 se terminaron las obras. Hay que notar 
que el edificio primitivo se construyó para 120 asi- 
lados, y en 1881, cuando la Capital fué federaliza- 
da, contaba 408, la misma cifra que en 1884, que 
tenía 407 asilado. . ." (20). 

El doctor Lucio Meléndez, tan eficaz organizador 
como distinguido hombre de ciencia, alcanzó a rea- 
lizar lo esencial de su obra (21), conservando la di- 



(20) Penna: Ob. cit., II, 122 y sigs. 

(21) En 1887, la comisión nombrada para informar so- 
bre el estado de los hospitales municipales, decía del Hos- 
picio de las Mercedes : "La Comisión ha visitado deteni- 
damente también este Hospicio y estudiado con empeño 
el tratamiento que reciben los insanos que aloja. En un 
establecimiento que hará honor a la administración muni- 
cipal cuando queden concluidas las obras complementa- 
rias que se están haciendo. 

"Su administración es satisfactoria, sus libros son lle- 
vados con bastante corrección y a pesar de que actual- 
mente tiene 500 enfermos (insanos), su personal es más 
reducido que el del Hospital de San Roque, lo que hace el 
mejor encomio de su dirección. 



21Ó José ingenieros 

rección del Hospicio hasta 1892, Vivió sus último; 
años en Adrogué, donde falleció el 7 de diciembn 
de 1901 ; al poco tiempo se inauguró en dicho pueble 
el "Hospital Lucio Meléndez", que honra su memo 
fia (22). 

La obra del doctor Meléndez fué proseguida coi 
incansable afán por el doctor Domingo Cabred, qu( 
en 1892 le sucedió en la dirección del Hospicio di 
las Mercedes y en la cátedra de psiquiatría. 

Inspirándose en conceptos más modernos, proyec 
tó y realizó reformas en el Hospicio, siendo nota 
bles los pabellones de pensionistas y de alienados de 
lincuentes, que dieron un nuevo aspecto a todo con 
junto. Para los fines de la investigación científic; 
se fundó un magnífico Instituto de Neuropatologíá 
puesto bajo la dirección competentísima del profe 
sor Cristofredo Jakob, a cuyo lado se formó un se 
lecto núcleo de discípulos. 

"Verdad es que en este establecimiento la dirección ; 
la administración refundidas en un solo jefe superioi 
único responsable que imprime unidad a todo el meca 
nismo de la organización de un establecimiento semejantt 
es una gran ventaja, y estos resultados debieran teners 
en cuenta, muy justamente, para ponerlos en práctica e 
la reglamentación de los demás establecimientos." — E 
esa época constituían el Hospicio los siguientes departíi 
mentos : pensionistas, tranquilos, semiagitados y destru» 
tores, furiosos, alienados delincuentes, convalecientes, ep 
lépticos y paralíticos, tres barracas para crónicos. 

(22) Ver la sentida necrología de su discípulo el proí 
sor Benjamín T. Solari: "Doctor Lucio Meléndez", i 
Semana Médica, diciembre 12 de 1901, I 



tA tOCÜRA ÉN LA AtlGEIÍTlNA 2ll 

De esta manera, por el año 1900, el Hospicio de 
las Mercedes presentaba un aspecto heterogéneo, de- 
bido a la coexistencia de edificios correspondientes 
a tres distintas épocas : la de Ventura Bosch, su fun- 
dador; la de Lucio Meléndez, el maestro; y la de 
su continuador, Domingo Cabred (23). 

Durante la eficaz administración del doctor Ca- 
bred el Hospicio fué nacionalizado, en 1905, lo que 
mejoró considerablemente sus recursos y, con ello. 



(23) "Esa población (del Hospicio) se aloja en cons- 
trucciones de aspectos diversos según el tiempo en que 
fueron levantadas. 

"La parte más antigua, reducida ahora a muy pequeñas 
proporciones, es incómoda, escasa de luz, de aire, de hi- 
giene; quedan sus últimos restos como vestigios de la 
triste época en que la coerción violenta servía para do- 
blegar a los enfermos agitados, usando del garrote, del 
cáustico, de la ducha, del encierro celular, del chaleco de 
fuerza, entre espesos muros ornados por el terrible mo- 
saico de rejas que con trágica uniformidad limitaba, como 
entre redes de hierro, el horizonte de los enfermos. 

"La segunda construcción tiene ya grandes ventajas so- 
bre la anterior. Consta de espaciosos dormitorios, come- 
dores, enfermerías, salones de visita, talleres, etc. Aunque 
dista del ideal de hospitalización que hoy reclaman todos 
los alienistas, responde directamente a las necesidades 
prácticas del tratamiento. 

"Los pabellones recientes responden, en absoluto, a las 
más escrupulosas exigencias de la clínica psiquiátrica. 
Todo está reunido en ellos: vigilancia y tratamiento, es- 
tética y comodidad, disciplina y libertad". 

En estos términos lo caracterizamos en una página pu- 
blicada en 1899, siendo aún estudiante. 



212 JOSÉ INGENIEROS 

la posibilidad de ultimar los ensanches y reformas 
anheladas durante más de treinta años (24). 

III.— ASILO COLONIA DE LUJAN 

Las incesantes mejoras del Hospicio de las Mer- 
cedes no resolvían el problema del hacinamiento; el 
número de asilados crecía con más rapidez que los 
ensanches, y a fines de 1900 ascendía a la cifra de' 
1.300. Así como el manicomio de mujeres buscaría 
su desahogo en la Quinta de Lomas, el de hombres 
lo encontró en la Colonia de Lujan. 

Desde 1860 se había avanzado en la Municipali- 
dad de Buenos Aires el pensamiento de construir 
una Casa de Dementes fuera de la ciudad y sobre 
una vía de ferrocarril, organizándola para el trabajo 
agrícola de los enfermos. Esta idea, prematura en- 
tonces, renació en 1879, concretada por el doctor 
Lucio Meléndez en un proyecto presentado a la Mu- 
nicipalidad, emplazando la Colonia en la gran finca 
provincial de Santa Catalina, y propiciada en varios 
escritos que hacen honor a su memoria (25). 

En 1897 el profesor y diputado Elíseo Cantón 
presentó al Congreso un proyecto, que fué sanciona- 



(24) Sobre "Nacionalización del Hospicio" ver Semana 
Médica, 190S, página 1002. 

(25) Ver Meléndez y Coni: Ob. cit.; Lucio Melén- 
dez: "Un proyecto de Hospicio de Alienados", en Rev. 
Médico-Quirúrgica, 1880, XVIII, 494; Lucio Meléndez: 
"Colonia de Alienados", en Rev. Médico-Quirúrgica, 1882, 
XIX, 207. 



I^ I^OCtJRA EN LA ARGENTINA 213 

do, creando una Colonia de Alienados fuera de la 
ciudad (26). Tomando por modelo el Asilo de Alt- 
Scherbitz, en la Sajonia Prusiana, el doctor Domin- 
go Cabred hizo trazar los planos de la Colonia Na- 
cional de Alienados y consagró actividades inagota- 
bles a dirigir los arduos trabajos de la edificación. 
Su labor puede señalarse como ejemplo a todos los 
que anhelan convertir un bello deseo en magnifica 
realidad. 

Los trabajos de trazado y albañilería se iniciaron 
el 21 de mayo de 1899; ^^ ^5 ^^ agosto de 1901 se 
llevaron del Hospicio de las Mercedes los primeros 
II enfermos {2.']'). El sistema de puertas abiertas 



(26) Ver : EusEo Cantón : "Discurso sobre creación 
del Open Door", en Semana Médica, agosto 5 de 1897. 

(27) Domingo Cabreo: "Discurso inaugural de la Co- 
lonia Nacional de Alienados", folleto, 1899. — "Damoá 
cumplimiento a la Ley Nacional de 2 de octubre de 1897, 
que ordena la creación de un asilo de alienados, según el 
sistema escocés llamado "de puertas abiertas" (Open 
door), destinado a modificar fundamentalmente la asis- 
tencia de estos enfermos. 

"La benéfica ley se debe a la iniciativa parlamentaría 
del doctor Elíseo Cantón, quien convencido de la necesi- 
dad de proceder a la reforma de esa asistencia, levantó 
su voz elocuente en el seno de la cámara de diputados, 
pidiendo se implantara en nuestro país este nuevo sistema 
de tratamiento. 

"Su discurso, uno de los más brillantes que se halla 
pronunciado en el parlamento argentino, llevó el conven- 
cimiento a todos cuantos le escucharon y un mes más 
tarde de presentado su proyecto, era convertido en ley. 

"Gratitud, pública gratitud merece esa noble ioiciativa. 



214 JOSÉ INGSNIEROS 

— Opcn door — dio excelentes resultados desde los 
primeros años (28). La Colonia de Lujan es hoy, 
en su género, uno de los más suntuosos estableci- 
mientos del mundo. 

El 31 de diciembre de 1901 tenía 108 alienados; 
en igual fecha de 1902, asilaba 241 ; a fines de 1903 
ascendían los enfermos a 390. Su población actual 
gira en torno de 1250 asilados. 

IV.— ASILO-QUINTA DE LOMAS 

Varias veces, como director del Hospital de Alie- 
nadas, expuso el doctor A. F. Pinero la necesidad de 
fundar un establecimiento fuera de la ciudad; en 
1903 proyectó un asilo rural o suburbano, que hacía 
extensivas a las alienadas las ideas de tratamiento 
en relativa libertad. 



no sólo de parte de aquellos que tienen la razón alterada 
— pero que no obstante aprecian y recuerdan el bien que 
reciben, — sino también de todos los que valoran las obras 
destinadas al alivio de la mayor de las desgracias huma- 
nas. El nombre del doctor Cantón, figurará, pues, en lo 
sucesivo, entre los de los grandes benefactores del insano. 
"Cumplo igualmente con el grato deber de recordar los 
constantes esfuerzos del doctor Meléndez por establecer 
el sistema colonial de asistencia, manifestados en frecuen- 
tes pedidos y en un proyecto que sometiera a la Munici- 
palidad de Buenos Aires, en 1879. Aquellas iniciativas 
no atendidas, son hoy hermosa realidad y el espíritu del 
filántropo alienista debe llenarse de legítima satisfacción" 

(28) Ver "Asilo de puertas abiertas", en ArgentÍ7ia Mé- 
dica, mayo 21 de 1904. 



LA WCURA EN LA ARGENTINA 216 

A principio de 1904, con motivo del hacinamien- 
to de 1700 enfermas en el Hospital de Alienadas, la 
Sociedad de Beneficencia se dirigió al gobierno soli- 
citando la cesión de una quinta, situada en Lomas 
de Zamora, para trasladar a ella parte de las 1200 
enfermas crónicas incluidas en aquel número (29). 
Los trabajos de edificación fueron iniciados con 
fondos que acordó el Ejecutivo en julio de 1904: 
fué librado al servicio público el 26 de septiembre 
de 1908. El número de asiladas ascendía a 491 a fi- 
nes de 1912; aunque se proyectaron nuevos ensan- 

(29) "El país tenía entonces una población de mujeres 
alienadas, cuya cifra aproximativa podía calcularse en 
3.000 sin contar cierta forma de degeneración — como el 
cretinismo — que es endémica en ciertas regiones. 

'De las 3.000 alienadas eran atendidas en el estableci- 
miento mencionado alrededor de 2.000, con los inconve- 
nientes graves del hacinamiento de mil cien dementes en 
un hospital de tratamiento. Es cierto que esas malas con- 
diciones de hospitalización, han sido siempre atenuadas 
por la buena alimentación, por la higiene personal y los 
cuidados individuales y colectivos que se les prodiga a las 
enfermas. Pero no basta, y era indudable que aquella 
situación precaria y difícil se agravaría rápidamente, des- 
de que el número de alienadas aumentaba de día en día 
y la falta de medios indispensables para su tratamiento 
subsistía. 

"La única solución que tenía ese problema, era la cons- 
trucción de asilos especiales en la campaña, sencillos y 
económicos, empezando por un asilo de refugio anexo al 
hospital, para trasladar a él a las i.ioo dementes incur.i- 
bles hacinadas en éste con un costo de sostenimiento muy 
superior al que costaría en el local solicitado". — Memo- 
ria de la Sociedad de Beneficencia, cit, pág. 423. 



216 JOSÉ INGENIEROS 

ches, su ejecución fué detenida por haberse resuelto 
trasladar sus enfermas al Hospital Regional de 
Oliva. 



V.— SKRVICIO POLICTAt, DB OBSERVACIÓN 
DE ALIENADOS 

La ciudad de Buenos Aires cuenta desde 1900 con 
un Servicio de observación de Alienados cuya orga- 
nización y funcionamiento merecen ser señalados 
por ser excepcional su existencia en las grandes ciu- 
dades extranjeras (30). 

Corresponde la iniciativa de este servicio público 
al profesor de medicina legal, doctor Francisco de 
Veyga, quien gestionó su creación con el objeto de 
utilizarlo como clínica psiquiátrica y criminología 
anexa a su cátedra. 

Por disposiciones de la Jefatura de Policía de fe- 
chas 23 de agosto y 20 de noviembre de 1899, se re- 
solvió organizar sobre bases expeditivas y regulares 
el servicio de observación y reconocimiento de alie- 
nados, con objeto de recluir con fines de tratamien- 
to y de prevención a todos los individuos afectados 
de alguna alteración mental, indigentes o abandona- 
dos por su familia. 

El criterio que preside a sus funciones es bilate- 



(30) Mas amplia información y reglamento del servi- 
cio, en la obra de J. Penna: La administración sanitaria, 
etc., vol. II, págs. 617 a 621. — Ver también Pedro Bar- 
BiERi: La clínica criminológica, en Archivo de psiquiatria 
y criminiologia. Buenos Aires, 1906 (Vol. V. pág. 296). 



LA LOCURA EN LA ABGENTINA 



217 



ral. Por una parte se propone secuestrar a los su- 
jetos cuyo estado mental ofrezca peligro para la se- 
guridad de las personas o de la propiedad, o impli- 
que una incapacidad de adaptar la conducta a las 
condiciones de nuestro medio social, constituyendo 
una amenaza para el orden público. Por otra parte 
tiende a asegurar la protección social al alienado in- 
digente, a quien se debe asistencia y amparo, trami- 
tando su internación en los asilos de alienados, a los 
fines de su tratamiento médico- 

En marzo de 1901, el Jefe de Policía dictó una or- 
den del día, estableciendo definitivamente el servi- 
cio, confiando su dirección al doctor 3e Veyga, quien 
nombró su jefe de clínica al autor de este libro, 
que le ha sucedido en la dirección desde 1902 hasta 
191 1, fecha en que renunció y fué sustituido por el 
doctor Lucio V. López. 

Durante los primeros años de su funcionamiento 
el Servicio policial de Alienados ha tenido en obser- 
vación más de 3.000 sujetos, de los cuales 1.700 
han sido recluidos y 1.300 puestos en libertad. 

Sobre esas cifras sólo se produjo un caso de re- 
clamación por reclusión indebida, resuelto en favor 
del Servicio por tratarse de un perseguidor-queru- 
lante (caso Medela) ; y sólo hubo una reclamación 
por malos tratamientos, resuelta también en favor 
del Servicio, por haberse comprobado que la culpa- 
bilidad correspondía al Hospicio de las Mercedes 
(caso Tallarico) (31). 



(31) Para ambos casos ver Archivos de Psiquiatría y 
Criminología, Vol. I, págs, 670 y 740. 



318 JOSÉ INGENIEROS 

VI.— ASILO-COLONIA "MELCHOR REMERO" 

Este Hospital fué fundado el 6 de abril del año 
1884 durante el gobierno del doctor Dardo Rocha, 
en su lugar actual ; fué su primer director el doctor 
Julián Aguilar. Se sucedieron en la dirección del es- 
tablecimiento el doctor Francisco del Carril, el doc- 
tor Julio Darnet, el doctor Alejandro Korn, el doc- 
tor Estanislao Be jarano y el doctor Joaquín J. Dur- 
quet. El Hospital estaba primitivamente constituido 
por un pabellón de administración y un pabellón de 
material, con cuatro salones con capacidad para cien 
asilados y dos salas de madera, de las cuales una 
se incendió en 1889. 

Progresivmente se construyeron importantes am- 
pliaciones en los edificios centrales y varias colonias 
agrícolas, de modo que en su origen se componía de 
pabellones cerrados que representaban el sistema 
más sencillo de asilamiento de enfermos, hasta ad- 
quirir progresivamente las características de un ver- 
dadero Establecimiento de Alienados con todos los 
sistemas de una institución moderna: pabellones ce- 
rrados, "Open-door" y colonias agrícolas. Cuando 
se fundó fué poblado con treinta alienados proce- 
dentes del Hospicio de las Mercedes. 

"Este establecimiento posee actualmente las con- 
dxiones elementales para llenar su misión de hospi- 
cio, es decir, que las necesidades del servicio públi- 
co, de la sociedad y de la justicia, pueden ser satis- 
fechas en beneficio de ellas y del enfermo que se 



LA tOCUHA EN LA ARGENTINA 219 

í. 

[?ila. Para el cumplimiento de su cometido, esta ins- 
itución cuenta con un personal técnico y administra- 
ivo que en la multiplicidad de sus tareas atiende y 
^gila los intereses del establecimiento y la salud de 
cdos sus tutelados ; con pabellones cerrados para 
cclusión de los internados, con pabellones de admi- 
,ón para el tratamiento y observación de las enfer- 
edades mentales durante el proceso agudo ; con am- 
os jardines en una buena extensión de tierra y vi- 
endas de muros bajos y puertas abiertas que cons- 
ituyen el Open-Door hospitalario; con colonias 
igrícolas donde los asilados con buenas aptitudes 
'ísicas se dedican al cultivo de la tierra y encuentran 
-.ampo propicio para la realización de sus tendencias 
nstintivas y se consiguen los efectos saludables del 
:rabajo físico; con sus pabellones especiales para 
procesados y condenados en situación de prevenidos 
) de alienados; con enfermerías para ambos sexos, 
donde se atiende al alienado que padece un proceso 
ntercurrente; con una sección hospitalaria para en- 
fermos comunes, con capacidad para ochenta ca- 
nas; con salas de operaciones y de curaciones para 
:odos los servicios, internos y externos del Hospi- 
al ; con farmacia y laboratorio; etc." (32). 

La existencia de alienados ascendía a 1-136 el 31 
le diciembre de 1918, divididos en yj-^ varones y 
^63 mujeres (existían, además 86 enfermos comu- 
les). 



(32) Ver Joaquín J, Durquet: "Memoria del Hospital 
Melchor Romero", La Plata, marzo 1919. 



220 JOSÉ INGENIEROS 

VII.— HOSriTAIv DE ALIENADAS DE CÓRDOBA 

Desde de 1870 la Sociedad de Beneficencia de 
Córdoba gestionó de la similar de Buenos Aires, la 
admisión en la Convalecencia de los dementes que 
se le enviaran de Córdoba. Esta práctica fué viola- 
da con frecuencia, por las dificultades que se po- 
nían en los Asilos de Buenos Aires, a causa del ha- 
cinamiento. La policía de Córdoba prefirió muchas 
veces remitir varios alienados con un agente de po- 
licía y abandonarlos en la vía pública. 

En 1888 el señor Antonio Rodríguez del Busto 
ofreció construir un Asilo de Alienados y donarlo al 
gobierno de Córdoba. Habiéndose resuelto erigirlo 
sobre un terreno donado, se dio comienzo a las obras ; 
después de invertida una ingente suma, se suspen- 
dieron los trabajos, por vicios legales que afectaban 
la propiedad del terreno. 

En 1882 la Sociedad se propuso fundar en Cór- 
doba una casa para alienados ; después de muchas di- 
ficultades administrativas consiguió fundar un Asi- 
lo de Dementes, en septiembre de 1888. Por defi- 
ciencias del local fué clausurado en 1889. 

En mayo de 1890 se inició la edificación del edi- 
ficio actual, sobre el lado sur del Asilo de Mendi- 
gos ; fué inaugurado en septiembre de dicho año. 
"El edificio reducíase a un salón dormitorio; los asi- 
lados comían en el patio o en las galerías; no habíd 
baños, ni otras dependencias. Es excusable todo co- 
mentario ante indigencia sólo comparable con la mi- 
seria psíquica de los recluidos en aquel depósito; 



LA WCVÍRA EN LA ARGENTINA 221 

no otro nombre podría dársele al primitivo Hospi- 
cio, desde donde se enviaban a Buenos Aires cuan- 
do se conseguía recursos. No se esperaba que se tu- 
viese autorización de la Dirección del Manicomio de 
la Capital para remitirlos; muchas veces las demen- 
tes y los locos han sido conducidos a la Capital y 
abandonados en la plaza del Retiro, o en la de Ma- 
yo, o en el Paseo de Julio, dejando a la policía la 
misión de recogerlos e internarlos en el Hospicio de 
de las Mercedes" (33). 

En 1906 cambió la situación de este asilo por ha- 
berlo tomado a su cargo la Facultad de Medicina 
de Córdoba, que lo transformó en "Clínica Psiquiá- 
trica", utilizándolo para la enseñanza. Hasta 191 5 
fué dirigido por el profesor Clodomiro Ferreyra 
y desde esa fecha lo está por el doctor León Morra. 
Su capacidad es limitada. 

VIII.— ASILO-COLONIA MIXTO DE OLIVA 

El 10 de diciembre de 1908 se colocó la piedra 
fundamental de este Asilo ; fué proyectado, con otro 
de mismo género para Santa Fe, por el doctor Je- 
rónimo del Barco, y puesto en servicio en junio de 
1914. Consta de 33 pabellones aislados; rodeados 
por una superficie de 600 hectáreas. Sus instalacio- 
nes son inmejorables. Es un establecimiento nacio- 
nal y el 31 de diciembre de 19 17 tenía una pobla- 
ción de 1.522 alienados de ambos sexos (34). 

(33) F. Garzón Maceda: ob, citada, III, 67a 

(34) Memorias de Relaciones Exteriores. 



222 JOSÉ INGENIEROS 

IX.— ASILO-COLONIA MIXTO DE RETARDADOS 

La piedra fundamental de este asilo, debido a 1 
iniciativa del doctor Cabred, fué colocada el 15 d 
noviembre de 1918 (35), en Torres, provincia ó 
Buenos Aires. 

Las instalaciones de este asilo nacional son exce 
lentes. A fines de 1919 tenía 656 asilados, de- lo 
cuales 423 varones y 233 mujeres. 

X.— MENDIGOS, ATORRANTES Y LOCOS POPULARES 
DE BUENOS AIRES 

Creemos útil dar aquí una somera noticia de con 
junto sobre ciertas categorías de alienados que du 
rante más de un siglo eludieron el manicomio, y; 



(35) "La fundación de este asilo colonia regional s 
efectúa en cumplimiento de la ley 4953, promulgada el 2 
de julio de 1906, cuya trascendental importancia se hac 
evidente con sólo enunciar su objeto: la creación de asilo 
y hospitales regionales para la asistencia y tratamiento d' 
toda clase de enfermedades. 

"Con sumo placer cumplo un deber de estricta justici: 
recordando en esta ocasión el nombre del doctor Manue 
Augusto Montes de Oca, ex Ministro de Relaciones Exte 
riores y Culto, quien, con la visión clara de la necesidac 
de proveer a la hospitalización de los millares de enfermo; 
indigentes, que de todos los puntos del país acuden a \i 
Capital Federal, formuló el proyecto de ley mencionado 
y lo sostuvo elocuentemente en el Congreso. 

"Esta hermosa ley de beneficencia, ha venido así a dai 
la solución completa, que ya no admitía espera, al impor- 
tante problema de asistencia pública nacional". — Domin- 
co CabkED, discurso, en Archivos de Psiquitría 31 Crimino- 



LA tOCÜKA EN LA argenuka 223 

por la naturaleza inofensiva de su enfermedad, ya 
por la tolerancia del vecindario de Buenos Aires. 

El primer destino dado por el virrey Vértiz a la 
Residencia de Belén, fué el de Hospicio de Mendi- 
gos, incluyendo en esa denominación a todos los 
vagos por incapacidad mental. Para eso nombró al 
capitán de milicias de caballería, don Saturnino de 
Alvarez, encargándole efectuara una recogida de 
los numerosos que, en esas condiciones, recorrían 
la ciudad. Además, ordenó por bando, "que todob 
esos pobres se presentaran en el término de 15 días 
en dicho hospicio prohibiendo en absoluto que pi- 
diesen o le diesen limosna, como que allí se les pro- 
porcionaba un bastante auxilio a su indigencia". 

"De esta providencia ha resultado, dice textual- 
mente el virrey Vértiz, que de tantos mendigos de 
uno y otro sexo como cruzaban estas calles sólo 
nueve son los existentes en dicho hospicio y entre 
ettos, cinco locos, sin que haya ocurrido más mu- 
jer que una infeliz parda natural de Guinea, vie- 
ja y achacosa, y que debe inferirse que todas las 
demás decían profesión de mendicidad y tenían 
por oficio este método de vida" (36). 

Aunque en los años siguientes se continuó reti- 
rando de la vía pública a muchos mendigos y no 
pocos alienados, la capacidad del Hospicio fué siem- 
pre inferior a las necesidades. En el Hospital de los 
Betlemitas o de Santa Catalina había constantemente 
un numeroso grupo de alienados en estado demen- 



(36) Penna, ob. cit., II, 58. 



224 JOSÉ INGENIEROS 

cial, confundidos en la clasificación de incurables; 
para evitar ese hacinamiento, que obstruía la asisten- 
cia de los enfermos agudos, pidieron los Barbones se 
le cediera la Residencia, cuyo destino, en 1799, fué el 
de la Casa de dementes e Incurables, complicado por 
la adición de los contagiosos. Años más tarde se 
convirtió en el Hospital General de Hombres, sin 
perder nunca su primitivo carácter de depósito de 
dementes. 

A pesar de ello siempre quedaron en libertad, va- 
gando por las calles, algunos dementes inofensivos; 
y siempre hubo en la Cárcel del Cabildo alienados 
condenados por delitos comunes (37), además del 
calabozo o cuadro para agitados. 

Ese estado de cosas no se modificó hasta 1822, 
en que el gobierno tomó algunas medidas para su- 
primir la vagancia de los dementes tranquilos; en 
1853 hizo la policía otra recogida y una tercera en 
1881. La vagancia de alienados continuó, sin embar- 
go, hasta 1900, fecha en que el profesor Francisco 
de Veyga fundo el "Servicio policial de observación 
de Alienados", que en sus dos primeros años reco- 
gió e internó en los manicomios un centenar de ato- 
rrantes (38), datando de esa fecha la desaparición 



(37) En 1877, antes de inaugurarse la Penitenciaría Na- 
cional, había en la Cárcel del Cabildo unos 700 presos. 
No pocos de ellos eran alienados y fueron trasladados a 
la Penitenciaría, junto con los demás. 

(38) Por el año 1890 habíanse refugiado en los terre- 
nos ganados sobre el río para la construcción del puerto, 
cuyas manzanas se conocían por "cuadrados del Paseo. 



LA LOCURA tX LA ARGltKTlKA 225 

de estos típicos sujetos que no eran mendigos ni de- 
lincuentes. 

Desde la época colonial hasta 1910 vivieron en li- 
bertad muchos desequilibrados y delirantes parcia- 
les, tolerados o festejados por el vecindario de Bue- 
nos Aires. 

Hemos hecho referencia al "loco del Hospital", 
popular a fines del coloniaje en el barrio del Sur. 
En la época de la Revolución fueron muy celebra- 
dos El Mudo de los Patricios, José Tartaz, el hu- 
manista Vicente Virgil y el fraile Francisco Casta- 
ñeda. Durante la tiranía tuvieron el mismo rango 
Don Ensebio de la Federación, El Padre Viguá y el 
Cura Gaete. 

De todos ellos hemos dado alguna información. 

En la segunda mitad del siglo pasado alegraron la 
ciudad Manghi, Bayoneta Calada, El Negro Cle- 
mente, Don Pepe el de la Cazuela, Petronita, Doña 
Dolores Guisao, San Roque (39). 



de Julio". La tolerancia de la policía y el escaso tráfico 
del paraje, habían reducido a los atorrantes a la vida se- 
dentaria; sólo salían de los "cuadrados" por las mañanas 
para recoger los restos de alimentos en las cajas de basu- 
ras de la vecindad, regresando en seguida a su barrio. En 
1901, a pedido del profesor De Veyga, la policía recogió 
un centenar de atorrantes, resultando que el 95 por ciento 
de ellos eran alienados tranquilos; la mayoría alcoholistas 
crónicos en estado demencial; muchos tenían delirio de 
persecuciones; algunos delirio de grandezas. 

(39) Sobre estos siete personajes callejeros encentra- 



226 JOSÉ IKGENIEEOS 

En los primeros años de este siglo circularon Can- 
delario, Giglio, Tartabull, La Negra Florentina, Pe- 
rnos los siguientes datos en Manuel Bilbao : Buenos Ai- 
res, pág. 589 y sigs. 

"Manghi fué el más famoso de esta clase de tipos. Su 
parada favorita era la puerta del teatro Argentino, frente 
a la Merced, produciendo con la boca ruidos extraños 
cuando salía gente de misa. En uno de los carnavales pa- 
sados, Manghi se disfrazó de Conde, en unión de Uriarte 
y Salaberry, formando ese triunvirato famoso el Concilio 
Ecuménico, como ellos decían. Uriarte murió en la epi- 
demia de fiebre amarilla, y Salaberry después de Manghi. 

"Minutti lucía una condecoración de Caballero de Malta. 

"La juventud alegre de esos tiempos reunió en el Ar- 
gentino, allá por el año 1868, a todos estos tipos en un 
concierto magno que se conoce por el Concierto Manghi, 
y que ha sido hasta el presente el único espectáculo de 
ese género que ha presenciado esta Capital. 

"Manghi declamó la "Flor de un día", y a lo mejor de 
su peroración, un poroto pasó zumbando por sus oídos; 
con toda calma dijo: "¡no tiren 1", continuando imperté- 
rrito en su papel. Comenzó en seguida una lluvia de 
maíz, papas, repollos, zanahorias, etc., que dieron al traste 
con el artista improvisado. Minutti cantó "El Trovador" 
y los demás hicieron diversos papeles, concluyendo la fies- 
ta en una batahola infernal. 

"Bayoneta Calada era un masitero que solía cantar mi- 
longas vestido de romano. Era un tipo alto, delgado e in- 
faltable a cualquier reunión de esa época. 

"El Negro Clemente era un campanero de Santo Do- 
mingo que cuando no tenía que tocar las campanas salía 
a la calle reuniendo los perros a una señal que les hacía 
con su palo, y cuando el número pasaba de cinco o seis 
por el mismo medio los ahuyentaba. Fué el antecesor de 
Gragera. 

"Don Pepe el de la Cazuela ,el prestigioso acomodador 



LA lOCVtLA EN LA .^GENTINa "227 

rejil sin hoja, el Director del Tráfico, sin mencionar 
algunos que todavían loquean sueltos, 
de la Cazuela del Colón, era un tipo afeminado y el que 
ponía orden entre sus turbulentas pupilas. 

"Petronila era un negro afeminado amigo de vestirse 
de mujer. A intermitencias era acomodador en los tea- 
tros, siendo su ocupación favorita la de mucamo de per- 
sonas conocidas. 

"Doña Dolores Guisao era una mujer callejera, cuyo 
placer era insultar a los muchachos, y cuando éstos no le 
decían nada, ella los buscaba diciéndoles : "¿ Muchachos, 
no me dicen nada?", y los muchachos entonces le grita- 
ban : "Doña Dolores Guisao, Puchero y Asao", a la que 
doña Dolores prorrumpía en insultos contra ellos hasta 
que huían. 

"Gragera fué un comerciante que tuvo varios buques y 
los perdió, y cuando se encontró arruinado se volvió loco 
dándole la manía de los perros, de los que se declaró pro- 
tector. Gragera (a) San Roque, recorría las calles cen- 
trales de la ciudad, vestido de saco o levita negra, arma- 
do de un descomunal garrote y seguido de una multitud 
de perros a los que protegía, sulfurándose cuando los mu- 
chachos le llamaban por su alia". 



CENSO APROXIMATIVO DE ALIENADOS 

I. — Provincia de Buenos Aires (1778- 1870). — 11. Alicr 
nados y retardados por provincias (1869). — III. Cau- 
sas recientes de variación (1870-1920. — IV. Cálcu- 
lo actual (1920) . 

L— PROVINCIA DE BUENOS AIRES (1778 -1870) 

HEMOS calculado en otro capítulo que la provincia 
de Buenos Aires (ciudad y campaña) tendría 
200 alienados sobre 100.000 habitantes, por el año 
1 8x0. Ese cálculo (2 por mil) concuerda aparente- 
mente con el censo de alienados levantado en 1869; 
debe ser, sin embargo, inferior a la realidad, pues en 
dicho censo se computaron separadamente los "idio- 
tas e imbéciles", que elevaban el total a más de 3 
por mil. 

Tomando como base esta última proporción, po- 
dría calcularse como sigue el desarrollo de la locu- 
ra en la provincia de Buenos Aires, hasta 1870. 

Fecha Habitantes Alienados Ketardados 



1778 


40.000 


80 


40 


I8I0 


100.000 


200 


ICO 


1840 


120.000 


240 


120 


1870 


495.107 


984 


549 



LA IvOCUBA ex I,A ARGSXTIXA 229 



II.— ALIENADOS Y RETARDADOS POR PROVINCIAS (1869) 

El censo de 1869 reveló que en la República Ar- 
gentina existían 4.003 "locos" (2.3 por mil) y 
4.123 "idiotas e imbéciles" (2.4 por mil) sobre una 
población total de 1.830.000 habitantes. Tomando 
como base esas cifras puede calcularse como sigue 
el desarrollo de la locura en el territorio que forma 
hoy la República Argentina (Sin Bolivia, Uruguay 
ni Paraguay). 

Feclia Habitantes Alienados Retardados 



I8I0 


500.000 


1.150 


1.200 


1840 


700.000 


1. 610 


1.680 


1870 


I . 800 . 000 


4.003 


4.123 



En este cuadro deben considerarse inferiores a la 
realidad las cifras de retardado^ en 1810 y 1840 ; el 
mayor índice de "idiotas e imbéciles" corresponde 
en el censo de 1869 a provincias cuya población había 
variado relativamente poco desde 1810. 

Estas cifras, que a primera vista parecen exagera- 
das, concuerdan con la observación constante de to- 
dos los que se han ocupado de este curioso tema. En 
1880 los doctores Lucio Meléndez y Emilio R. Coni 
calcularon que en la Argentina existían 4.5 aliena- 
dos por mil habitantes y hacían notar que el mayor 
coeficiente conocido en Europa era el de 3 . 5 por mil, 
correspondiente a Inglaterra (40). Las cifras, por 



(40) Meléndez y Coni: "Consideraciones, etc.", cit. 



230 



JOSÉ INGfiNICKOS 



Otra parte, valen más que las opiniones, máxime 
cuando son escuetas y no admiten distingos capcio- 
sos. He aquí un cuadro sintético de los resultados 
censales de 1869, en el cual refundimos dos cuadros 
publicados separadamente por Meléndez y Coni. 

CENSO DE 1869 



ProvlDcias 


rOBUClON 


AUENADOS 


Proporción 
por mil 


Idiotas 
e imliicDes 


ProporcKji 
por mil 


Buenos Aires 

Santa Fe 


495.107 

89.117 

132.271 

129.023 

210.508 

53.294 

132.898 

65.413 

60.319 

48.746 

79.962 

108.963 

88.933 

40.379 


984 
117 
233 
228 
568 
248 
154 
330 
106 
2G2 
129 
247 
194 
203 


2.— 

1.3 

1.8 

1.8 

2.7 

4.6 

1.5 

5.— 

1.7 

5.4 

1.6 

2.7 

2.2 

6.- 


549 
80 
186 
325 
373 
171 
107 
232 
139 
156 
247 
402 
811 
345 


1.— 
1.- 


Entre Ríos 

Corrientes 

Córdoba 

San Luis 

Santiago del Estero 

Mendoza 

San Juan 

La Rioja 


1.4 

2.5 

1.7 

3.2 

1.- 

3.5 

2.3 

3 2 


Catamarca 

Tucumán 

Salta 

Jujuv 


3.1 
3.7 
9.1 
8 5 






Total 


1.830.003 


4.003 


2.3 


4.123 


2.4 



Según esos datos del censo de 1869, comparando 
el número de locos con el total de habitantes, "se 
puede colocar las provincias argentinas en el orden 
decreciente que sigue: La Rioja, Mendoza, Jujuy, 
San Luis, Córdoba, Tucumán, Salta, Buenos Aires, 
Entre Ríos, Corrientes, San Juan, Catamarca, Santa 
Fe y Santiago del Estero. 



LA LOCtniA EN LA ASGENTINA 231 

"Examinando las proporciones de idiotas e imbé- 
ciles en las diversas provincias de la República Ar- 
gentina, se llega a colocarlas en el siguiente orden 
decreciente: Salta, Jujuy, Tucumán, San Luis, Li 
Rioja, Catamarca, Corrientes, San Juan, Córdoba, 
Entre Ríos, Buenos Aires, Santa Fe y Santiago del 
Estero". 

"Resulta de los cuadros anteriores que la provin- 
cia de Santiago del Estero es la que ofrece menos lo- 
cos, idiotas e imbéciles ; que La Rioja es la que posee 
más locos ; y que Salta es la que tiene mayor núme- 
ro de idiotas e imbéciles" (41). Es notorio que la 
población total de Santiago del Estero fué adultera- 
da (en más) con fines políticos, lo que explica su 
escasa proporción de alienados. 

En 1869 había más alienadas (1.54 por mil) que 
alienados (1.37 por mil). En cambio había más re- 
tardados (1.29 por mil) que retardadas (0.98 por 
mil). 

La población de alienados por nacionalidades ha 
sido y es proporcional a la población adulta; por 
computar en el cálculo de población total a los me- 
nores, aparecen desproporcionadas las cifras de ex- 
tranjeros. La población de retardados blancos es 
también proporcional a la población menor de edad, 
según nacionalidades ; por computar los adultos apa- 
recen desproporcionadas las cifras de argentinos. En 
cambio los retardados de color (opas) son todos in- 
dígenas o mestizos. 



(41) Meléndez y CoNi: Ob. cit. 



182 jos¿ iNGENiesoí 



III.— CAUSAS RECENTES DE VARIACIÓN (1870-1920) 

Al partir de 1870 todo cálculo por provincias es 
difícil. En muchas del interior fué estableciéndose 
U costumbre de enviar sus alienados más incómodos 
a los asilos de Buenos Aires; la nacionalización de 
los hospicios y colonias de alienados ha regularizado 
esa situación. No ocurre lo mismo con los retarda- 
dos; la casi totalidad permanece en su provincia de 
origen, especialmente los llamados "opas" en la re- 
gión del Norte- 

l^u .lemos encontrado en el Censo Nacional de 
19 14, las cifres de alienados y retardados que nos 
evitarían la molestia de arriesgar cálculos. 

Si aplicáramos (lo que sería inexacto) las cifras 
proporcionales de 1869 a la población de la Repú- 
blica en 1914, tendríamos aproximadamente lo si- 
guiente : 

Alípiíados Eetardados 
Fecha PobWn 2,3 por mil 2,4por^miI 

1914 8.000.000 18.400 19.200 

Los motivos que nos inducen a no aceptar esas ci- 
fras son distintos para los alienados y los retarda- 
dos. 

a) Alienados. — La inmigración, mayor desde 
1870 a 1910, es un factor de aumento en el índice de 
alienación, pues la mayoría de los inmigrantes son 
adultos. En cambio, el aumento vegetatitvo de la 
población, hace que el número de menores haya au- 
mentado proporcionalmente más que el de adultos 



TJi tOCXJJLÁ EX LA AnCENTlNA 2S3 

en los últimos años. El simple hecho de no consi- 
derar alienados a los niños retardados, obliga a dis- 
minuir el total de alienados de 18.400 a 15.000. 

b) Idiotas e imbéciles. — El aumento vegetativo 
de las provincias en que ellos abundaban en 1869, ha 
sido escasísimo; este es un problema de raza. Los 
200.000 indígenas o indo-españoles que había en 
Salta, Jujuy y Tucumán, no llegan actualmente a 
300.000. Sus 1.600 retardados de entonces, no al- 
canzan, lógicamente, a 2.400 en la actualidad. En 
el resto de la República el aumento de población ha 
sido de origen europeo o euro-argentino; de manera 
que, aun aplicando al total la proporción de i por 
mil, que tenían en 1869 las provincias de población 
más blanca (Buenos Aires y Santa Fe), tendríamos 
un total de 8 . 000 ; agregando los 2 . 400 de la pobla- 
ción de color, llegaría el total a 10.400 retardados en 
toda la República (42). 

La evolución general de las cifras de alienados 
y retardados sería, en suma, la siguiente: 

Fecha Población Alienados Retardados 



I8I0 


500.000 


1 . 150 


1.200 


1840 


700.000 


1. 610 


1.680 


1870 


1.800.000 


4.003 


4.123 


1920 


8.000.000 


15.000 


10.400 



(42) Para la población de los asilos de alienados y re- 
tardados, en diversas épocas, ver las Memorias del Hospital 
Nacional de Alienadas, Hospicio de las ^íercedes. Hospital 
Melchor Romero, Sociedad de Beneficencia y Comisión 
Nacional de Asilos Regionales. 



284 JOSÉ INGENEEEOS 



IV.— CALCULO ACTUAL (1920) 

De los 15.000 alienados probablemente existentes 
en la República, están hospitalizados 8.800, distri- 
buidos en la siguiente forma (cifras redondas). 

Hospital Nacional de Alienadas i .650 

Asilo-Quinta de Lomas 550 

Hospicio de las Mercedes 1.500 

Asilo-Colonia de Lujan i .250 

Asilo-Colonia Melchor Romero i .200 

Asilo-Colonia Mixto de Oliva l .600 

Hospital de Alienados de Córdoba 100 

Asilo de Dementes y Mendigos dq Rosario . . 100 

Cárceles Nacionales y Provinciales 350 

Siete Sanatorios privados 500 

Total 8.800 

Alienados tranquilos asistidos por sus familias 3.200 
Alienados en remisión (diferencias entre in- 
gresos y permanencias en los hospicios) ... 3.000 



Total is.ooo 

Los 10.400 retardados se dividen probablemente 
de este modo : 

Asilo-Colonia de Retardados (blancos) 700 

Otros Asilos de menores deficientes (blancos) 700 

Retardados blancos no recluidos 6.500 

Retardados de color (opas) 2.500 

Total 10.400 

Según estos cálculos el coeficiente actual de alie- 
nados en la República Argentina seria de 1.85 por 



LA LOCURA EN LA ARGENTINA 235 

mil; el de retardados, de 1.30 por mil. Estas cifras 
If asignan un lugar mediano entre los países pobla- 
dos por razas blancas. 



índice 



Págs. 

Advertencia. 5 

LOCURA Y brujería EN LA SOCIEDAD 
COLONIAL 

I. — La superstición medioeval y la locura 7 

II. — Locos y brujos en las razas indígenas 15 

III. — Locos y brujos en la raza negra 33 

IV. — Primitiva asistencia de los alienados 41 

V. — Locura y responsabilidad penal 47 

LOS ANTIGUOS "LOQUEROS" DE BUENOS AIRES 

I. — Primitiva ubicación del hospital en la funda- 
ción de Garay 56 

II. — El hospital San Martin, o de Santa Catalina, 

o de los betlemitas, y su "loquero" 61 

III. — El protomedicato 81 

IV. — El hospital general de hombres y su "cua- 
dro de dementes" 83 

V. — El hospital general de mujeres y su "patio de 

dementes" 90 



23S JOSÉ INGENIEROS 

Págs. 
VI. — Alienadas en la casa de corrección y en la cár- 
cel de mujeres 92 

VIL — Conjeturas estadísticas sobre los alienados de 

Buenos Aires en 1810 94 

VIII. — Datos del interior 95 

LOS ALIENADOS DURANTE LA REVOLUCIÓN 

I. — Los padres betlemitas dejan los hospitales . . 98 

II. — Reforma iniciada por Bernardino Rivadavia. . 102 

III. — Asunto de la monja loca, Vicenta Alvarez 107 

IV. — El doctor Diego Alcorta y su tesis sobre la ma- 
nía aguda 114 

V. — Locos populares de la época revolucionaria.... 117 

LOS ALIENADOS EN LA ÉPOCA DE ROSAS 

I. — Los servicios de asistencia pública 126 

II. — Tratamiento de los alienados 130 

III. — El terror y la locura 135 

IV. — Los locos de Palermo 138 

V. — Los locos propagandistas 146 

VI. — Concepto político de la locura 150 

LOS ESTUDIOS PSIQUIÁTRICOS EN LA 
ARGENTINA 

I.Período inicial IS3 

II. — Primeras publicaciones 162 

III. — Enseñanza de la psiquiatría 164 

IV. — Publicaciones modernas 168 

V. — Casos célebres de psiquiatría judicial 177 

VI. — Revistas y asociaciones 180 



LA LOCURA EN LA ARGENTIKA 239 

LOS MODERNOS ASILOS PARA ALIENADOS 

Págs. 
I. — La convalecencia y su transformación en hos- 
pital nacional de alienadas i86 

II. — El hospicio de San Buenaventura y su trans- 
formación en Hospicio de las Mercedes 197 

III. — ^Asilo Colonia de Lujan 212 

IV. — Asilo-quinta de Lomas 214 

V. — Servicio policial de observación de alienados. 216 

VI. — Asilo-colonia "Melchor Romero" 218 

VIL — Hospital de alienadas de Córdoba 220 

VIII. — Asilo-colonia mixto de Oliva 221 

IX. — Asilo-colonia mixto de retardados 222 

X. — Mendigos, atorrantes y locos populares de 

Buenos Aires 222 

CENSO APROXIMATIVO DE ALIENADOS 

I.— Provincia de Buenos Aires (1778-1870) 228 

II. — Alienados y retardados por provincias (1869). 229 

III. — Causas recientes de variación (1870-1920) 232 

IV, — Cálculo actual (1920) 234 



EDICIÓN ES 

Cooperativa Editorial ''Buenos Aires' 



AVENIDA DE MAYO 791 



LIBROS PUBLICADOS 

1 — Fkrxáxdkz Morexo. — Ciudad agotado 

n-^H. QuiROGA. — Cuentos de Amor, de Locura v de 

Muerte (2* edición) S 2 .^0 

TU — Carlos Ibarocrex. — De nuestra tierra 

ÍV — Manuel Gálvez. — La sombra del convento (novela) 

V'r- Ernesto M. Barreda. — Las rosas del mantón 

VI — Garios Mrzío Sáexz-Pexa. — Versión castellana de 

La cosecha de la fruta, de Tagore (2* edición) .... $ 2. — 

... Vil — Arturo Capdevila. — Bl libro de ¿a noche ^. . $ 2.<;o 

VIII — RicvRDO Jaimes FrEyre. — Los sueños son vida 

IX — Luisa Israel de Pórtela.— / '^'«5 t'-istes (2* edición) 

X — Perro Miguel Obligado. — Gris '. . agotado 

XI — Mario Bravo. — Canciones y Poemas $ 2..W 

^ XII— JuAx Carlos DAvai,os. — Salta .-i'r-v.-. : 

XIII — Alfonsina Storxi — El dulce daíix^. (2^ edición: 
XIV — Alvaro ^Ielián Lafinur. — Literatura contemporánea S 2.^08 
XV — José León Pagano. — El santo, el filósofo y el artista 

' XVI — Arturo Capdevil-v. — Melpómcne 

X^"II — Benito Lynch. — Raquela (novela"! . 

XVIIí — Augusio Buxge. — Polémicas 

XIX — Carlos Correa Luna. — Don Baltasar de Arandia 

XX — Horacio Quiroga. — Cuentos de la selva S i .50 

. XXI — Deleina Bunge dC Gálvez. — La nauvelle tnoisson ... $ 2./» 

XXII — Juan- .\lvarez. — Buenos Aires ' 

XXIÍl^M. A. Barrenechea, — Historia estética de la música S •^.7'; 

XXlV — ^^Marco ll. .\\'ELLANeDA. — Del Camino andado $ 2. <;o 

XXV — V. A. Salaverri. — El corazón de María (novela) ... 

'JCXVI+— Arturo Capdevila. — La Sulamita ; , agotado 

KXVII — M. DE Vedia y Mitre. — El gobierno del Uruguay ., $ a."» 
CXVÍII- Alfonsina Storni. — Irremediablemente .... ^. ... . 5.^ „ 
XXIX — Roberto Gacke. — Glosario de la farsa urbana ...' agotado 

XXX — Juana i>E Ibarbourou. — ¡as lenguas de. diamarr 
iXXXIt-íAtiuo Chiappori. — Lrt belleza invisible \ . ;: . : . . 2. so 

KXXII — .Arturo Capdevila — El Amor de Schahrasada 

|[^CIII - Alejandro Castiñeihas. — Máximo Gorki 

CXX'"*' ■" ■■•rto Nín Frías. — Un huerto de rnansanas . . 

CXX ,xr>o Donoso. — La senda clara (critica) 

tXX . . — jú-^i Gil. — 'Modos de ver (3» edic. aumentada) 

CXX\ íl - tluRACJo Quifoga. — El Salvaje (cuentos) , 

[J^XVIII-Pablo SuEho. — Los Cilicios (versos) .►¿..•Í;.a-í $ z.— 
CXXIX. — José Ingenieros. — La locura en la Argentina $ 2.30 

Se venden en todas las buenas librerías 

PARA PEDIDOS. DIRIGIRSE A LA 

gencia General de Librería y PublicacionseiigiyENoViÍR^^^^^ 



La belleza invisible 

por Aiiiio Chiappori 

La pasión por la belleza plástica ha hecho de Atilio Chiappori, a la v 
que un benedictino de la frase, un eximio crítico de arte. Después de "La eti 
na angustia" y de "Bnixlerland", que lo consagraron como escritor, sus acti 
dades estéticas se habían concretado a la observación de la pintura y la esc 
ttira, en su movimiento nacional, en crónicas de salones, conferencias, artícul 
y correspondencias. En "La belleza invisible" están reunidas una parte de esl 
producciones, cuyo espíritu y originalidad bastarían j>ara definir la personalid^ 

de un hombre de letras. 

LA NACIÓN. 



Los Cilidós 

por Pablo Suero. 

"l^bcas vécete nos llegan libros tan hermosos y de tanto valor literario co: 
el que acaba de entregar a la publicidad el señor Pablo Suero . . . que se nos pi 
aenta coirio un vérándero poeta, a (juien no debe inquietar el porvenir. ¡)orq 
es Euvo". 

L.'. Uní:,:.. 

"Leí cilidns es una obra de suma importancia, en la cual hasta el titul 
un verdadero hallazgo. Vano seria buscar entre las obras literarias escritas 
este paíS' UV/V donde esté expuesto como en ésta, ese proceso del pesimismo sl:. 
mental o romántico y, en definitiva, genésico, que aqueja al sefior Suero. 

"E)ii cuanto a forma;;, el señor Suero se revela como un habilísimo versi 
cador digno de equipararse y aún sobrepujar a muchos de nuestros poetas i'"er"= 

Rafasl de Diego 
en "'Túsica de v-íini'¡í 



Un huerto de manzanas 

por Alberto Nin Frías 

".' ji huerto de niansauas no c^ más que el corazón y la mente de ui; 
pronto a dar frutas alimenticias y sabrosas para espíritus debilitados, .sin aju 
de cosas sanas, sin fuerza de asimiiación vigorizante... ¡Bendito ejemplario. 
cuya fuente mana el agua purísima de todo optimismo, de toda energía fecunda: 
de la continuación Kolidaria, de ia eternidad que consuela y fortalece! 

"Walt Whitnian mostraríase satisfecho; es probable que nos advirtiera cu-a i 
peculiar grito: "Camarada, esto no es un libro; quien ésto toca, toca a un hombre 
El hombre ahora se llama Alberto Nin Frías". 

.' . Torren di; 1-1.. 
en Atlántida. 

''¡■"„s un libro escrito con el noble fin de aumentar nuestra felicidad, emb! 
lleciendo la existencia". 

La Capital (de Rosar: 

"En e^■te libro haj' mucha belleza en el decir, hermosura en el pens : 
tocracia en el sentir... Conmueve y deleita y enseña además algo que raí ¡i vi 
encontramos reunido; un gran amor por la belleza visible junto a una justísiin 
comprensión del sacrificio y del heroísmo en la vida". 
______ _^______ £/ Proceso (de: Chil 

Máximo Gorki 

por Alejandro Casfiñeiras 

"Lo que Castiñeiras ve y siente en la obra del autor de "La Madre* , 
contenido social y humano. Le interesa la vida del novelista, forjada a máz 
sobre el yunque de la miseria, la tragedia del gran pueblo eslavo, enfermo, ca 
esclavizado, que alienta en la obra de aquel; la filosofía revolucionaria que se,( 
prende de cada una de sus páginas, filosofía profunda y realmente cristiana, le 
tada como un anatema contra nuestra civilización, tan inhumana bajo sus fj^ 
apariencias humanitarias. 

"...Honra a nuestro país el que haya enriquecido la escasa bibi 
gorkiana en lengua española con im estudio noblemente concebido y realizad 
líiteligencia" . 

ROBERTO F. GIUSTL 



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